ISLAM Y AL-ANDALUS

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ARQUITECTURA Y URBANISMO DE TOMBUCTÚ

Tombuctu

A fines del siglo XVI un ejército marroquí mandado por un andaluz de Cuevas de Almanzora, Yuder Pachá, atravesaba el Sáhara enfrentándose al imperio Askia en 1591 en la batalla de Tondibi, junto al río Níger, cerca de Gao, en el actual Mali.

 

RAFAEL LOPEZ GURMAN y JOSE BIGORRA

Esta conquista tendría consecuencias políticas de primer orden en el Mediterráneo de la época. El aporte de materias primas y de oro fundamentalmente, harían de Marruecos una potencia de primer orden en el ajedrez político-militar del momento. No obstante, aparte de la repercusión en la historia general, la epopeya toma para nosotros unas dimensiones inesperadas si entendemos que el grupo mayoritario de estos conquistadores eran moriscos andaluces con los que <<...se filtraban vislumbres y migajas de la técnica occidental...>> suficientes para marcar una diferencia cultural entre los estados del Sudán y Marruecos similar a la establecida entre este país y Europa, según Domínguez Ortiz y Bernad Vincent. Por lo demás, estos moriscos no fueron bien recibidos en Marruecos, <<... llegaban con sus vestidos a la española y hablando castellano; mezclaban sus nombres y apellidos cristianos con los arábigos; su fe musulmana les merecía tan escasa confianza que los llamaron los cristianos de Castilla, y aunque esto fuera efecto de la malevolencia, si es cierto que algunos moriscos se confesaron allí cristianos y sufrieron martirio>>. Por ello, junto a todas las hipótesis históricas cabría la romántica de intentar, estos expulsados de forma voluntaria o forzosa, crear una nueva Andalucía más allá de la aridez sahariana en torno al río Níger como nuevo Guadalquivir.

Los protagonistas de la conquista establecieron unas estructuras políticas sólidas que permitieron el dominio de la Curva del Níger por sus descendientes al menos hasta el imperio peul de Masina (1833). Ellos se casaron con mujeres de la aristocracia local y acabaron por adquirir el color y las costumbres de la población autóctona, conservando una hegemonía local y de clase hasta prácticamente la actualidad.

Tras la caída de los Askia, Yuder Pachá, decidirá instalar la capital del nuevo territorio en Tombuctú, renunciando a Gao, centro del poder sonhrai, debido a su mal clima que había ocasionado la muerte en 15 días a 400 de sus hombres.

Tombuctú, <<la misteriosa>>, estaba ya considerada como una ciudad mítica con un desarrollo urbano importante aunque sin llegar al volumen indicado en las distintas crónicas que aseguran la presencia de 100.000 habitantes. Ciertamente las escuelas coránicas reunidas en torno a la mezquita de Sakore y el convertirse en ciudad en el punto de unión de todas las rutas comerciales saharianas evidencian un gran esplendor. No obstante, a partir de un balance pormenorizado de su extensión, número de edificios y actividades actuales, considerándolas como vestigio de ese pasado esplendoroso, se puede apreciar con absoluta precisión que tales afirmaciones, en cuanto a la envergadura que llegó a alcanzar, están considerablemente exageradas, salvo que estudios arqueológicos demuestren lo contrario.

Tombuctú, por su situación estratégica, en la parte noroccidental de la Curva del Níger, pasó a tener un papel preeminente especialmente a partir del siglo XIII, como capital comercial y cultural primero y como capital política del imperio mandingo o malinké después. En sus siglos de esplendor, del XIV al XVII, constituyó el punto de convergencia de las tres grandes rutas (oriental, central y occidental) por las que se desarrollaba el tráfico comercial entre el Africa del norte y el África subsahariana. Por todas estas razones resulta lógicas la elección de Tombuctú como capital, frente a Gao, que era la capital política del imperio sonrhai.

Por otro lado, allí estaban establecidas las importantes familias de jurisconsultos que habían hecho de la ciudad un centro del saber islámico parangonable a Fez o El Cairo, los cuales habían dominado, incluso, al imperio Askia antes de la llegada de los marroquíes. Estos, que en un principio fueron sometidos a purgas y exilios, se constituyeron a la postre en mediadores entre los grupos conquistadores y, por tanto, en un grupo social influyente en el nuevo organigrama político. En este sentido, los nuevos dominadores encontraron apoyo no sólo en buena parte de los letrados y de la clase comerciante, muchos de ellos de origen norteafricano, sino también en una parte significativa de la nobleza sonrhai, encabezada por el askia Ishaq II. La casta de los Armas proviene precisamente del matrimonio de las hijas de la nobleza sonrhai con jefes con jefes del ejército hispano-marroquí.

