ISLAM Y AL-ANDALUS

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La escuela de la vida

“Comed y bebed con libertad, pero no derrochéis” Corán 7:31

“Comed y bebed con libertad, pero no derrochéis” Corán 7:31. Pues…“¿Quién ha de prohibir la belleza que Allah ha creado para sus criaturas, y las cosas buenas de que os ha proveído?”. Corán 7:32.

 

Pero… “Recordad que lo que ahora se os da es sólo para el disfrute pasajero de esta vida”. Corán 42:36.

“Pues esta vida no es sino un juego y un disfrute pasajero”. Corán 6:32 y 47:36

Finalizábamos un articulo anterior diciendo que es el ser humano, en su ignorancia, quien hace lo sencillo complicado, transforma la inocencia en pecado, y de su capricho pasajero, sujeto a las emociones del ego, se fabrica un diosecillo a la medida. Siendo esta la causa fundamental por la que genera el mal.

 

También decíamos que la vida no ha de ser necesariamente el valle de lágrimas al que nos indujo la religión, pues Dios no lo quiso así, sino la ingerencia de los poderosos que manipulan las conciencias y, en definitiva, inducen a la ignorancia.

 

“¿Has considerado alguna vez a ese tipo de personas que hacen de sus deseos su dios?... Son como el ganado ¡qué va!, son aún menos conscientes del camino recto!. Corán, Sura 25 aleyas 43-44.

Por medio de la Naturaleza y de todos los textos sagrados de la Revelación, la Dinámica Creadora nos indica que la vida es un periodo de aprendizaje, algo así como una escuela; la escuela de la vida.

 

“…en todo hay mensajes claros para aquellos que utilizan la razón”. Corán 2:164.

 

“En verdad Hemos dispuesto que toda la belleza que hay sobre la tierra sea un medio por el que ponemos a prueba al ser humano…”. Corán18:7.

 

Y también dice: “No hemos creado los cielos y la tierra por mero pasatiempo”. Corán 21:16.

Todas estas advertencias y llamadas de atención quieren decirnos que en todo hay un propósito, y el objetivo de la “vida-escuela” es descubrir ese gran propósito final. Sobre esta cuestión ya hemos escrito más ampliamente en otros artículos.

En la vida-escuela, o durante el proceso de aprendizaje, hay momentos de disfrute y de esfuerzo, y como en todos los procesos de modificación ambos momentos son estados pasajeros, pero no por ello pueden ser renunciables. Para no dejarnos abatir por el desánimo nos advierte el Corán; “¡Y, ciertamente, con cada dificultad viene la facilidad!”. Corán 94:5

Pero también nos previene de nuestra cándida ignorancia, más sujeta al capricho pasajero que a una visión global, para aceptar que el aprendizaje se desarrolla en el juego entre los opuestos;

“El ser humano jamás se cansa de pedir lo que cree que es bueno, y si le llega lo que no le gusta pierde la esperanza y cae en la desesperación”. Corán 41:49

Debido a esto, en la Tradición Sufi, damos gracias por todo cuanto nos gusta y por todo cuanto no nos gusta, diciendo; “La Divinidad sabe más”. Pues sabemos que nada es prescindible en el proceso de desarrollo entre uno y otro estado.

 

Ya nos lo indica la Revelación: “… y también avanzaréis vosotros de un estado a otro”. Corán 84:19. Pero no sin el concurso de la voluntad y el esfuerzo de cada persona.

Indudablemente, habrá momentos de dolor causado por el esfuerzo, o de sufrimiento por la negación a hacernos dóciles ante los signos, esta es nuestra decisión.

 

“¿O acaso creéis que vais a entrar en el Paraíso sin veros afligidos (por el esfuerzo) como se vieron los que os precedieron?. Corán 2:213.

 

Vendrá bien que aclaremos que entendemos por Paraíso el estado de plenitud de la conciencia que ha retornado a su Origen, y no un jardín de eternas delicias. 

El dolor derivado del esfuerzo va aparejado al proceso del cambio, y por lo tanto es fértil. Forma parte inevitable de la propia existencia. Pero no así el sufrimiento que, siendo estéril, se produce a causa del empecinamiento en la ceguera, o a causa de la rebeldía de quien pretende ir a “contra corriente”. Esta es una cuestión de la que también hemos tratado ampliamente en anteriores artículos y libros.

