ISLAM Y AL-ANDALUS

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PRESTAD ATENCIÓN A LOS SIGNOS

“Prestad atención a los signos y mensajes de La Divinidad, esa es la esencia de la guía…”. Corán 45:11 Pues…“… al final todo revela Su realidad”. Corán 54:3

“Pues ha puesto a vuestro servicio, como un regalo procedente de Él, todo cuanto hay en los cielos y la tierra: ¡Ciertamente, en esto hay en verdad mensajes para gente que reflexiona!”. Corán 45:31

“No Hemos creado todo cuanto hay en los cielos y en la tierra, y todo cuanto hay entre ellos, sino conforme a una verdad específica y por un plazo fijado”. Corán 46:3
 
En la antigüedad llegar a comprender el verdadero significado y consecuencias de la Unicidad era, para la mayoría de las personas, un laborioso proceso de razonamiento y aprendizaje que debía de desarrollarse en la más absoluta discreción. Se lograba después de la búsqueda paciente del Maestro adecuado y no sin riesgo de perder la vida en la aventura. Era el “Secreto de los secretos”.
En la actualidad los avances de la física cuántica han popularizado la “aproximación” a este conocimiento que, desde antaño, fue revelado en su plenitud. Hoy, popularizado por una u otra vía,  está al alcance de cualquiera, pero a diferencia de otra época no adquiere el mismo significado para todas las personas que acceden a él.

Para algunos no tiene otro valor que el de ser sorprendente, difícil de entender, o un misterio no resuelto. Para otros, en cambio, es la confirmación avalada por la ciencia de que su creencia, anteriormente revelada, también se fundamenta en la razón, y no sobre una especie de metafísica pseudo-mística.

Por lo que también en este caso, así como en tantos otros, hoy la ciencia confirma nuevamente la Revelación: Todo cuanto existe tiene su origen en Un Sólo principio de singularidad, por lo tanto todo forma parte de Ese Principio Único.
 
Pero antes de que la ciencia lo promulgara ya se dijo: “Pues Allah es todo cuanto hay en los cielos y todo cuanto hay en la tierra”. Corán 4:132

Es un conocimiento que la experiencia mística, y la Revelación, nos vienen diciendo desde antaño de formas diversas: Todo es Uno, Uno es Todo. Como es arriba es abajo. No hay más verdad, ni más deidad, que la Esencia Creadora. Todo es Mente, el Universo es mental. “Considera en Él lo múltiple y El Uno”. Corán 89:3  
 
San Francisco de Asís, en el año 1.219, estuvo en la primera cruzada durante el asedio a Damieta, cercana a la desembocadura del Nilo, donde predicó el cese de las hostilidades sin que los cruzados le prestasen atención. Por el contrario el Sultán al-Malik al Kamil le escuchó y facilitó el acceso a sus tropas, lo que permitió que fuera instruido en la ciencia de la Unicidad por Maestros de la Tradición Sufi. Lo manifestó, muy discretamente, a su regreso a Italia adoptando como hábito el manto Sufi, y mostrando su sentimiento de hermandad con toda la creación; “hermano sol, hermana agua, hermano lobo…”.

San Juan de la Cruz fue, según algunos historiadores, influido en su mística por el sufismo Shadzili. Según parece fue iniciado por una mujer andaluza, quien pasó a la historia con el sobrenombre de “la mora de Úbeda”. Debido a su ascendencia morisca otros historiadores opinan que fue instruido en la Tradición Sufi en el seno de su propia familia de nuevos conversos forzosos.

Siendo director espiritual de Sta. Teresa de Ávila, es razonable pensar, a juzgar por la poética de la santa, que a su vez él la inició ocultamente en la misma Tradición.

Este hombre, cúspide de la poesía mística castellana, también escribía en su poética: “Mi amado las montañas, los valles solitarios nemorosos, las ínsulas extrañas, …”.
El místico Mansur al Hallayy gritaba “enloquecido” por calles y plazas: ¡Yo soy La Verdad, La Verdad es yo!.
 
Pero aún la experiencia mística, con ser la más cercana a “la visión” Divina, tiene que aceptar el drama de su impotencia para poder describirse a sí misma, cuanto menos para afrontar el intento de describir a Allah. Pues: “Ninguna visión humana puede abarcarle”. Corán 6:102. “Hay de vosotros por vuestras tentativas de definir a Allah”. Corán 21:18.