Cuando los Armas llegaron a Tombuctú ésta se encontraba en su apogeo de desarrollo urbano. Numerosas casas que respondían a una cerca de adobe muy baja permitiendo ver el interior y englobando cabañas de paja, se estructuraban alrededor de las tres grandes mezquitas de Sankore, Djinguereber y Sidi-Yahya definiendo su morfología. En el norte de la ciudad estaba el arrabal de Abaradiou que servía de caravanserallo a los viajeros del Maghreb. Al oeste, en la zona que sufría periódicamente las inundaciones del Níger, la vegetación era bastante densa por lo que tradicionalmente se le aplicaba el término de <<bosque>> (Ghaba). Al sur Tombuctú miraba hacia el puerto de Kabara, punto de unión con el Níger, donde los mercaderes realizaban cada día los intercambios pertinentes. Por fin, hacia el este estaba el barrio de Sané-goungou donde los ricos comerciantes de Ghadamés tenían sus residencias.

Cuando Yuder Pachá, de vuelta de Gao, tras la batalla de Tondibi, acampó al este de la ciudad, debió comprender, según Michel Abitbol, la importancia estratégica del barrio de Sané-goungou que dominaba el camino hacia Kabara. Fundamentalmente, por esta razón, según el investigador citado, Yuder debió levantar la kasba de los recién llegados.

Destruida bajo Shaykhu Ahmadu, ningún vestigio queda de esta ciudadela marroquí, hasta el punto que su emplazamiento incluso no puede establecerse con certeza.

Según la versión de H. Barth que parece ser la más fundada, la kasba se encontraba en Sané-goungou y se llamaba <<Tombouctou-Koy Batoma>> o el <<barrio de los jefes de Tombuctú>>, lo que podría perfectamente aplicarse al lugar de residencia de los Pachás.

Poco se sabe sobre el aspecto que debía presentar la kasba. Todo lo más que estaba rodeada por un muro interrumpido por dos puertas: la del Mercado y la de Kabara. En el interior se disponían distintas arquitecturas entre las que destacaban el Mexuar del pachá, la mezquita de la kasba, las caballerizas, un almacén para el grano, una prisión y una plaza pública donde estaban dispuestas las piezas de artillería traídas por Yuder al Sudán.

En los primeros momentos de la ocupación, los soldados no vivían en el interior de la ciudad, sino en campo, en el extrarradio protegidos por la kasba a los que regresaban al caer la noche, estándole prohibida su circulación por el interior. Una vez asentado el poder Arma, los soldados comenzaron a establecerse dentro de los límites de la ciudad configurándose a mediados del siglo XVII barrios exclusivamente Arma. Situados todos en el sur de Tombuctú, estaban de oeste a este los barrios de Djinguereber, de Alfasin-Kounda y el de Sarakeina. Algunas familias Arma habitaron también cerca de Sidi-Yahya y en Badjindé mientras que Sankore quedó como el barrio de las grandes familias de los jurisconsultos. En el norte y el este se extendían los barrios de cabañas de paja, ocupados por los artesanos, los esclavos y la población flotante.

Se trataba, por tanto de una estructura urbana que respondía a la situación político-social existente. Los barrios atendían a agrupamientos étnicos y gremiales como cualquier ciudad del medievo europeo. Sólo existirán dos lugares comunes: el gran mercado y la kasba como centro de poder. Por lo demás, cada barrio tendrá un funcionamiento independiente con sus propios mercados, que excluyen la presencia de personas ajenas con excepción de los Sharifs o ulemas, pozos, hornos y asociaciones de procumun que fueron los verdaderos apéndices ideológicos que mantuvieron el sistema en los momentos de crisis y vacíos de poder.

Las luchas intestinas entre los distintos grupos del ejército invasor, así como la formación de una aristocracia militar van a consolidar lazos entre la población que se plasman en la distribución urbana. De esta forma, a principios del siglo XVIII están ya perfiladas tres grandes familias con sus respectivos asentamientos en la ciudad.

Se trata de los Tezerkini, los Mubarak-al-Dar’i y los Za’eri. Estos linajes poseían muchos poblados y altas rentas, habitando con sus allegados en barrios concretos que llegarán a identificarse con ellos. Así, los Tezerkini ocuparán el barrio de Alfasin-Kunda; los Mubarak-al-Dar’i el de Sarakeina; y los Za’eri los alrededores de la mezquita mayor o Djinguereber.

