ISLAM Y AL-ANDALUS

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CULTURA AMAZIGH E IDENTIDAD ÉTNICA

Guillermo Alonso Meneses licenciado en Geografía e Historia, especialidad Antropología Cultural, y es Doctor en Antropología Social.Antropólogo, traductor y escritor. Es miembro del consejo de redacción de la revista "Studia Africana" desde 1992, en calidad de antropólogo cultural y asesor en cuestiones Magrebíes, de las Islas Canarias y de africanismo latinoamericano. Coordinador del grupo de trabajo e investigación del "Magreb-Norte de Africa e Islas Canarias" como miembro investigador del CEA (Centro de Estudios Africanos de Barcelona). Tiene publicados varios artículos y ensayos sobre los beréberes y otros temas de antropología.

El Magreb, como contexto cultural Amazigh fundamental, forma parte de la fachada sur del Mediterráneo, esto es, forma parte de la Historia de Occidente. Hoy en día contamos con excelentes trabajos que ofrecen estudios perspicaces y esclarecedores sobre esta región como Bernabé López (1989); Paul Balta (1990); Bernabé López y otros (1993); Antoni Segura (1994); de modo que no nos detendremos a hacer análisis profundos y haremos hincapié en el sesgo amazigh.

Para Hichem Djïait (1994), importante historiador tunecino, Cartago constituye el momento de máximo esplendor magrebí y por tanto amazigh, y personajes como Anibal, San Agustín o Ibn Jahldún serían personajes magrebíes y/o amazigh, dándose el caso de que, excepto el último, los demás pertenecen a la Historia de Occidente. Específicamente San Agustín y Donato forman parte de la civilización occidental, vinculados al latín y al cristianismo, pero ellos pertenecían paralelamente a la "intelligentsia amazigh" de la época. Paradójicamente, y tampoco es casualidad, Magreb alude y nombra al occidente islámico, tal como señalamos antes. Precisamente Ibn Jaldun, uno de los grandes amazigh (bereberes) que han pasado a la historia, fue uno de los primeros en definir los rasgos étnicos distintivos de los amazigh y definió a su gente señalando que ellos se rasuran la cabeza, comen cuscús y visten con el albornoz. Actualmente se habla de otros elementos, acaso más significativos, como el tifinagh y el arado amazigh (bereber).

Estas peculiaridades culturales amazigh no sólo son las que le dan identidad a esta etnia, constatando su propio hecho diferencial, sino que además, su pervivencia son las que documentan la lucha de este pueblo sin estado, y la sorprendente resistencia como minoría étnica en Túnez o Argelia, o como mayoría étnica sometida por una minoría, tal en Marruecos. La mayoría de estas comunidades amazigh ocupan regiones montañosas inhóspitas y pobres. Las montañas del Atlas central, el Sous, el Rif, la Kabilia, el Aurés han servido de refugio por su inaccesibilidad y duras condiciones climáticas. Estas regiones son de difícil acceso y se caracterizan por estar mal comunicadas, soliendo estar formadas por casas de adobe y piedra que se mimetizan e integran en el paisaje. De hecho, muchas de estas tierras jamás fueron pisadas por el ejercito colonial francés tras más de un siglo de ocupación.

Otras coordenadas que se deben tener en cuenta son las referidas al vigente marco sociopolítico derivado de la actual coyuntura, que afecta la dinámica del funcionamiento estatal. Esto es, son fundamentales hechos tales como las relaciones económicas con la CEE o el cierre de las fronteras europeas al tradicional flujo de inmigrantes magrebíes, sobre todo las de Francia. Ello repercute en situaciones difíciles de analizar como las derivadas de las tensiones entre lo rural y lo urbano, con diferencias del tipo rural amazigh o rural arabófono (que incide en lo religioso), o las tensiones derivadas de los cambios en las costumbres. Pues todo ello tiene su traducción inmediata en el norte de Africa en general, que desde la independencia ha conocido un perturbador proceso de urbanización, industrialización e implantación del sector servicios, que ha llegado a derribar los cimientos de los tradicionales patrones culturales y rasgar el tejido social. El resultado es la actual dicotomía: occidentalizarse o islamizarse, como estrategia para afrontar la crisis del estado y las secuelas de un cambio social demasiado acelerado. Evidentemente la tercera vía, la vía amazigh, es la más débil y por eso muchos amazigh han optado por occidentalizarse (también por arabizarse y/o islamizarse realmente).

