“HUMANISMO ES ESTUDIAR A PLATÓN COMO A AVERROES”

Categoría: Boletín Yama

 

El prestigioso arabista Pedro Martínez Montávez habla de ‘Significado y símbolo de Al-Andalus’

 

Posted by Noticiario centro de Andalucia en 16/08/2011

ANDALUCIA

A sus 78 años, Pedro Martínez Montávez conserva todavía una lucidez y una vitalidad envidiables. Además de Catedrático de la Universidad de Sevilla y de la Autónoma de Madrid, este jiennense de Jódar ha desarrollado una amplia obra de referencia.

Su último libro hasta la fec ha, Significado y símbolo de Al-Andalus (CantArabia) recoge sus investigaciones alrededor del mundo andalusí.
-¿Toca reivindicar Al-Andalus como algo propio, y no como una derrota de España?
-Yo huyo de ese planteamiento maniqueo, y que no tiene nada de científico, de que la introducción de lo árabe islámico en lo hispánico supuso para unos la gloria y para otros la miseria. ¿Al-Andalus forma parte de lo que podríamos llamar la posible identidad hispánica, o no? ¿Dónde lo ponemos? Para mí no hay duda: forma parte. Y esa identidad es absolutamente plural, contrastada, dinámica, profundamente histórica. Con su dimensión de pasado, de presente y de futuro.

-¿Cuánto hay de cultura árabe en Al-Andalus y cuánto de cultura andaluza en el mundo árabe?
-Mire, he ido convenciéndome de que Al-Andalus fue una tentativa de lo que llamamos ahora multiculturalismo, un multiculturalismo en agraz, que no tuvo tiempo de cuajar. En ese marco, los elementos son enormemente plurales y diversos. Cualquiera que tenga un conocimiento un poco práctico del mundo árabe, lo primero que descubre es que se trata del paraíso de la diversidad.

-Mi generación estudió Al-Andalus bajo el epígrafe de “invasión árabe”, pero expertos como Olagüe hablan de islamización progresiva y niegan que subieran tropas por el Estrecho. ¿Cuál es su postura?
-Bueno, la subida de tropas indudablemente se produjo. Lo árabe islámico, y no sólo lo guerrero, sino lo cultural y civilizador, entró en la Península Ibérica. Cualquiera que conozca la expansión que se produjo del islam como hecho político y administrativo sabe que abarcó una enorme extensión del planeta. A los españoles hay que recordarles siempre que si para nosotros 711 supone el año en que el islam árabe-bereber llega a la Península, por la misma fecha ese mismo islam ha llegado al valle del Indo por el este y por el norte al Cáucaso. Al-Andalus no es un hecho aislado.

-El matiz es si hablamos de expansión de una cultura, o de unos señores de tez morena y lengua extraña que invadieron un territorio armados con alfanjes…
-En esa expansión se producen dos fenómenos: la islamización y la arabización. Lo que no se puede afirmar es que en todos los lugares se produjeran al mismo tiempo y con la misma intensidad, ni con la misma aceptación. En la Península -prefiero hablar de Península y no de España- se discute si la islamización fue más rápida que la arabización, o no. Es una polémica más erudita que otra cosa, y en última instancia carecemos de método que nos permita verlo.

-Tradicionalmente, en España los profesores de árabe eran capaces de traducir un texto del siglo XIV, pero incapaces de mantener una conversación en un mercado de Marruecos… Usted tiene fama de haber roto esa norma.
-He tratado. Mire, si un arabista es sincero, lo primero que tiene que proclamar es que jamás llegará a dominar la lengua árabe. Yo no tengo dificultades para mantener una conversación con un arabófono. He recorrido el mundo árabe de una punta a otra, y he podido entender y hacerme entender, con mayores o menores dificultades, en todos los países. Pero jamás llegaré a poseer la lengua árabe, lo que hace que uno esté siempre atraído por ella, y en cierto aspecto maldiciéndola. Atrae tanto como repele.

-¿Es por su complejidad?
-El mundo árabe es la apoteosis de lo que podríamos llamar la diversidad lingüística dentro de una misma lengua. Un árabe, para ser bilingüe o trilingüe, tiene suficiente con su propia lengua. La variedad dialectal es portentosa, no sólo de país a país, sino que existen variantes en grado y número nada desdeñable dentro del propio país; no sólo por razones geográficas, sino por razones sociales. Yo me entiendo mejor con los varones que con las mujeres, porque las variantes del lenguaje femenino me son menos asequibles. Estudiar la lengua árabe es introducirte en un bosque, pero las veredas existen, aunque estén ocultos. Dicho lo cual, esa circunstancia de los profesores, de la que hablábamos antes, creo que ha pasado ya. Se ha mejorado a pesar de las enormes dificultades administrativas que la enseñanza de todo lo que tiene que ver con lo árabe tienen en este país. Y mucho me temo que irá a peor en el futuro.

-Esa parece una suerte común con el griego, el italiano, el alemán… Todo peligra ahora en las universidades.
-Entra dentro de esa inevitable tendencia a cercenar las Humanidades. Y el arabismo, siempre lo he defendido, es una modalidad de humanismo. En eso soy absolutamente intransigente. Para mí el Humanismo no se restringe a las Humanidades clásicas, sino que tiene tanto que ver con lo que se puede calificar de clásico como con lo que teóricamente no se califica así. Se puede hacer Humanismo estudiando a Platón como a Ibn Jaldún o Averroes.

-Salvo Mahfuz, Darwish, Adonis y pocos más, el gran público en España ignora casi todo de la literatura árabe.
-Es una cuestión de comercialización. Las traducciones de primera época se hicieron en editoriales pequeñas o con apoyo de instituciones oficiales, que nunca es beneficioso para la divulgación. A partir de la concesión del Nobel a Mahfuz, se ha ido abriendo la cosa, la demanda ha ido aumentando. Pero, a pesar de la buena labor que se está haciendo, el número de traducciones al francés y el inglés es mucho mayor que las del español.

-¿Qué país, qué región encarnaría hoy mejor el espíritu de Al-Andalus?
-Es una pregunta difícil de responder. Mecánicamente, decir Andalucía sería un tópico, una aceptación de lo convencional. Uno se sorprende de que, dentro del conjunto de lo español, lo andaluz puede ser un ejemplo excelente de islamofilia o maurofilia, como de total islamofobia o maurofobia. Sobre la pregunta, creo que quizá el espacio ibérico, en donde posiblemente lo andalusí y lo árabe islámico se ha ido depositando e incorporando con más naturalidad, posiblemente es Levante, el arco mediterráneo, y en concreto el sudeste, lo que los árabes llaman “el ala rota de Al Andalus”. Y dentro de Andalucía, no es lo mismo ver lo andalusí desde Sevilla, que tiene una natural tendencia a abrirse a lo atlántico, que desde Granada o Córdoba…

Noticia original: Diario El Correo de Andalucia