ISLAM Y AL-ANDALUS

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Ramadán es un mes sagrado donde el Allah (s.w.t.) constantemente está probando a Su creación y dándole la oportunidad de lograr su Bendición infinita.

Ayunar es una purificación completa y un medio para desarrollar la conciencia de la presencia de Allah (s.w.t.). La conciencia de Allah (Taqwa) es una protección contra los esquemas de Shaitan, y el sufrimiento de este mundo. Allah nos ha informado que, "Todo el que cumple su deber con Allah (tiene el taqwa), Él marca un camino y le da sustento de dónde no se imagina. Y quienquiera que confía en Allah, es suficiente para él. Ciertamente Allah logra Su propósito. Allah ha fijado una medida para todo." (65:2)

Muchos musulmanes hoy tienen un concepto erróneo sobre ayunar y las actividades de una persona durante el ayuno. Entran en un estado de semi-hibernación, desperdiciando la mayor parte de las horas de luz. Si respetan a Allah (s.w.t.), se despiertan para el salat, pero después vuelven a dormir inmediatamente. Este sueño antinatural les hace perezoso, torpes y a menudo pierden la noción real de las cosas.

Ramadán, realmente es un tiempo de actividad aumentada en donde el musulmán, ahora aligerado de las cargas del comer y beber, debe estar más deseoso de esforzarse y de esforzarse para Allah.

El Profeta, (s.a.s.), pasó aproximadamente Ramadán en nueve ocasiones después de la Hégira. Pero fueron plenos de sucesos decisivos y nos dejaron un ejemplo brillante de sacrificio y sumisión a Allah.

En el primer año después de la Hégira, el Profeta, (s.a.s.), envió a Hamza ibn Abdul Muttalib con treinta jinetes musulmanes a Saif Bahr para investigar a trescientos jinetes Coraixies que habían acampado sospechosamente en ese área. Los musulmanes estaban a punto de atacar a los no creyentes, pero fueron separados por Majdy ibn Umar al-Juhany. Los hipócritas de Medina, con la intención de oponerse a la unidad de los musulmanes, construyeron su propia mezquita (Masjid Ad-Dirar). El Profeta,(s.a.s.), ordeno destruir esta mezquita en Ramadán.

En el decimoséptimo día de Ramadán, del 3 D.H., Allah (s.w.t.) separó la verdad de la falsedad en la Gran Batalla de Badr. El Profeta, (s.a.s.) , y 313 de sus compañeros partieron para unirse a una  de sus caravanas que había salido de Meca. Era guiada por Abu Sufyan, y su valor se situaba alrededor de los 50,000 dinares. Se encontraron con un ejército bien equipado de la nobleza de los Coraichíes, que intentaba apagar la luz del Islam. A pesar de ser superados en número de tres a uno y parecer débiles y cansados, los musulmanes  se defendieron con un deseo ardiente de proteger al Profeta (s.a.s.) y encontrarse con su Señor a través del martirio. Allah les dio una victoria decisiva en este día de Ramadán que nunca se olvidaría.

En 6 D.H., Said ibn Haritha fue enviado a Wadi al-Qura a la cabeza de un destacamento para enfrentarse a Fatima bint Rabiah, la reina de esa zona. Fatima había atacado previamente una caravana llevada por Said y había tenido éxito al obtener el botín. Ella era conocida por ser la mujer más protegida de Arabia, como era igualmente conocida en su hostilidad abierta al Islam. Fue muerta en una batalla contra estos musulmanes en el mes de Ramadán.