En las montañas del Atlas medio marroquí se hallan diseminados los "aduar" o "adwar" (aldea) amazigh, muchas veces situadas a más de 2.000 metros de altura, lejos de las grandes ciudades. En esos "adwar" viven tribus como los Ait Haddidu o los Ait Hamama; tribus que no sólo resistieron encarnizadamente la invasión francesa, sino que también han demostrado ser impermeables tanto a la penetración árabe o musulmana precolonial, como al mismo protectorado francés y ahora al estado marroquí. Manteniendo durante todo este tiempo, como tantas comunidades amazigh, su reputación de rebeldes y pastores.
Toda tribu amazigh suele tener al frente a un Amgar o jefe (el equivalente tuareg sería el amenokal), que es la cabeza de una asamblea de notables, de los tribunales que juzgan con el derecho consuetudinario de la localidad (el "iseft" es un derecho antiquísimo), lo que en ciertos casos se ha codificado en el denominado "dair bereber" . La comunidad rural o tribu siempre es la que elige (por elección libre) una asamblea de notables que se mantiene mientras lo hace bien; respecto a esto se observan diferencias regionales. La asamblea de cada "adwar" regula cosas como las tierras y la temporada de pastoreo o las alianzas. El fenómeno de la tribu o confederación de tribus hay que entenderla en el contexto de la ayuda común. Esto explica que entre los amazigh los valores de solidaridad tradicionales y el trueque aun en medio de la economía de mercado, siempre hayan estado muy cuidados. Así la "Tiwisi" es un trabajo común en beneficio comunitario o de alguien necesitado, pues la solidaridad colectiva amazigh vela por la dignidad del individuo: desde construir o reparar una casa hasta recoger leña. Valores como la lealtad, el respeto a la palabra dada a los compromisos o a los códigos morales, el coraje, la generosidad, la hospitalidad, etcétera son valores y/o comportamientos que están muy arraigados (Ben Salem, 1991). Otro ejemplo viene dado por un valor como la "assabiá" , el orgullo y la dignidad de ser amazigh.

La comida amazigh más conocida en el mundo es el cous-cous. Pero en las islas Canarias pervive otra comida amazigh, el gofio, un producto típico y básico en la dieta tradicional canaria, el cual refleja una forma de preparar el grano típica de las culturas asentadas en la sabana africana, que también es conocida por los tuareg y su mijo tostado. A diferencia del mundo Mediterráneo (o de las culturas centroamericanas con el maíz), para elaborar el gofio, el grano se tuesta antes de molerlo; en cambio en otras culturas el grano se muele, se amasa la harina y se tuesta u hornea (como en la elaboración de pan y pitas). Con lo cual el gofio canario sería otra prueba del origen africano de los guanches y una de las manifestaciones culinarias amazigh que se remontan a varios miles de años, cuando los denominados "protobereberes" circulaban por todo el Sahara, que por entonces era una extensa sabana africana.

Existen otros elementos culturales como los típicos albornoz y/o chilabas y las babuchas, que son prendas amazigh que no tienen los árabes y/o musulmanes del Oriente Medio. La chilaba de lana, tan necesaria para soportar las bajas temperaturas de la montaña, es una especie de túnica cerrada con una gran capucha (como un traje de monje, que posiblemente estén inspirados en esta prenda amazigh). No olvidemos que, como pastores, la mayoría de comunidades amazigh dependen del pastoreo por zonas altas para criar sus rebaños de ovejas y cabras, y de la lana, la leche y la carne que obtienen.

También son pastores los tuareg que durante siglos dominaron las rutas caravaneras que atravesaban el Atlas y se adentraban en el Sahara, y aquí habría que recordar que los Almorávides, originariamente, estaban vinculados a los pueblos del desierto, a los tuaregs. Los cuales se caracterizan por sus ropajes de color azul índigo y prendas como el litham o el tagulmust con el que se envuelven y cubren el rostro. Ellos son, sin duda alguna, el grupo étnico Amazigh más fotografiado, filmado y conocido.