 

Sentirnos afligidos por el esfuerzo de la evolución es la consecuencia inevitable del aprendizaje, pero así como el dolor forma parte de la vida, el sufrimiento puede ser eliminado de ella.

 

Actuando con docilidad y sabiduría ¡no tiene porqué haber sufrimiento!. Pues nunca le llega el sufrimiento al ser humano por la voluntad Creadora, como decíamos antes, sino por su intransigencia ante los signos. O por la adoración de la propia voluntad que, convertida en dominante es la que, en definitiva, causa la ignorancia del obstinado obstaculizando su crecimiento al fortalecer el ego, el nafs.

Para ilustrarnos en este aspecto el Corán exhorta a Muhammad (s.a.s), y a su través a todos nosotros, diciéndole: “No Hemos hecho descender sobre ti este Corán para hacerte infeliz, sino como exhortación…” Corán 20:1  

 

Pues no se nos da la Revelación para escándalo o tropiezo, sino para darnos luz y facilidad, aún a despecho de quienes la complican.  

 

Con objeto de eliminar toda duda al respecto de cuanto afirmamos, insiste para  recordarnos que: “Allah es quien ha hecho de la tierra un lugar de descanso para vosotros…”. Corán 40:64.

Pero recordando… “que lo que ahora se os da es sólo para el disfrute pasajero de esta vida”. Corán 42:36 

                                                                                                   

Así pues, si no caemos en el error de confundir la Esencia Creadora con la apariencia creada por nuestra percepción subjetiva, evitaremos dejarnos seducir por cuanto es inestable y transitorio. Pero en segundo lugar tampoco podemos desdeñar lo que es transitorio e inestable hasta hacer del mundo el enemigo que dice la religión, pues todo en su diversidad es una herramienta útil durante el proceso de transformación.  

 

Así pues, si no queremos perder el camino de sabiduría que lleva a la vida, como nos dice el Corán, si no queremos caer en la apatía espiritual, si queremos alejar el sufrimiento estéril de nuestras vidas, mantengamos la atención en alerta con humilde docilidad para aprender de los signos, pues esto es lo más rentable.

 

Profundizad en la Revelación, leed los signos que por doquier nos indican la ruta hacia El Creador, y mantened la constancia en la práctica de la ´Ibadat según se nos recomienda para mayor facilidad:

 

“Sed constantes en la oración y en el Zakat (compartir lo bienes)”. Corán 2:110.

 

Y si os encontráis perdidos: “Buscad ayuda en la firme paciencia y en la oración; esto es ciertamente difícil, excepto para los humildes de espíritu”. 2:45. Este es el camino para: “…estar siempre prevenidos contra el peligro”. Corán 4:102

 

El guía espiritual, en esta situación, puede sernos de gran ayuda si es que lo tenemos.

El aburrimiento en el desarrollo de las prácticas espirituales es una descortesía que implica falta de visión, pues situados ante La Trascendencia sólo cabe silenciosa admiración y agradecimiento.

La habitual falta de tiempo no es sino una excusa banal con la que difícilmente se auto engañan los remisos. Las falsas expectativas construyen nuestros diosecillos en forma de ideas, caprichos o convicciones sutilmente justificados por las emociones del ego. La frecuente imposición de nuestra voluntad nos hace caer en la trampa de identificar la felicidad con la posesión de lo inestable, ¡incluidas las emociones!.

 

Estos son algunos de esos peligros en contra de los que se nos advierte; “… estar siempre prevenidos contra el peligro”. Corán 4:102.

 

Estas, y algunas otras artimañas del ego, son las que nos ponen en peligro de levantar entre La Realidad Única y las múltiples “realidades” creadas, un entre que, como poderoso obstáculo, nos aparte de la Visión y, como consecuencia, del Recto Sendero. 

Los animales no están dotados de consciencia, ellos cumplen adecuadamente con su propósito de existencia al seguir las indicaciones de su instinto. Pero como decíamos anteriormente, el ser humano es la Sede de la Conciencia y, por lo tanto, es el más cercano representante del Creador en nuestro mundo.

 

Por esta causa se le ofrece la guía Profética y la inspiración mística, para que no pierda de vista el propósito de su vida, que es descifrar el criptograma que representa el Universo como vehículo de La Divina Presencia.