Es en este intento imposible de definir y manipular a Dios, o de marcar caminos únicos, donde se crean las rigideces ortodoxas y se pierde el más noble propósito las religiones; reunificar lo que fue separado.  
 
Efectivamente, la comprensión y descripción de La Divinidad es una quimera, ya que nunca la parte podrá abarcar al Todo, y no obstante el ser humano está dotado de la necesaria consciencia para “conocer” Su presencia. “Él os ha dado el conocimiento del vestido, pero el vestido de la consciencia de Allah es el mejor de todos”. Corán 7:26.

Sin embargo la arrogancia puede despojarnos de ese “vestido” que es la consciencia. “El mal despojó al ser humano de su vestimenta y le hizo ver su desnudez”. Corán 7:27.
 
Superada la etapa de la arrogancia, que todos padecemos, afrontamos con gozo el tiempo de la esperanza, pues por medio de la necesaria docilidad todo tendrá, de alguna manera, su conclusión en el origen. “Él os originó y a Él habréis de volver”. Corán 7:29
 
“La Divinidad, no hay deidad sino Él, el Viviente, la Fuente autosubsistente de todo ser”. Corán 2:255. “De Allah son el este y el oeste, y allí donde os volváis encontraréis la Faz de Allah”. Corán 2:115

Son muchas las formas de describir el mismo concepto de la Unicidad, cuidadosamente protegido en la antigüedad por las grandes tradiciones, y en parte hoy puesto al alcance de todos por la ciencia. En el marco de la Tradición Sufi llamamos a la disciplina de la Unicidad “la ciencia del Tawhid”. No obstante…“Él esta sublimemente exaltado por encima de cuanto los seres humanos puedan concebir para definirle”. Corán 6:100

La Unicidad Se Manifiesta como pluralidad, pluralidad de criaturas y, por lo tanto, pluralidad de percepciones, o tantas formas de percibir La Verdad como percepciones haya. Esta es la riqueza del Universo, Uno en sí mismo y diverso ante la multiplicidad de las conciencias que lo perciben. El Corán es prolijo en ejemplos de aproximación al entendimiento de la singularidad, y de respeto hacia la pluralidad que hemos de aceptar para poder aprender.
 
Podemos afirmar que la Creación es Revelación, en lo que no todos estaremos de acuerdo es en definir qué o quién es lo que se revela, cómo lo hace, y ante qué o quién. En lo que sí estaremos de acuerdo es en que, si Alguien Se Revela es porque alguien lo puede percibir. La Revelación es, por lo tanto, interactiva, y necesita del ser humano, de cada ser humano, para ser percibida, interpretada y realizada.  

Los Sufis creemos que es La Conciencia Creadora, Allah, revelándose ante Sí misma como Creador en la criatura, a través de lo que conocemos como “dimensión profética”, pues en definitiva ¿qué otra cosa existe, si no es La Unidad manifiesta como diversidad, tal como nos enseña el Corán?.
 
“Yo era un Tesoro oculto y quise ser Revelado”, nos dice el proverbio del bienamado  Muhammad* refiriéndose a La Divinidad. La Creación es una manifestación, guía y signo de aproximación a La Divinidad, un signo que ha de ser estudiado, meditado y  asumido como Maestra, pues la Creación es la primera de todas las Revelaciones.
Sobre esta cuestión ya hemos escrito ampliamente en trabajos anteriores publicados por esta misma editorial.
 
El Universo, cada universo, es una guía y signo evidente para muchos. De estos dice el Corán: “Sólo quienes escuchan con su corazón pueden responder a la llamada”. Corán 6:36

En tanto que para otros no es sino producto de la casualidad. De estos otros dice el Corán en 2:6-7; “En verdad aquellos que insisten en negar la verdad es igual que les adviertas o que no les adviertas: no creerán. Han sellado sus corazones y sus oídos, y sobre sus ojos hay un velo”. “Y cuando se les invita contestan: ¿Es que vamos a creer como creen los necios?”. Corán 2:13

“…si están empeñados en negar la verdad, esta advertencia no hace sino aumentar su ya desmesurada arrogancia”. Corán 17:60. Esto sería lo mismo que decir: “No insistas en enseñar a quien no quiere, pues tu insistencia aumenta su soberbia”.
 
De cada gesto de la Revelación, por lo tanto, se pueden extraer múltiples conclusiones. Una de ellas es esta: Pero sabed que Allah no os obliga, ni enseña a quien no quiere ser enseñado. Y no queráis conducir a nadie por vuestra ruta, ni ejerzáis presión alguna, pues ninguno de vosotros tiene un camino igual al de otro.  
 