El turístico destino de la fiesta de las bodas, también conocida como "Mussen de Imilchil" o "Agdud de Ait Amer" , que se celebra en el Atlas marroquí, supone una muestra de la "libertad" de la que goza la mujer amazigh, de la relevancia de su rol social en el seno de la comunidad o en las relaciones interpersonales. Donde, y sea dicho de paso, los matrimonios son monógamos pero existe la separación. Donde la mujer transmite la sabiduría popular, la literatura oral y la artesanía lo que la convierte en pilar de la tradición y la cultura. Kosayla y Kahina son dos "reinas" amazigh que han pasado a la historia por haber encabezado la lucha contra la invasión árabe.

La mujer amazigh suele ser la depositaria de las técnicas artesanas fundamentales de la vida cotidiana, como la cerámica, la cestería o el tejido de esteras de hojas de palma que hacen de lecho. Pero la mujer amazigh tiene otras especificidades culturales, ya que no llevan velo y muchas de ellas todavía mantienen viva la costumbre milenaria de llevar tatuajes en el rostro, las manos o los pies, los cuales tienen su código simbólico referido al status social, a protección de amuleto, etc.

El fenómeno del relevante protagonismo de la mujer amazigh choca con un fenómeno actual, cuyo reflejo es disímil en el Magreb, pero sintomático. Ocurre que la tradicional autoridad paterna, como cohesionadora de la familia, va a entrar en declive ante el envite occidentalizador, comenzándose a disolver el grupo de parentesco (por el éxodo urbano, por ejemplo), que era el tradicional articulador de la sociedad. Recuérdese que el Islam es una religión de hombres, en la que el padre es el pilar básico. Luego al resentirse el sistema de parentesco lo hace el sistema de autoridad. Sin olvidar hechos paralelos como la "liberación" y mayor protagonismo de la mujer, no ya amazigh, sino de cultura árabe y musulmana. Todos estos factores, algunos tan estratégicos, acarrean situaciones como la descomposición de la estructura sociocultural tradicional, olvido de valores referenciales islámicos y, a su vez, la yuxtaposición de valores referenciales de origen occidental: como la mencionada emancipación de la mujer, además de otros hábitos relativamente inéditos: individualismo, ateísmo, consumismo, adopción de formas políticas occidentales como el sindicalismo, etc.

En cuanto a la cultura amazigh, otro significativo aspecto cultural viene dado por el contexto social de los bailes, las canciones y la música amazigh, que son diferentes de la de tradición árabe; su funcionalidad está desligada de lo religioso y vinculada al placer y la diversión. La poesía amazigh está musicada, llegando a ser cantada y bailada (formando un círculo y acompañada de toque de palmas). La poesía oral amazigh es riquísima y refleja muy bien el ethos de este grupo étnico. Algunos de los instrumentos musicales son diferentes a los de tradición árabe: el imrad tuareg, panderos, tambores, etc. En el sur de Marruecos (Agadir) se edita música amazigh en cassettes, lo cual habla de moderna industria mass mediática amazigh.

También en Argelia es importante la música, al ser ese país donde la canción amazigh moderna ha sido internacionalizada básicamente por los kabiles en su forma de música Rai. En ese sentido, esta música popular denominada Rai ha conocido la persecución tanto del Estado y la censura como del fundamentalismo islámico y sus sicarios. El 29 de septiembre de 1994 fue asesinado el cantante Cheb Hasni, con dos tiros en la nuca, en Orán; en esta misma ciudad asesinaron a Rachid Ahmed Baba, otro cantante importante de Rai. Lila Amara, nacida en la Kabilia, fue asesinada junto con su marido en Argel, y tras tirotearla la degollaron. Bechiri Buyema, también conocido como Cheb Aziz, otro de los grandes cantantes de Rai, fue asesinado en septiembre de 1996.

La reivindicación del "hecho diferencial" de la cultura amazigh (berebere) es un fenómeno reciente y ésta habría comenzado abiertamente en Argelia en el año 1976 y culminado en los incidentes de Tizi-Ouzou en 1980 (Balta, 1984). En el país vecino la oposición a la monarquía cherifiana en Marruecos la han encabezado en las últimas décadas hombres de origen amazigh, como el golpe de Estado de 1971 encabezado por el general Mohammed Ufkir, o antes, en la colaboración con los franceses del "príncipe" amazigh de la región de Marrakesh Si hadj Thami El Mezouari Glaoui, que llevó al exilio a Mohammed V. Por acciones como estas, muchos amazigh fueron acusados de colaboracionismo con los franceses y su administración colonial.