 

Y con este propósito nos recuerda el Corán: “Esto es para gente que reflexiona”. “Sed conscientes de…”. “Esto es una guía para quienes son conscientes de La Divinidad…”.

Son llamadas de atención que el Corán repite incansablemente unidas a los conceptos de sabiduría, misericordia, perdón, compasión, paciencia y tolerancia para con todos los seres creados. Muy singularmente para con la gran familia que compone la humanidad. Decía un gran Sufi murciano, allá por el siglo XII; “Toda la tierra es mi patria y todas sus gentes mis hermanos”.

Pero al igual que sucede en todas las familias sentimos a unos hermanos más cercanos afectivamente que a otros, esto es natural.

 

Bien sea por afinidad de caracteres, de aficiones, de necesidad, o bien por semejanza de estado unas personas entran en nuestro corazón más fácilmente que otras.

 

Por esta causa el Corán en 49:10 remarca la idea de que: “Todos los creyentes son hermanos”. Es decir, que todas aquellas personas embarcadas en la aventura espiritual se sienten más hermanadas, más cercanas las unas a las otras, y más fraternalmente unidas, espiritual y afectivamente, que con el resto de la familia. Pero esta es una condición del ser humano, y por lo tanto a nadie se le puede pedir más. Lo que no excluye al resto de las personas de nuestro afecto, respeto y buena convivencia, tengan o no tengan inquietudes espirituales, o sean estas más o menos cercanas a las nuestras.

La permanente invitación coránica al desarrollo de las anteriores cualidades, unidas a la reflexión, al uso de la razón, a la aceptación de lo diferente y a la sabiduría es un reto permanente. Son elementos que el Corán nos indica como imprescindibles para la buena  convivencia en la diversidad, así como para el desarrollo de una fe razonada, contraria a la fe fundamentada sobre la credulidad del ignorante.

 

Pues…“…en todo hay mensajes claros para aquellos que utilizan la razón”. Corán 2:164

De esta enseñanza se nutre la Tradición Sufi que, íntimamente unida al pensamiento Muhammadí en sus orígenes, ha sido impulsora de las ciencias y de las artes desde sus orígenes. Sobre esta cuestión se puede encontrar fácilmente bibliografía abundante. Nuestro libro titulado “Ruta hacia la Verdad Esencial”, publicado por esta misma editorial, también trata de este tema.

Muy a pesar nuestro hemos de ser prudentemente críticos con la existencia de los grupos que han hecho de la Antigua Tradición Sufi un nombre sin genuino contenido. En algún momento se dijo; “El Sufismo era antes una realidad sin nombre, ahora es un nombre sin realidad”.

El paso de los años, el costumbrismo, la transmisión del magisterio a través de las herencias dinásticas, etc., han creado la suficiente confusión como para que desde algún tiempo se haya establecido un sufismo ritual carente de realidad.

 

Las causas, como siempre, hay que buscarlas en la facilidad del ser humano para dejarse seducir por la atracción del rito que, convertido actualmente en algo prioritario, es fácil de practicar y fortalece las emociones. Ya dijimos anteriormente que “la liturgia” es útil y tiene su tiempo, pero si se perpetúa su uso acabará confundiendo al practicante al potenciarle las emociones, o bien le aburrirá con la repetición de una fórmula que ya cumplió con su propósito. Refiriéndose al ejercicio litúrgico repetitivo decía la mística Teresa de Ávila: “Voy a la oración como quien va al potro del tormento”.

Llegado el momento hay que saber reducir algunos ejercicios o dejarlos, pues se hace necesario afrontar el ejercicio de purificación del ego, eliminando o minimizando todo cuanto potencia las emociones, este es el periodo más áspero en el transcurso de la ruta.  Será necesario afrontar la desnudez plena, sin imágenes, sin certezas, sin técnicas, sin un algo donde sentirse seguro y bien asido, sólo así dejaremos que “caigan los velos”. Y para ello habrá que pasar por un periodo de aridez emocional y, posteriormente, por otro periodo de aridez espiritual. Ambos bien conocidos y tipificados en todas las tradiciones espirituales y hoy poco practicado.