“Ciertamente, hemos puesto velos sobre sus corazones (a causa de su vanidad), que les impiden comprender la verdad, y en sus oídos sordera; y aunque les llames a la verdad nunca aceptarán ser guiados”. Corán 18:57.
Todos conocemos el antiguo proverbio que dice: “No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír”.
 
Con las debidas salvedades –no todas las personas ni circunstancias son iguales- se nos advierte de estos últimos que se empecinan en su vacuidad: “Apártate de aquellos que, seducidos por la vida de este mundo, han hecho de lo pasajero su religión”. Corán 6:70.

También nos advierte sobre la arrogante presunción de tales personas para que no las imitemos: “No camines por la tierra con arrogante presunción: pues ¡ciertamente, nunca podrás hender la tierra, ni crecer tan alto como las montañas!. Corán 17:37

“¿Has considerado alguna vez a ese tipo de personas que hacen de sus deseos su dios?... son como el ganado, ¡qué va!, son aún menos conscientes del Camino Recto”. Corán 25:43-44. Pues, “Allah no guía a quien se empeña en mentirse a sí mimo”. Corán 39:3
 
Pudiera ser que muchas personas, embebidas de un mundo seductor, confundan el propósito de la existencia, y otras ni siquiera llegan a planteárselo.

Sin embargo fuimos llamados a la existencia con un propósito, ya lo hemos comentado, lo que no impide que podamos disfrutar de los bienes de este mundo, ¡pero sin perder el norte!. Sin olvidar la condición de transitoriedad en el que observa y en lo observado, pues todo cuanto es transitorio sólo es herramienta y medio de acceso al Gran Conocimiento, y no un fin en sí mismo.
“Y ha puesto a vuestro servicio como un regalo procedente de Él, todo cuanto hay en los cielos y en la tierra: ¡ciertamente, en esto hay, en verdad, mensajes para gente que reflexiona”. Corán 45:13
 
No obstante, y aún existiendo lo que para algunos nos parece evidente, como ya dijimos, el Corán nos aconseja tolerancia y respeto para con las personas que, confusas o arrogantes, desprecian el concepto Dios o se burlan de quienes imprimen en sus vidas una cierta dimensión espiritual.
 
Considerando sabiamente que cada persona tiene su tiempo, y su percepción de la realidad, nos impone la protección de quienes no pueden creer, o por la razón que se nos oculta no quieren hacerlo en ese momento. No podemos esgrimir nuestras verdades como un arma arrojadiza, ni aún cuando supongamos que están bien fundamentadas. Veamos: “Si alguien que no es musulmán busca tu protección concédesela, para que tenga ocasión de escuchar la palabra de Allah, y luego hazle llegar a donde esté seguro”. Corán Sura 9, aleya 6.

Tanto si estas personas aceptan la enseñanza, como si no la aceptan, se nos impone el respeto hacia ellas, no se nos permite la coacción, ni forma alguna de descortesía o desprecio. Así es que se nos enseña: “Realmente esta es una gente que no creerá, aún así se tolerante con ellos, y di: ¡Sea con vosotros la paz!, pues en su momento habrán de saber la verdad”. Corán 43:89
 
Es realmente inaudito que haya gentes de cualquier religión, en este caso musulmanes, que con su actitud sugieran al mundo la imposición forzosa de su fe, dado que el Corán en este mismo sentido nos insiste: “Di a los que han llegado a creer que deben disculpar a los que no creen, pues sólo a Allah incumbe retribuir a la gente según se merece”. Corán 45:14.

Es a Allah a quien corresponde el juicio sobre la propia fe, no a los hombres, y para entenderlo con claridad insiste nuevamente: “Quien obra con rectitud lo hace en beneficio propio, y quien obra mal, lo hace en contra de sí mismo; y al final todos seréis devueltos a vuestro Sustentador”. Corán 45:15

A pesar de todas estas advertencias sigue habiendo personas que, mediante cualquier forma de presión, pretenden obligar a otros a que acepten lo que, en conciencia, no pueden aceptar. ¿Acaso pretenden que el ser humano acepte forzadamente lo que no puede?. ¿O que mienta para disimular la aceptación?. La historia de la humanidad es prolija en ejemplos de cómo la presión sobre las conciencias acaba por fracasar, aún cuando se vean forzados a mantener las apariencias.
 