Pero el rasgo amazigh más significativo y diferenciador, desde un punto de vista sociocultural, es su lengua. Una lengua, ésta la amazigh, cuyo origen no está claro. Tradicionalmente ha sido vinculada al brazo lingüístico de lo camito-semítico. Si hacemos caso a la presencia de manifestaciones (epigráficas, las más de las veces) de su escritura (el líbico, el tifinagh), el área histórica amazigh supera los 5.000.000 de kilómetros cuadrados, desde Sicilia o la Península Ibérica hasta el río Níger. Pues existen inscripciones en el Strómboli, en la península del Sinaí o en las islas del Hierro y Lanzarote, por sólo citar los casos más distanciados. Por otro lado, la lengua posee unas especificidades fonéticas características, en base a tener tres vocales y 26 fonemas consonánticos. Esto no quiere decir, claro está, que los distintos dialectos o hablas no puedan poseer diferencias en el plano fonético y léxico.

La precitada dispersión y las consecuentes especificidades dialectales impide, para algunos autores, la intercomunicación; otros, en cambio, dicen que no supone un gran impedimento a la hora de hablar. Lionel Galand (1988) dice que hay muchas lenguas, sin embargo Basset (1952) dice que hay una lengua básica. De hecho, son muchos los que albergan la hipótesis de la posibilidad de llevar a cabo una gramática unificada. Pero, por esto mismo, hablar de una lengua Amazigh única depende de los criterios lingüísticos que se utilicen. Pues ni existe una lengua Amazigh clásica, ni tampoco se sabe con certeza cual es el dialecto más arcaico o menos contaminado por influencia de otras lenguas con las que ha estado en contacto la lengua amazigh. En ese sentido el dialecto tarifit del Rif es el más contaminado por el árabe, además de que los otros dialectos amazigh indican que ha existido y existe un proceso de divergencia. Pero no es menos cierto que en Marruecos también el árabe dialectal local tiene diferentes hablas, como mínimo unas 3: la de las ciudades Imperiales, la de origen andalucí y la beduina. Actualmente, debido a la política imperialista y colonial marroquí, para las instituciones oficiales el hassanía de los saharauis sería el cuarto dialecto árabe del Reino Alauita. La lengua hassanía de la República Arabe Saharaui Democrática es una mezcla de árabe dialectal, básicamente beduino, y aportes de lenguas amazigh procedentes de diferentes regiones y épocas.

Hay que observar que históricamente en el caso de la(s) lengua(s) amazigh, al ser ésta(s) fundamentalmente oral y ser usada para las relaciones vernáculas, no fue escrita de manera sistemática, como cualquier lengua dominante y vehicular de las que existieron a lo largo de la historia de la región, como pudieron serlo el púnico, el latín, el árabe o el francés, las cuales, al contar con escritura propia, pudieron crear una poderosa "logosfera" (la acumulación de un importante capital cultural en soporte escrito). No obstante, existen en los archivos coloniales galos de Aix-en-Provence manuscritos del siglo XVI escritos en amazigh. Incluso se baraja la hipótesis, verosímil, de que los almohades (procedentes del Atlas marroquí y que invadieron la península ibérica) llegaron a traducir el Corán al amazigh; esto, aun siendo una herejía, nos parece muy verosímil, ya que el amazigh era la lengua en la que rezaban, se comunicaban cotidianamente y hacían sus discursos.

Actualmente tenemos que existen magrebíes amazíghfonos y arabófonos. Y estos últimos, marcadamente arabistas, son los que miran hacia el oriente arabomusulmán para construir su identidad (algo que es totalmente legítimo), pues la lengua árabe, especialmente la clásica, es una lengua de religión y civilización. Pero otros reivindican su identidad no árabe (que también es legítimo) y están rescatando el alfabeto tifinagh para acentuar la identidad étnica amazigh. Puesto que, volvemos a repetirlo, la cultura amazigh es una realidad marginal y subalterna en Marruecos y Argelia, esto es, que debe luchar contra corriente. Ahondando en esta línea, existen diferencias en el seno del movimiento amazigh, algo que, para algunos, se evidenció en 1995 durante la celebración en Francia del Congreso Amazigh Mundial.