La vida religiosa se estructuraba en torno a las tres grandes mezquitas de Djinguerever, Sankore y Sidi Yahia, aunque no eran estas los únicos elementos culturales. Otras mezquitas serían las de Al-Hana, la de Kalidi y la de Algoudour Djingareye.

La mezquita de Djinguereber es la más antigua de las existentes en Tombuctú. Fue edificada por el emperador Kankan Musa a su regreso de la Meca en 1325. De allí trajo consigo al arquitecto granadino Abou Ishaq’Es Saheli Al Touedjin. La construcción se acabo en 1330. Posteriormente fue enteramente reconstruida por el Imán El Aguib, cadí de Tombutú, quien añadió toda la parte sur entre 1570 y 1583. El muro exterior del cementerio situado al oeste fue también añadido por el Imán citado, quien autorizaba, durante las carestías, a los necesitados, a romper el muro y utilizar el adobe y las piedras del mismo para comprar alimentos. La mezquita posee tres patios interiores y dos alminares: uno central que domina toda la ciudad y otro menor flanqueando la fachada este. La sala de oración está centrada por el mihrab con repercusión arquitectónica exterior y, junto a él, el mimbar que se eleva sobre cuatro escalones.

El interior comprende 25 órdenes de pilares en el sentido norte-sur y 8 órdenes en el sentido este-oeste. Los muros están recubiertos de un enlucido amarillento dejando ver sobre ciertos paños motivos decorativos en bajorrelieve e inscripciones votivas. Esteras de paja cosidas sirven de alfombra de oración. La fábrica está construida con adobe y cascotes de piedra aglutinados por barro. La cubierta se cierra con una estructura de troncos de palmera sobre la que se extienden una serie de alfombras de palma que soportan la amalgama de barro que completa el conjunto.

La mezquita de Sankoré, situada en la parte norte de la ciudad, fue construida en el siglo XV durante el último período del imperio mandinga (1325-1433). Entre 1578 y 1582 esta mezquita fue enteramente reconstruida bajo el reinado del Askia Daoud, por el imán El Aguib, entonces cadí de la villa. El le dio las medidas de la Kaaba después de haberla medido con un cordel durante su peregrinación a la Meca en 1581. Un siglo después el alminar se hundió y fue repuesto.

La mezquita tiene forma cuadrangular. La sala de oración se conforma con cuatro grandes naves paralelas al muro de la quibla. Esta se abre a un gran patio que funcionó como aula en los tiempos de esplendor de la universidad. En el ángulo sureste existe otro pequeño patio.

La mezquita de Sidi Yahya fue edificada en 1400 por el marabout Cheikh El Moktar Amaya, en espera de un santo que debía, según las predicciones, venir a ocuparla. Cuarenta años más tarde, un cherif de nombre Sidi Yahia. El Tâdilissi, habiendo atravesado el desierto se presentó reclamando las llaves. El jefe de la villa, Mohamed Naddah, lo nombraría imán. Murió en 1470 y es uno de los santos más venerados de Tombuctú.

El santuario fue restaurado e 1577-1578 por el Cadí El Aguib. Posteriormente en 1939 fue desfigurado el conjunto por la transformación del alminar en torre almacenada y la portada en estilo ojival. La sala de oración estructura tres órdenes de columnas en sentido norte-sur. A ella queda unida la madraza del mismo nombre. El alminar primitivo está conservado en el interior y bajo él está enterrado Sidi Yahia. El primer gran patio al sur fue enteramente transformado en cementerio y está actualmente inutilizado, ocupado parcialmente por el nuevo alminar. El patio actual, en el norte, sirve para la oración y allí reposan los restos de algunos imanes en una pequeña tumba flanqueada por la casa del guardián. Un pequeño patio exterior contiguo al santuario sirve de lugar de lectura durante las fiestas de Maouloud. Esta mezquita es la mejor conservada entre las grandes de Tombuctú; no obstante algunas dependencias están en ruinas y necesitan restaurarse.

Aparte de las mezquitas son numerosos en Tombuctú los cementerios y mausoleos. Estos últimos son especialmente abundantes por el elevado número de santones que se cifran en 333, los cuales eran enterrados junto con su grupo de seguidores.

Entre ellos destacar los de Sidi Mahmoudou Ben Omar Aquit, Al Aguib ben Mahmoud, Sidi Mouhammad Boukkou, Cheikh Alpha Moya Lamtonué, Sidi Khiyar, etc. La mayoría de estos santones fueron profesores de la universidad de Sankore o de los distintos colegios de la ciudad. Sus mausoleos constituyen lugares de devoción y guardan, según la creencia popular, los cuatro puntos cardinales.