Una misma realidad no siempre puede ser vista de la misma manera por diferentes personas. Pero se conjetura, se juzga, se extrapolan palabras y momentos, se constituye una “verdad” mediatizada y se emite sentencia, aunque el Corán les enseña a los juzgadores lo que no parecen haber comprendido: “…Evitad la mayoría de las conjeturas sobre otras personas…, y no os espiéis unos a otros, ni murmuréis unos de otros”. Corán 49:12 y 104:1
 
Entre todos los signos propuestos por La Acción Creadora se nos ofrece la Revelación profética, y la revelación o inspiración del gnóstico, el ´ârif. Esta cualidad del magisterio se muestra en algunas personas que, sin haberlo elegido por sí mismos, pueden actuar como instrumentos que nos ayuden a desvelar los signos, o bien podemos decir que son convertidos en signos ellos mismos.

Este es el caso del Guía, o Sheyh, que actúa como tal entre quienes le requieren para ello, lo que no le exime de un cierto temor reverente ante la magnitud de la responsabilidad que no ha elegido pero si aceptado, pues… ¿podría ser de otra manera?.

No obstante, “Allah no exige a nadie más de lo que le ha dado, y tras la dificultad, Allah dará la facilidad”. Corán 65:7
 
A pesar de los saludables temores, y dificultades inevitables, el Guía sabe que La Divinidad es su refugio ya que, en razón de la función para la que ha sido designado, Allah le otorgó gratuitamente Su proximidad.

Confirmo la expresión “gratuitamente”, pues a pesar de los necesarios esfuerzos personales por “acortar las distancias”, nadie alcanza “la proximidad” sin el concurso directo de La Divinidad.
A propósito de esto se nos enseña y advierte: “…somos Nosotros quienes concedemos dones espirituales a quienes queremos”. Corán 43:32
  
Un Sheyh no es infalible en cuanto a la vida cotidiana se refiere, aunque en el ámbito espiritual, y siempre que se mantenga en la línea de Sabiduría heredada, difícilmente podrá errar, ¡no por su infalibilidad!, sino porque “acierto” y “error” aparentes, en este ámbito del espíritu forman una sola línea de aprendizaje. Tanto ilustra la noche como el día.

Su tranquilidad le llega de su confianza en el consejo del Corán 3:159, “…después de tomar una decisión pon tu confianza en Allah, pues Allah ama a quienes confían en Él”.

El Sheyh sabe que: “Los que están próximos a Allah nada tienen que temer”. Corán 10:62

Ahora bien, ¿cómo sabremos que alguien goza de esa proximidad regalada?. ¿A quién podemos considerar como el consejero adecuado?

Aquí podría argüirse de casi todo, dependería del criterio personal, de lo que cada cual sabe, o cree saber.

Pero la Tradición Sufi, en boca del preclaro Ibn Atá Al-Lah de Alejandría, nos ilustra con una sugerencia que, entre otras, y a mi parecer, también es adecuada:
 
“Tu Maestro no es el aquél que te llena de discursos, sino aquel cuya sola presencia te transforma. No es aquél que te guía por la expresión sino el que penetra por la alusión espiritual; no es aquél que te invita a su puerta, sino el que te levante el velo que te separa de Él. No es el que te dirige por las palabras, sino el que te transforma por su estado espiritual; es aquél que te libera de las pasiones para introducirte en la casa del Maestro de los mundos.
Es aquél que deja de pulir el espejo de tu corazón cuando en él se irradian las luces de tu Señor. Él te ayudará a elevarte ante Allah, y cuando tú te elevas, él te indica la dirección de tu mirada hacia Él.
No cesa de vigilarte y guardarte hasta que te pones en Las Manos Creadoras. Él te ayuda a descubrir la Luz de la Presencia Divina y te dice: He aquí a tu Señor”.
 
No obstante yo tendría presente esta afirmación del Corán: “…somos Nosotros quienes concedemos dones espirituales a quienes queremos”. Corán 43:32

Es indiscutible que sólo el Creador es dueño de Su creación, y por lo tanto dispone de ella al margen de lo que el ser humano pueda o no entender, presuponer, esperar, etc.

Desde hace siglos es tradición que el Sheyh de la mayoría de las Turuq Sufis, sintiendo próxima su muerte, designe como sucesor y heredero a un hijo suyo. Esto es correcto en cuanto a los bienes materiales, pero es absolutamente irracional en cuanto a los dones espirituales. Se ha convertido en costumbre, pero según el propio Corán nos enseña sólo Allah otorga sus dones a quien quiere, no el ser humano.

