ISLAM Y AL-ANDALUS

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TENER UN TESORO

“Quien abandone el ámbito del mal (la ignorancia consentida) por la causa de Allah, hallará en la tierra muchos caminos de soledad, pero también abundante vida” Corán 4:100. Pues “Es Allah quien ha hecho de la tierra un lugar de descanso para vosotros”. Corán 40:64. Y. “No existe poder capaz de alterar Sus promesas”. Corán 6:115

Desde que se comenzó a escribir la historia de la humanidad constatamos cómo el ser humano participa en la lucha por los opuestos, no tanto para aprender de ellos, como debiera de ser, sino para tomar partido sin haber entendido, con frecuencia, lo que “opuestos” significa. Pero según parece al ser humano le resulta complicado entender que los opuestos no son antagónicos, sino complementarios entre sí, al igual que son complementarios los diferentes y, por lo tanto, necesarios todos ellos en el desarrollo de la humanidad.

Siendo que los opuestos son obra de un mismo Creador, ¿no habríamos de admitir que ninguno de ellos es prescindible, porque todos tienen una función en la dinámica de la vida?.
Así es cómo nos alecciona el Corán: “Y Él es quien ha creado todos los opuestos”. Corán 43:12

Por esta razón nos advierte el Corán de la soledad a la que a veces, y debido a la ignorancia del partidismo a ultranza, se verá relegado quien, desde la visión de su conciencia, trabaja por la justicia, la tolerancia, el diálogo, y el entendimiento.

Pocas personas habrá que no se consideren partidarios de estos valores, pero ¡de su concepto particular de ellos!, como es natural. Por lo que frecuentemente se olvidan de lo fundamental; la riqueza que supone ¡el respeto en la diferencia!. No nos referimos al pseudo-respeto tolerante del condescendiente, quien se supone superior –tú estás equivocado pero te respeto-, nos referimos a la igualdad en la diferencia, o lo que es lo mismo; ¡diferentes pero iguales!. Que tu desacuerdo no implique tu hostilidad.

Muchas cosas son parecidas entre sí, pero nada es igual, ni siquiera dos garbanzos o dos partículas de arena, cada ser es un acontecimiento único en la historia del Universo.

Así lo ha querido la Dinámica Creadora, y así deberíamos de aprender a enriquecernos con ello, observando, escuchando, contrastando, y aprendiendo de cuanto es diferente a cada uno de nosotros.
Nos enseña el Corán; “A cada uno de vosotros le Hemos asignado una ley y un modo de vida distintos”. Corán 5:48

Así pues… ¿Qué se puede aprender de lo que es igual cuando el Dinamismo Creador decide que todo sea diferente?. O ¿Qué podría aportarnos la mediocridad, lo que es “gris”?. A propósito de esta cuestión nos alecciona la Torah en boca de Yahweh: “Porque no eres ni frío ni caliente te vomitaré de mi boca”.

Bastará declararse seguidor de alguna forma de religión o de alguna ideología, nativo de otro país o distinto en algún aspecto, para que algunas personas precipiten un juicio. Vean en ello, sin más,  una amenaza, interpreten enemistad, o cuando menos nos miren con reticencia. Pues con frecuencia el ser humano es rápido en juzgar, y tardo en comprender.

Dice el Corán; “El ser humano está hecho de precipitación”. Corán 21:37

Sobre el Islam, por ejemplo, se escuchan disparates para todos los gustos. Algunos de ellos son formulados por occidentales, debido a ignorancia o seducción mediática, cuando no por insanos intereses o históricas aversiones larvadas. A veces con fundamento y a veces sin él.  

Otros disparates son formulados o ejecutados por personas que, indebidamente, se autoproclaman musulmanes. Todos sabemos que muchos en silencio se hacen notar considerablemente menos que unos pocos haciendo ruido. Estos pocos últimos, con su palabra o con su acción, justifican e incrementan la aversión generalizada sobre el total, lo que es un disparate.