Especial interés dentro del conjunto urbano de Tombuctú va a tener la arquitectura civil. Esta no va a responder como el conjunto de mezquitas al estilo sudanés sino que en ella vamos a encontrar diseños con propuestas arquitectónicas racionalizadas y tendentes a un <<clasicismo>> esquemático conseguido mediante el empleo de las técnicas tradicionales de adobe y cubiertas de elementos vegetales. Pese a su sencillez el resultado es monumental máxime si atendemos a su situación geográfica y lo precario del medio.

La construcción de la mayor parte del conjunto de estas viviendas monumentales se sitúa en los inicios del sigl XVIII, momento altamente conflictivo entre las distintas familias Arma. De ahí que el tratamiento en dos pisos de estas viviendas, antes que responder a intereses de prestigio, sirvan a una función defensiva.

Estas fábricas se organizan en planta en torno a un patio abierto con dos galerías conformadas con arcos sobre pilares. A él se abren las distintas habitaciones con sus funciones concretas. Este espacio abierto se precede de un zaguán desde donde arranca la escalera que asciende al piso superior.

El alzado se realiza mediante muros de adobe que aumentan su grosor cuando existe el piso superior. Estos muros de carga carecen prácticamente de vanos con excepción de las puertas. En la fachada, pilares y arcos interiores se suele emplear el Lahore. Se trata de un tipo de piedra arenisca muy blanda que es exclusiva de esta zona. Con ella se forman sillares que otorgan una gran dignidad a la construcción. Las cubiertas se conforman con vigas que sirven de base a una serie de esteras de palmito para concluir con adobe y barro. En la actualidad, no obstante se emplean ladrillos cocidos.

Las fachadas mantienen fórmulas simétricas con portadas en el centro y pilares de pseudo orden toscano que marcan las calles y la estructura del conjunto. En el piso bajo no suelen existir vanos; en cambio, en el superior individualizado mediante una cornisa sí aparece algún hueco, siempre distribuido simétricamente. El suelo de las habitaciones está cubierto de fina arena.

Respecto a los elementos decorativos diremos que están, en general, ausentes del conjunto arquitectónico. Sin embargo vamos a observar cómo en las pilastras se marca un pequeño collarino intentando individualizar lo que sería el fuste del capitel. Igualmente en la continuación del alzado distintos salientes marcarán la estructura clásica de un entablamento e incluso se atreverán a plantear cornisas denticuladas o con pico de gorrión. A veces en algunos de los patios más acabados se limita a la terraza superior con balaustres torneados realizados en adobe. Pese a estos elementos ornamentales introducidos en la arquitectura lo más vistoso de estas casas serán sus puertas y ventanas. Estas se cierran con celosías de madera o adobe que presentan estilizados diseños de estrella de ocho entrelazada o arcos de raigambre islámica.

Respecto a las puertas de madera constituyen uno de los elementos distintivos de la ciudad. Las puertas son llamadas “Al Galim” es decir clavos en árabe. El nombre deriva de los numerosos adornos realizados en hierro templado en estaño para no enmohecerse. Los ornatos denominados <<tchégourous>> responden a nuestras alguazas, clavos, así como distintas formas geométricas recortadas sobre paños generalmente rojos. A ellos se le añaden las cerraduras monumentales. Estos elementos serían de inspiración directamente marroquí, aunque corresponden a un léxico artístico común a todo el Islam occidental donde no podemos olvidar la inclusión de las tradiciones mudéjares y moriscas de la Península.

En cuanto a su funcionamiento tendríamos que destacar el zaguán , lugar donde las mujeres, las niñas y los niños tienen su estera pasando buena parte del día a la vez que reciben al visitante y avisan al jefe de la casa de su llegada. Estos vestíbulos tienen la particularidad de presentar en su centro un amplio pilar con una doble función. La primera de soporte del piso superior y la segunda la de impedir que el patio sea visto desde el exterior, salvaguardando, de esta forma, la intimidad familiar.

El patio se constituye en el centro de la vida familiar. Como decíamos suele tener dos pórticos en los laterales de entrada y de fondo. Estos se conforman con arcos de mediopunto o apuntados sobre pilares. En las casas señoriales antiguas se pueden distinguir el patio del jefe, el patio de las mujeres y el patio de los esclavos. Al patio darán las habitaciones tomando de él la luz y el aire. También se sitúan los almacenes del jefe, las habitaciones de los esclavos y las de las mujeres junto a su almacén particular.