 

Es más cómodo para el “maestro” ofrecer liturgia, que cuanto más complicada sea  mantendrá más apariencia de utilidad. Para el “alumno” es más gratificante desarrollar sus emociones, y dejarse seducir por ellas, que afrontar la renuncia de todo cuanto fortalece el ego.

El ego se nutre y fortalece mediante los estados emocionales, éstos crean en el practicante una auténtica adición psicológica y física, fácilmente confundible con elevados estados del espíritu cuando no se conoce personalmente el proceso, o cuando no se es bien guiado por él.

 

No debemos de olvidar que la naturaleza humana desarrolla complejos sistemas de adicción emocional y placer, incluso “espiritual”, mediante la secreción de sustancias, como las endorfinas. Por lo tanto las verdaderas experiencias espirituales, aún necesitando del cuerpo, se encuentran más allá de sus habilidades, de sus drogas naturales, y de los ejercicios, religiosos o no, que las estimulan. Lograr que el alumno se “desenganche” de todo ello es algo sumamente complejo, y a menudo se fracasa en el intento.

 

Muy bien conocido esto por las antiguas tradiciones, se nos advierte: “Si no controlas tu ego no podrás conocer a tu Señor”. Y… ¡cuidado con lo que pides!

 

Afortunadamente el Sufismo sigue perviviendo en su pureza original en pequeños grupos que suelen mantenerse con cierta discreción. Gracias a estos discretos grupos, con Sheyhs vinculados a la línea de Maestros hasta Muhammad (s.a.s), ¡La Antigua y Noble Tradición Sufi se mantiene tan activa y dinámica como en sus primeros días!

 

Pero como decimos frecuentemente, es tan difícil encontrar a un Maestro verdadero como lo es encontrar a un discípulo sincera y conscientemente dispuesto.

Sorprendieron a un Maestro buscando en pleno día con una lámpara en la mano.

-¿Qué buscas Maestro?-  Le preguntaron

-Busco un discípulo verdadero-  Respondió el Maestro

Decía otro antiguo Maestro: “Me he esforzado en este preciado secreto, pero sólo lo compartiré con aquellos discípulos que lo merezcan verdaderamente”. ¿A qué secreto se refería? Al mismo secreto del que hacían alusión Abú Bakr, Ali, Abú Hurairah y otros tras la muerte del Profeta.

 

Bujari fue uno de los transmisores de proverbios del profeta considerado fidedigno por la tradición. Él nos cuenta que Abú Hurairah afirmaba: “Del Profeta he recibido dos herencias de sabiduría, una la conocéis, pero si divulgase la otra me cortaríais la cabeza”. (Ilm 42)

 

Ali, yerno de Muhammad (s.a.s) y cuarto Califa, enseñaba lo mismo a su hijo Husein, y prevenía del mismo riesgo a quien comunicara el secreto.

 

También Abú Bakr se encontraba entre estos primeros receptores de la enseñanza secreta del Profeta. 

Todas las personas están llamadas a la búsqueda del secreto espiritual, pero son una minoría las que aceptan, verdaderamente, el reto. La mayoría se conforman con satisfacer sus emociones espirituales mediante la práctica del rito, pero se tornan agresivas si ven en peligro la estabilidad de su ego.

 

Decía Jesús de Nazaret: “Muchos son los llamados y pocos los elegidos”.

Una de las cuestiones que se nos ha de ir haciendo presente durante el transcurso de esta lectura, es que el Islam no presenta al ser humano como “un alma presa en un cuerpo” al que hay que maltratar, sino como dos aspectos diferenciados de Una Sola Naturaleza. Uno de los aspectos es transitorio, la naturaleza física. El otro es trascendente, la naturaleza espiritual.

 

Dos aspectos diferenciados de Una Sola Realidad, formando entre ambos la criatura humana. Dos aspectos irrenunciables a los que hay que cuidar, a cada uno en su medida. Más arriba leímos del Corán: ¿Quién va a prohibiros las cosas buenas que Hemos creado para vosotros?. Pero no olvidéis que todo es juego y disfrute pasajero para que no perdáis ninguna de las dos vidas, esta y la del más allá.

Decía un poeta; “Mi cuerpo es mi morada más íntima, mi mansión más secreta, y es imposible separarlo de todo el universo espiritual que siento vibrar dentro de mí”.

Pues “Todo es Uno, Uno es Todo”.