Un Maestro podrá discernir, a partir de los signos, quién de sus discípulos podría sucederle en razón de su evolución espiritual, y si un hijo suyo también es su discípulo podemos decir que se encuentra entre los probables candidatos. Pero es un disparate suponer que la pesada carga del magisterio recae tan sólo sobre una dinastía de consanguinidad, pues esto es negar la libre “circulación de los dones” que sólo La Divinidad concede. Es tanto como ponerle condiciones al Plan Creador.
 
Un Maestro espiritual no es más que una persona, hombre o mujer, sobre el que otras personas reconocen el don o los dones del espíritu, dones que son gratuitos. Su evolución puede ser autodidacta, aunque esta es la más compleja y delicada, y puede ser en el marco de la disciplina de una tradición, esto es lo más frecuente. Sin embargo también puede haber una simbiosis entre la formación autodidacta y una línea tradicional. Esta formación es más compleja, pero a mi entender es más completa y libre de ataduras a un cierto dogmatismo unidireccional.
 
Los dones espirituales vienen de la Acción Creadora sobre el individuo, y aunque por su magnitud son graciosamente concedidos, el depositario debe de dar respuesta previa, pero ¡no llegan como herencia familiar!. Estos dones que nunca deben de ser buscados, tampoco pueden ser merecidos.
Son una pesada carga que El Creador deposita sobre la criatura que quiere, habiéndole dado, previamente, la capa
cidad de soportar la dificultad que supone reiniciar a otros en estas lides.   
 
Ahora bien, treinta años como educador entre grupos de alto riesgo me permiten afirmar lo que decía en el anterior capítulo; ¡qué difícil es educar!, aunque sea a quien lo pide, y tanto más en las sendas del espíritu, pues es en ellas donde el ego se muestra más poderoso.

Cuando “las luces de tu Señor se irradien en tu corazón, tu Maestro dejará de pulirlo”. Pero aún pidiéndolo, ¡cómo se revuelve el discípulo en contra del pulimento!. Y… ¿cómo habría el Sheyh de colaborar en la liberación de las pasiones del discípulo sin el doloroso esfuerzo de pulir su corazón?.
 
Insisto en lo que decía anteriormente. No es fácil de encontrar en la actualidad un verdadero Maestro, pero igualmente de difícil es encontrar un verdadero discípulo. Muchos de los “maestros” de hoy se limitan a la transmisión de fórmulas heredadas, letanías, oraciones, reglas. Pero en su mayoría no pueden, o no saben, afrontar la labor de asistencia en el dominio del ego sobre sus discípulos. Esta es una labor harto dificultosa, conlleva un gran esfuerzo, no siempre recompensado, y un gran dolor.
 
En cuanto al discípulo se refiere las dificultades son aún mayores, pocos se hayan sinceramente dispuestos, pues la sociedad que nos educa nos ha privado de la humildad necesaria para afrontar una empresa de tamaña envergadura.

Se nos ha educado para el placebo, no para la Realidad, se nos ha educado para la exigencia, no para la tolerancia, se nos ha educado para el consumo desaforado, no para la sobriedad, se nos ha educado para la complacencia y no para la paciencia.

Después de esto, renunciar a lo que nos gusta para aceptar lo que no nos gusta es muy difícil. Hoy día las sociedades montadas sobre el consumismo desaforado han hecho que los “egos” sean más poderosos que en otras épocas, pero de esto también se nos advirtió.
 
Decía el místico poeta Juan de la Cruz: “Para llegar a lo que no gustas, has de ir por donde no gustas. Para llegar a donde no estas, has de ir por donde no estas. Para llegar al Todo, no quieras saber algo en nada. Porque para llegar del todo Al Todo, has de dejar del todo a todo”...

Si alguien comprende esto, y está dispuesto a ello, está en disposición de esperar. De lo contrario es más prudente no pedir.
 
Dice un proverbio de Muhammad transmitido por Bujari: “Al que se opone a uno de mis íntimos le declaro enemistad. Mi servidor no se acerca a Mí por una cosa preferible a lo que le he impuesto. No deja de acercarse a Mí, hasta que le amo, y cuando le amo Yo soy el oído por el que oye, la vista con la que ve, la mano con la que coge y el pie con el que camina: Si me pide le doy, ¡ciertamente!, y si Me pide protección también se la daré”.