EL LIBRO DE LA SABIDURÍA DE IBN ATALLÁ: SEGUNDA SENTENCIA

Categoría: Libro de la Sabiduria de Ibn Atallá

Comentado por Ibn `Ayiba


SEGUNDA SENTENCIA

Capítulo que trata acerca de la Tajlía y la Tahlía
Tasháwwufuka ilá mâ bátana fika min al-'uyûb
Tu atención a los defectos que hay ocultos en ti
Jáirun min tasháwwufika ilá mâ hayaba 'anka min al-ghuyûb
Es mejor que tu interés por los secretos que no se te muestran.

La atención o expectativa es interés por algo, un insistente asomo con el que se quiere acceder a algo difícil de obtener en principio.


Tu interés en descubrir los defectos que hay ocultos en ti, como son la envidia, la arrogancia, el amor a la gloria, o al poder, la preocupación obsesiva por la subsistencia, el temor a la pobreza, el ansia de notoriedad, y demás insuficiencias, tu interés por descubrir tales defectos y analizarlos, tu esfuerzo por librarte de ellos, es mucho mejor que el interés que sientes por asomarte a los secretos de la existencia a los que se llama ghawâmid at-tawhid, o Vaguezas de la Unidad, pues a ese universo unitario no puede uno asomarse hasta no haberse hecho merecedor y ser facultado por su propia habilidad que lo hace capaz de asimilar correctamente esos saberes sutiles y difíciles.


Y es porque tu asomo a tus defectos ocultos vuelve a dar vida al corazón y te asegura un rango alzado junto a Allah y un placer permanente, mientras que, a éste nivel, tu interés por los secretos del Tawhid no es más que curiosidad, un interés que podría incluso ocasionarte la ruina de tu universo interior al orientarte hacia la arrogancia en lugar de hacerte humilde, haciéndote creer que eres distinto de la gente. Más adelante, el Shaij hablará de los peligros de éstas ciencias que pueden convertirse en causa de una discordia (fitna) indeseable que arrastra al mar de la desgracia ).


Has de saber que los defectos o insuficiencias son de tres tipos. En primer lugar están los defectos del ego . En segundo lugar están los defectos del corazón . Y por último, están los defectos del espíritu . Los defectos del ego nacen de la dependencia respecto a las inclinaciones del cuerpo, como el afán obsesivo por procurarse buena y abundante comida, bebida, vestimentas, cabalgaduras, casas y satisfacciones sexuales, y otros semejantes. Estas dependencias obsesivas esclavizan al ser humano impidiéndole pensar en otras cosas al ocupar todo su tiempo y agotar sus esfuerzos. Los defectos del corazón nacen de su dependencia de los apetitos cordiales (ash-shahwât al-qalbía), como el amor a la gloria, el amor al poder y la notoriedad, la arrogancia, la envidia, el rencor, etc., todos los cuales producen satisfacciones que complacen al corazón, no al cuerpo. En tercer lugar, los defectos del espíritu son los relacionados con desviaciones que acompañan a los acontecimientos interiores, como el buscar los carismas ), preocuparse por el rango que se tiene ante Allah ansiando uno más elevado (maqam), desviar el deseo hacia los alcázares y las húries del Yanna ...


Todos éstos apetitos destruyen la posibilidad de realizarse en lo esencial que es la absoluta dependencia y sujeción a Allah ('ubudía). Esto es lo único que debe mover al aspirante (murid). Lo único que debe preocuparle es satisfacer los derechos de su Señor (huquq ar-rubûbia). Ocuparse en corregir sus defectos, que lo apartan de esa realización, descubrir los intereses que lo apartan de Allah, como sus insuficiencias al nivel del ego, el corazón y el espíritu, y purificarse para servir sinceramente a su Señor, es mucho mejor para él que los conocimientos ocultos ('ilm al-ghuyûb) que son los secretos de la unidad de la existencia.


A este proceso se le denomina Tajlía, que significa desnudamiento. Sólo una vez completamente desnudo ante su Señor puede empezar a revestirse de las cualidades nobles, que son las opuestas a los defectos anteriores. Pero ese será el tema de la siguiente sentencia.