Si hemos de ser objetivos hemos de admitir que el fanatismo suele ser la consecuencia derivada de otros graves problemas que, por su complejidad, no abordaremos, pues no es la función de este trabajo, ya que sobre esta cuestión hemos escrito antes. Pero es públicamente admitido que las responsabilidades, en el ámbito que sea, no siempre suelen recaer sobre una sola de las partes.

Cuando profundizamos en la promulgación islámica nos damos cuenta, de inmediato, de que tales disparates son debidos a la ignorancia o a la mala voluntad, de unos o de otros, y no al Islam de la promulgación, ¡no a la enseñanza de Muhammad!.

El fanatismo ignorante, la barbarie y el despropósito que se dan, o se han dado en todas las grandes religiones, no tienen su origen en la promulgación inicial, sino en la deformación posterior protagonizada por los poderosos, los “expertos” y los pseudo-religiosos.

El Islam de la promulgación es abanderado de la paz y del genuino respeto hacia otras opciones, como su propio nombre indica, Islam es igual a As-Salam, igual a La-Paz. Y nadie debería de confundir la debacle ideológica de los pueblos, a través de la historia, con el origen y propósito de la idea primera.

El Corán tan sólo promulga una forma sencilla e inteligente de religión: “Ciertamente, la única religión verdadera ante Allah es la sumisión del ser humano ante Él”. Corán 3:19.

“Quien busque una religión que no sea la sumisión a Allah, no le será aceptada…”. Corán 3:85
“Hoy he perfeccionado para vosotros vuestra ley religiosa y os he otorgado la medida completa de mis bendiciones, y He dispuesto que el autosometimiento a Mí sea vuestra religión”. Corán 5:3

En cierta ocasión preguntan a Muhammad: “Profeta cuales son las tres cosas que más ama Allah del Islam”. A lo que él responde: “Las tres cosas que más ama La Divinidad en el Islam son; la sencillez, la sencillez, la sencillez”.

El Islam regula la vida social de los ciudadanos, como el resto de las religiones. Pero no son muchas las religiones que, a semejanza del Islam, dejen en manos de cada persona su libertad de conciencia en el ámbito de la privacidad. Ni que traten con tan profundo respeto otras alternativas de fe. Como vamos a comprobar.

El Corán en 2:109 advierte y aconseja: “A muchos de los seguidores de una Revelación anterior les gustaría haceros renegar de la verdad… No obstante perdonad y sed tolerantes, hasta que Allah haga manifiesta Su voluntad”.
No indica la agresión en contra de los no musulmanes, como algunas personas mal informadas o con mala voluntad afirman, incluso entre los docentes, sino todo lo contrario: “Perdonad y sed tolerantes”.

Pues dice el Corán en 7:3 que; “Existen muchas vías de ascenso hacia Allah”. Por lo tanto todas ellas han de ser respetadas.

El murciano Muhyid-din Ibn al Árabi recibió el nombre de Muhyid-din por la relación que tenía su padre con Muhyid-din Abdul-Qader al-Jilani, a quien fue a visitar a Bagdad. Su primera educación, anterior a los ocho años, estuvo al cargo de dos mujeres de gran altura espiritual, Yasmin de Marchena y Fátima de Córdoba. El profundo sentimiento de respeto que sentía por las diferentes vías de ascenso hacia Dios, lo recibió inspirado por el Corán, y de ello compuso los siguientes versos:
“Hubo un tiempo en el que yo rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía. Ahora mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas; es pradera para las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, tablas de la Ley y pliegos del Corán. Porque profeso la religión del Amor y voy donde quiera que vaya Su cabalgadura, pues el Amor es mi credo y mi fe”.

A diferencia de otras religiones, el Islam de la promulgación SABE que los senderos de acercamiento a la Divinidad son tantos como personas. Por esta causa promulga el respeto a la libertad de conciencia: “No cabe coacción en asuntos de fe”. Corán 2:256. Ya que: “A cada uno de vosotros le hemos asignado una ley y un modo de vida distintos”. 5:48.