No obstante, en estos últimos años el movimiento cultural amazigh ha sido capaz de movilizar en Marruecos a cantantes, intelectuales y/o escritores. Para Marruecos existen estimaciones que hablan de un 60% de amazigh parlantes; organizaciones veladoras de los Derechos Humanos norteamericanas manejan unas estadísticas que hablan del 65-70% de amazíghfonos en Marruecos. En la actualidad hay diarios y revistas, aproximadamente una docena, escritas bien con las tifinagh, bien en caracteres latinos y árabes, pero en este caso redactadas en lengua amazigh.

Frente a todo este panorama, pues, puede hablarse de berberofobia estatal en todo el norte de Africa, ya que desde Marruecos hasta Libia, los distintos estados no reconocen decididamente ni la cultura ni la lengua amazigh. Así, por ejemplo, en Argelia el partido Agrupación por la Cultura y la Democracia (de adscripción amazigh) no acepta la arabización bajo ningún concepto; y, sabido es, las plegarias del Corán han de rezarse en árabe: no se pueden traducir. Lo cual nos remite a la persecución del mal creyente por parte de los islamistas.
Por otro lado está la disímil consideración del amazigh, bárbaro en cualquier caso, ya se trate del rifeño que procede "del país de los asesinos y del hambre" o el habitante del Sous que tienen fama de emprendedor comerciante. Otro ejemplo viene dado por la realidad de las escuelas donde lo amazigh es tachado por parte del poder "pan-árabe" de bárbaro, propio de salvajes, algo primitivo en el sentido despectivo. De hecho, hasta 1956 el árabe dialectal y el amazigh se hablaron indistintamente en las escuelas, pero en ese año se abolió la enseñanza del amazigh por presión del Istiqlal, el todopoderoso partido marroquí. Otro ejemplo, quizá más crudo y triste, viene dado por lo señalado por algunos autores que recuerdan el fuerte shock que sufren los niños de las montañas cuando llegan a la escuela y el maestro les habla en árabe. El lector puede encontrar algunos ecos de esta realidad en la sugerente mirada que Mohamed Chukri (1992) vierte en la novela "El pan desnudo" .

Curiosamente, en el parlamento marroquí se puede hablar en francés, además de en árabe, y es que tanto la universidad como la investigación científica marroquí se hace en francés. Aunque a ello hay que añadirle una paradoja más, que la política lingüística en Marruecos es centralista, o sea, arabista. Como puede verse, la complejidad del problema es tal, que aclarar el panorama lingüístico amazigh es dificilísimo. Por fenómenos como el anterior, la palabra "shelja" o "chelja" es utilizada por muchos marroquíes amazigh para denominar a su propia lengua (las lenguas amazigh), con independencia de la variante que sea. Esto es un indicador más del desconcierto que acarrea todo lo amazigh.

Actualmente, aceptando un "mestizaje" cultural y biológico (genético) para las zonas fronterizas, aún subsiste el originario sustrato sociocultural denominado camítico. Respecto al idioma, las diferencias lingüísticas entre amazigh son apreciables, proponiéndose por lo general diferentes grupos dialectales o idiomáticos (recuérdese que la diferencia entre dialecto e idioma es política): el tamazigh, tashilhit, tarifit o rifeño (en Marruecos), el Tacawit o Chaouia del Aurés argelino, el Taqbaylit o Kabilio, el Tamzabit del Mzab, el Teggargrent de Ouargla, el Tazenatit de Tuat, e incluso las variantes habladas en el oasis de Siwa (NW de Egipto) denominado Tasiwit, el Tanefusit en Ghadamés (sobre el vértice sur de Túnez) o el Tawjilit en el oasis de Awjila (NE de Libia), el Trarza y el Taznagt zenaga del sur de Mauritania, que se encuentra muy arabizado. Mención a parte merece el Tamahaq y el Tamachek de los tuareg (del norte y del sur respectivamente), dado que posee el tifinag como escritura propia y una rica literatura oral (cuyas principales depositarias son las mujeres), y que son lenguas a las que se les ha prestado una especial atención con recopilaciones de cuentos y poesía oral, léxicos, gramática. Finalmente habría que nombrar el guanche (que tenía diferencias contrastadas entre islas), por eso en el dialecto castellano de Canarias perviven bastantes palabras amazigh (guanches) y no digamos ya en la toponimia insular: Gomera, Tenerife, Canaria, Adeje, Tacoronte, Tegueste, Agulo, etc. (Cubillo, 1985).