En Ramadán del 8 D.H., el tratado de Hudaibiyya se rompió y los ejércitos musulmanes se enfrentaban a los Bizantinos en el Norte. Mohammad,(s.a.s.), sentía la necesidad de asestar un golpe fatal al escepticismo en la Península árabe y conquistar la ciudad de Meca. Allah ha declarado Su Santuario un lugar de paz, seguridad y bendición. Ahora era el tiempo de purificar la Ka´ba y librarla de la desnudez y abominación. El Profeta, (s.a.s.) partió con el ejército más grande  que Medina hubiese visto nunca. Las gentes engrosaban las líneas del ejército según se acerba a Meca. La determinación de los musulmanes, guiada por el deseo de Allah (s.w.t.), era tan imponente que la ciudad de Meca se conquistó sin batalla, en el vigésimo día de Ramadán. Ésta ha sido una de las fechas más importantes en la historia islámica ya que después de este momento, el Islam se afianzó firmemente en la Península arábiga. Durante el mismo mes y año, después de destruir los ídolos de Meca, se enviaron destacamentos a los otros centros mayores de politeísmo y al-Lat, Manat y Suwa, algunos de los más grandes ídolos de Arabia fueron destruidos.

Así era Ramadán en tiempos del Profeta, (s.a.s.). Era un tiempo de purificación, buscando el bien y prohibiendo el mal, y comprometiendo la vida de uno y su riqueza.

Después de la muerte del Profeta, (s.a.s.), los musulmanes continuaron esta tradición y Allah usó a los verdaderos muminim para afectar el curso de historia.

Allá por el año 582 D.H., Salah ad-din Al-Ayyubi, después de luchar con los Cruzados durante años, finalmente los expulsó de Siria y de las tierras ocupadas en el mes de Ramadán. El mundo musulmán se enfrentaría después a uno de sus desafíos más aterradores.

En el siglo 7 D.H. los mongoles estaban invadiendo toda Asia y destruyendo todo lo que se ponía en su camino. Genghis Kan llamado "el azote de Dios enviado para castigar a la humanidad por sus faltas." En el 617 D.H., Samarkanda, Ray y Hamdan fueron tomadas y sus habitantes pasados a cuchillo más de 700,000 personas resultaron muertas o cautivas. En el 656 D.H., Hulagu, el nieto de Genghis Kan, continuó esta destrucción. Incluso Bagdad, la ciudad principal del mundo musulmán, fue saqueada. Algunas estimaciones dicen que alrededor de 1,800,000 musulmanes fueron asesinados en esta tremenda carnicería. A los Cristianos se les pidió comer carne de cerdo y beber vino abiertamente mientras los musulmanes supervivientes fueron obligados a participar en orgías de bebida. Se roció vino en las mezquitas y no se permitió el Adzân (llamada al salat). Ante un desastre tan horrible y con el mundo musulmán entero amenazado y Europa sujeta al mismo destino, Allah (s.w.t.) alzó a los Mamelucos, bajo mando de Saif Ad-din Qutz, de Egipto, que unieron el ejército musulmán y se enfrentaron a los Mongoles en Ain Jalut el vigésimo quinto día de Ramadán. Bajo una gran presión, los musulmanes con la ayuda de Allah, y con una estrategia hábil y valiente aplastaron al ejército mongol y frenaron esta ola de terror. Todo el mundo civilizado suspiró de alivio y admiraron el logro de estos nobles hijos del Islam.

Éste era el espíritu de Ramadán que les permitió a nuestros antepasados que enfrentaran desafíos aparentemente imposibles. Era un tiempo de intensa actividad, pasando el día en la silla de montar y la noche en Salat pidiendo a Allah misericordia y perdón.

Hoy, el mundo musulmán se enfrenta con la vacuidad, la agresión armada, la corrupción extendida y el materialismo tentador. Ciertamente estamos en la necesidad de musulmanes que pueden seguir los pasos de nuestro Profeta (s.a.s.), de los nobles Sahaba (los compañeros), de  Saif Qutuz, Salah ad-Din y de tantos otros que se esforzaron por el Islam. Ciertamente estamos en la necesidad de musulmanes que no sientan miedo de las amenazas del no creyente, musulmanes cuyo ayuno está completo y no sólo es una fuente de hambre y sed.

Quiera Allah alzar una generación de musulmanes que pueden llevar el Islam a todas los puntos del globo y que Él provea nos de fuerza y éxito. Quiera Allah que seamos de esos que seguimos el Islam durante Ramadán y después de él.