Es el ser humano quien, en el ámbito espiritual, decide lo que quiere según lo que supone que necesita, en qué medida, ¡con plena libertad de criterio!, y asumiendo la posibilidad de equivocarse. Este es su derecho de creación y su proceso de aprendizaje.

Para bien entenderlo nos enseña el Corán aleccionando a Muhammad: “No te incumbe a ti hacer que sigan el camino recto, sino que Allah guía a quien quiere ser guiado”. Corán 2:272. Si esto es lo que se le ordena al Profeta del Islam, ¿no deberían de seguir su ejemplo quienes se proclaman sus discípulos?

Por esta causa sólo Dios tiene la potestad de juzgar, y nadie más puede premiar o sancionar las decisiones de la fe.

“Di a quienes han llegado a creer que deben perdonar a quienes no creen en la llegada de los días de Allah, pues sólo a Él incumbe retribuir a la gente según se merece”. Corán 45:14.

Las religiones han hecho uso de “su verdad” como un ariete, habiendo olvidado la habilidad del encuentro en lo fundamental, después de haber soslayado lo que no es esencial. Esta es una reflexión que ha sido muy expuesta por la Tradición Sufi.

En el curso del diálogo, cuando es buenamente admitido, la divergencia de opinión es absolutamente procedente, siempre que la cortesía la acompañe, NO LA HOSTILIDAD, de lo contrario ¿qué función tendrían el dialogo y la libertad de criterio?, bastaría con imponerse por la fuerza.

Pero si alguien no es afín a nuestro criterio o forma de fe, ¡nadie!, excepto La Divinidad, tiene autoridad para la intromisión. En cuyo caso el consejo es dejar en paz a los demás y abstenerse de polemizar al respecto, incluso si el error nos parece evidente, según aconseja el Corán.

“Ciertamente, con aquellos que han roto la unidad de su religión convirtiéndose en sectas, tu no tienes nada que ver (abstente)”. Corán 6:159.  

El Islam no se considera la única Revelación válida, sino la última. “Cada época ha tenido su Revelación”. Corán 13:38.

En lo que respecta al espíritu, es el ser humano el único responsable de modificar sus actitudes, haga lo que haga en su elección espiritual le ha de ser respetado, pues en este aspecto sólo Dios juzga, y premia o sanciona según su Misericordia y Sabiduría.

“Pues tu Sustentador no destruirá jamás a una comunidad, mientras se comporten rectamente unos con otros”. Corán 11:117. Porque…“Allah no cambia la condición de una gente mientras ellos no se cambien a sí mismos”. Corán 13:11

Islam es, según algunos, sinónimo de horror, barbarie, ignorancia, y fanatismo. Mas una sola mirada desapasionada, con la sana intención de saber, nos desvelará lo que ya debería de ser sabido en base a la experiencia, para todos y en todas partes: Que los orígenes de una idea, y lo que algunas personas hayan hecho de ella posteriormente, pueden ser cuestiones divergentes, e incluso antagónicas.

Islam, en la actualidad, es uno de los grandes ejemplos, siempre que para informarnos recurramos al origen. Pero será un mal ejemplo siempre que nos dejemos seducir por la ignorancia, el fanatismo, o por la manipulación de los medios de difusión. Es una de esas culturas sobre la que más se ignora por causas diversas, algunas muy antiguas, de otras ya hemos hablado y escrito.

La prudencia, el sentido común, y el deseo de conocer, pueden eliminar los obstáculos, favorecer la reflexión bien informada, y facilitarnos el acceso a la gran riqueza de la línea espiritual que hayamos elegido. Las diversas antiguas tradiciones mantienen diferencias indudables en cuanto a método, formas externas, lenguaje, etc. Pero en lo esencial guardan una antigua y profunda sabiduría. Uno de los ejemplos incuestionables de lo dicho es la Tradición Sufi. Maestra de la más alta mística, de ingente literatura y cultura en todas las disciplinas de la ciencia. Muchos de los avances del saber actual se deben a esta antigua tradición Muhammadí.