Esta diversidad en el panorama de las lenguas, cuyo sustrato básico - camítico - sería el libio antiguo, ha sido utilizada como el indicador más adecuado para realizar una tipología de los diferentes grupos amazigh. Y en tal sentido se ha propuesto que estamos ante una única lengua fragmentada en dialectos.

Independientemente de esta problemática tenemos la pugna lingüística entre árabes y amazigh, o de "contaminación" recíproca en aquellos lindes donde se encuentran y coexisten ambas lenguas (en ese sentido no me atrevo a hablar, por falta de información, de un fenómeno parecido al portoñol o al spanglish). Es evidente que el contexto del idioma está determinado por un sentimiento de autoconciencia de unidad lingüística por parte de los arabófonos, quienes expresan la cultura oficial o dominante (la escrita) y suelen ser conocedores de la lengua francesa (Gellner & Micaud, 1973). Mientras que los amazighfonos se caracterizan básicamente por estar marginados en las montañas, relativamente lejos de la ciudad moderna (quizá Agadir o la misma Tizi Uzu sean una excepción notoria, junto a alguna otra). Eso significa estar integrados en la enseñanza estatal, en la literatura impresa o en los mass media de mayor difusión.

Mención aparte merecen los aborígenes de las Islas Canarias como genuina cultura amazigh. Para entender este caso especial, hay que partir de la tesis, ampliamente aceptada, de que todo etnos o grupo étnico es la suma de los aportes genéticos y culturales de anteriores etnias, lo cual significa que las sociedades están en continua recomposición, sumergidas en un proceso continuo de etnogénesis. A veces lenta e imperceptiblemente, otras veces de forma rápida y por eso también algo imperceptiblemente. Para el norte de Africa hay que decir, en lo tocante a los amazigh, que existe esa etnogénesis y persiste un poderoso sustrato cultural milenario (Camps, 1980; Servier, 1985; Cervelló, 1995). Pero, eso sí, hay que entender este sustrato cultural desde un punto de vista estructural o ahistórico y bajo ningún concepto, esto es, jamás, en sentido histórico.
Desde esta tesitura, a los aborígenes canarios y/o guanches hay que adscribirlos al ámbito de las culturas "amazigh" (berebere) norteafricanas. Y, en virtud de su ubicación geográfica, hay que considerarlos como "bereberes insulares" (G. Alonso, 1993); o más correctamente "amazigh insulares". Sus formas socioculturales, desde una perspectiva morfológica, eran de naturaleza neolítica a la llegada de mallorquines, genoveses, portugueses y castellanos, explicándose estas arcaicas formas socioculturales únicamente por un proceso de involución desencadenado tras desembarcar en las islas y quedar aislados. Sin embargo, hay que decir que desde el punto de vista de su "cultura inercial" (por utilizar la distinción de Alberto Cardín, 1988: 231 y ss.), las culturas aborígenes canarias son innegablemente amazigh, aunque, desde el punto de vista de la "cultura positiva" (Cardín, ibidem), son un caso singular y un extraordinario producto de la precitada involución y readaptación (G. Alonso, 1996).

Dicho con otras palabras, la cultura inercial de los aborígenes de las Islas Canarias sólo se explica por una etnogénesis continental-africana, indisociable de la cultura de ciertos grupos étnicos amazigh que existían hace aproximadamente 2.000 años; posteriormente, su cultura positiva, de corte neolítica, se explica por el aislamiento insular y una adaptación al medioambiente insular en condiciones de incomunicación con el continente africano y, por tanto, del resto de los grupos étnicos amazigh. Lo cual las hace un ejemplo histórico de cultura amazigh o (norte)africana extraordinaria, marginal y cuasi inclasificable (G. Alonso, 1996).

Además, aceptando una serie de elementos comunes que se dan entre las diferentes islas, existieron significativas especificidades socioculturales que pueden ilustrarse por los diferentes dialectos e idiolectos aborígenes, cuya especificidad fue recogida por los primeros cronistas, o por elementos de la cultura material, como la mayor o menor presencia de epigrafía y grabados rupestres, patrones decorativos de las cerámicas compartidos entre islas, "edificaciones" ajenas a las cuevas, "momificaciones" funerarias, industria lítica u otras evidencias arqueológicas.