¿Por qué pues, no podríamos aceptar que otros, a quienes hemos minusvalorado por sus diferencias, puedan enseñarnos lo que no sabemos?. Una simple piedra puede mostrarnos todo un Universo, y convertirse así en un vehículo de iluminación, ¿por qué no cualquier persona inesperada?

Recuerdo aquella frase del Antiguo Testamento que dice: “La piedra que el cantero rechazó es ahora la piedra angular”.

Donde menos lo esperamos podemos hallar una nueva faceta, una nueva visión, un algo más insospechado. Dice el Corán en 55:29: “De Él dependen todas las criaturas en los cielos y en la tierra; y cada día se manifiesta en otra faceta admirable”.

La diversidad es parte del mismo Dios, y nosotros no podríamos evitarla aún cuando nos esforzáramos en ello. Así pues; ¿Cómo no aceptarla para aprovecharnos de la enseñanza que existe en cada una de las diversas facetas en las que El Creador se nos muestra?

“Y Él es quien ha creado todos los opuestos”. Corán 43:12. “Y en todo hemos creado opuestos”. Corán 51:49.

Ya dijimos que los opuestos no son creados como bandos beligerantes entre sí, sino como contrapuntos, como referencias, como modelos de comparación, y sobre todo como actores principales en la Acción Creadora. Día y noche, masculino y femenino, frío y calor, invierno y verano, nacimiento y disgregación…

Nuestro tránsito por este periodo de la existencia no tiene por qué convertirse en un combate por la supervivencia, por la libertad de opinión, o por ser simplemente diferentes. Este tipo de luchas son el producto de un ego desmedido, cuyo afán de dominio altera el equilibrio propuesto por el Creador.

Cuando el ego se autoproclama como maestro único es él quien dicta nuestra conducta. Es mediante la tiranía del ego como juzgamos las cosas, no en razón de lo que son en verdad, sino de lo que pueden aportarnos en nuestro provecho. Es el ego quien codicia, y toma lo que no le pertenece.

Todo puede ser convertido en objeto de uso para la satisfacción del ego. Es el ego quien, por miedo, rechaza aquello con lo que no está de acuerdo con su visión, desprecia lo que no domina, y arremete contra lo que puede oponérsele.

A este respecto nos ilustra el Corán en 96:6-8: “En verdad, el ser humano se vuelve sumamente soberbio cuando se cree autosuficiente; aunque, ciertamente, todos habrán de retornar a su Sustentador”.
  
Nada nos gobierna con tanta fortaleza como la ilusión producida por el ego a través de las emociones.

El miedo a perder lo que se supone que nos pertenece, y el deseo de obtener lo que no se tiene, son dos estados de ánimo que nos privan de libertad para ver, comprender, y elegir en verdadera libertad. Estas son algunas de las causas que hacen del mundo un valle de lágrimas.  

Pero el mundo no tiene por qué ser un “valle de lágrimas”, como la religión nos educó para creer cuando éramos niños, sino un jardín de delicias y la antesala de otra Realidad. No hemos sido llamados a la existencia para sufrir, sino para aprender con esfuerzo, pero también con gozo y en paz. Esto es lo que nos enseña el Corán, y lo que leeremos al inicio del siguiente capítulo.
 
Decía un poeta: “Ha llegado una nueva primavera, exuberantes frutos reverdecen con tiernas fragancias exhaladas entre tiernos sonidos noctámbulos. Sosegada calma y eficaces preámbulos advirtiendo titubeantes miradas. Los recodos del alma enmudecen.

Que no me ocupe ni el tránsito ni el gozo, el esfuerzo, el engarce o la soledad, la risa o el llanto, el discernimiento ni la santidad. Sino saber ocuparme de amar en paz”. Esto también es Islam.