Las dificultades de explicación para esta problemática vienen dadas por el desconocimiento de las circunstancias de la arribada de los primeros pobladores. Hoy por hoy no sabemos ni cómo, ni cuándo, ni por qué aquellos amazigh desembarcaron en las islas Canarias. Las evidencias y conclusiones arqueológicas del tipo de la cerámica, la epigrafía en tifinagh, o del tipo antropológico-físicas como tipologías craneales o el grupo sanguíneo, o del tipo lingüístico-toponímicas son irrebatibles: estamos ante una cultura amazigh (bereberes) (González Antón y Tejera Gaspar, 1987 y 1990; Rafael Muñoz, 1994). Algo que, por lo demás, ya adelantaron argumentadamente en el siglo pasado los franceses Sabine Berthelot (1980) y René Vernau (1891).

Sin embargo, lo paradójico del problema reside en una cuestión difícil de resolver: si las dataciones con C-14 disponibles hoy por hoy no van más allá del siglo I antes de Cristo (BP), las tipologías de ciertos patrones cerámicos tienen una antigüedad, en el norte de Africa y en especial el Magreb, en torno al II milenio antes de Cristo (bp), como mínimo. Y también estaría la cuestión, señalada por la antropología física, que constata dos tipos humanos en las Canarias prehispánicas: cromañoide (Mechta) y mediterranoide; Gabriel Camp (1994) también constata estos dos tipos humanos para el actual Magreb.

Así pues, tanto a los aborígenes canarios como a los distintos grupos étnicos amazigh del norte de Africa y Sahara hay que entenderlos, desde el punto de vista cultural, como un producto de "frontera" que comparten, en determinados elementos, un idéntico sustrato cultural. Y su antigüedad histórica y su complejidad étnica no pueden ser entendidas sin tener en cuenta, obligatoriamente, la confluencia e interrelación conocida por los contactos interétnicos habidos entre grupos del mundo mediterráneo (Península Ibérica, Próximo Oriente, Sicilia, Malta, etc.) con otros grupos del mundo del Africa subsahariana, más que el meramente sahariano; unos grupos, estos, que el lector puede conocer en F. Iniesta (1989 y 1992). En concreto, las tradicionales culturas africanas que se desarrollaron durante milenios en el espacio geográfico "sudanés" , cuyo eje iría desde el lago Chad hasta las tierras bañadas por las aguas más septentrionales de los ríos Senegal y Níger. Una doble y disímil influencia ésta, norte-sur, que es la que ha estado mediatizando, siempre de forma distinta según la época y las circunstancias, los distintos procesos de etnogénesis fraguados históricamente en torno al latente núcleo clásico de la cultura Amazigh. Sin olvidar que los rasgos y/o componentes fundamentales para describir este clasicismo cultural hay que irlos a buscar, obligatoriamente, tan pronto a las Islas Canarias como a Timbuctú o Gao, o al Hoggar, el Tassili, el Air, la Kabilia, el Rif, Bilma, Egipto o tantos otros lugares de Africa.

Por eso, la actual lucha canaria tiene sus referentes más cercanos en Senegal o entre los bachama de Nigeria, algunas cerámicas de Gran Canaria recuerdan las de la Kabilia argelina, el dios achamón de los guanches se vincula al amón egipcio, el tifinagh de la isla del Hierro tiene su parangón vivo y moderno en el Hoggar y otros lugares del Sahara, la cueva pintada de Galdar en Gran Canaria tiene parecidos motivos decorativos que algunos fondos ante los que habla el líder libio Gadaffi (triangulares en rojo y negro), Bilma es un topónimo del Níger y de Tenerife, o, para acabar, la isla de la Gomera, el peñón español frente a la costa marroquí de nombre Vélez de la Gomera y la tribu rifeña de los Gomara (de las estribaciones del Rif) están extrañamente hermanados. En todos los casos mencionados, obviamente, se está aludiendo a elementos culturales de filiación amazigh suficientemente contrastados.

Guillermo Alonso Meneses licenciado en Geografía e Historia, especialidad Antropología Cultural, y es Doctor en Antropología Social.Antropólogo, traductor y escritor. Es miembro del consejo de redacción de la revista "Studia Africana" desde 1992, en calidad de antropólogo cultural y asesor en cuestiones Magrebíes, de las Islas Canarias y de africanismo latinoamericano. Coordinador del grupo de trabajo e investigación del "Magreb-Norte de Africa e Islas Canarias" como miembro investigador del CEA (Centro de Estudios Africanos de Barcelona). Tiene publicados varios artículos y ensayos sobre los beréberes y otros temas de antropología.