El piso superior nunca suele estar bien estructurado y su realización supone unos gastos constructivos importantes al tener que aumentar el grosor de los muros. Por ello, este elemento se convierte en un signo exterior de riqueza. Se asciende a él por unas escaleras adosadas al muro que parten del vestíbulo y suelen estar cerradas con una puerta. Este espacio superior está reservado para el jefe siendo ocupado por su habitación, un salón previo y el cuarto de baño, los cuales ocupan la mayor parte del mismo. La habitación principal da sobre la calle siendo iluminada y aireada por ventanas que abren al exterior. Aquí recibe el dueño de la casa a sus visitantes, bien en el salón o en su habitación.

Esta zona se completa con una amplia terraza que, en ocasiones, se abre con un pórtico que repite el sistema de arcos del piso inferior. Este será un lugar de tertulia entre la familia o con los amigos.

En ella se pasa la noche en la estación cálida. La terraza se encuentra ligeramente inclinada para desalojar el agua de lluvia. Para ello existen unas grandes gárgolas de madera o cerámicas que permiten alejar lo más posible el agua del paramento evitando que esta erosione el adobe.

En la actualidad, aproximadamente un tercio de estos majestuosos y solemnes edificios están en ruinas, desocupados por cuestiones de seguridad o parcialmente habitados. El volumen de edificios y las magníficas y bellas fachadas de este centro histórico ponen de manifiesto la existencia en el pasado de una pujante burguesía urbana.

Ahora bien, según las noticias que tenemos las casas con piso superior se comienzan a realizar en los primeros años del siglo XVIII con una finalidad defensiva atendiendo al progresivo deterioro de relaciones entre los distintos grupos Armas. Ante esto tendríamos que puntualizar dos cuestiones: en primer lugar que si la función fuera meramente defensiva proliferarían más los vanos del piso superior aunque no aumentaran la amplitud y, en segundo término, que a sus constructores no les hubiera importado en absoluto el interior que, por el contrario, responde a un diseño bien organizado y ornamentalmente resuelto.

Estos habitantes de Tombuctú que construyen el piso superior en estos primeros años del siglo XVIII debieron de hacerlo sobre solares ya ocupados, temiendo que se tratara más de una reforma que de una estructura de nueva planta y, evidentemente, seguirían modelos más o menos ideados en construcciones anteriores.

No sería aventurado por tanto pensar que esos modelos que se siguen estuvieran en la kasba del Pachá, donde un siglo antes se habían edificado una serie de espacios con dos funciones concretas: defensiva y de prestigio; finalidades que eran ahora buscadas por los nuevos constructores. Por tanto, planteamos la hipótesis de que la kasba va a ser el modelo arquitectónico que nos permite trazar una línea ininterrumpida entre las construcciones de la primera expedición conquistadora y el actual casco histórico de Tombuctú.

La segunda cuestión sería estudiar el origen de estos diseños. En principio, pese a que parece demostrada la mayoría de andaluces entre los conquistadores, hemos de pensar que las influencias arquitectónicas estarían más directamente relacionadas con la geografía circundante y con Marruecos, del que de una forma más o menos clara dependían políticamente.

En cuanto a la zona más cercana, en las conocidas ciudades de las caravanas de Mauritania (Walata, Tisit y Wadan), podemos apreciar, a través del magnífico trabajo de José Corral, la escasa relación entre esta arquitectura y la de Tumbuctú. La estructura de sus viviendas responde a la conjunción de estancias con funciones precisas en torno a un patio pero sin un plan regulador y con ausencia de fachada. En el proyecto de las mismas destaca la ornamentación de las estancias internas que recurren a formas vegetales y geométricas pintadas.

Incluso Corral reconoce la diferencia de la arquitectura de Walata y Tombuctú o Yene, señalando que el ornamento de sus casas testimonia sin duda la influencia en tan apartado rincón de las grandes corrientes artísticas del Islam medieval.

Esta arquitectura hacia el interior es la fórmula común a todo el mundo islámico, algo no extraño si entendemos la continúa referencia de los habitantes de estas ciudades mauritanas respecto a su fundación, siempre relacionada con la gran historia musulmana y las dinastías árabes y beréberes de Oriente y Occidente; <<aspiración naturalmente sentida por estas comunidades instaladas en el desierto para avanzadilla comercial del Islam mediterráneo hacia el bilad al-sudán al cabo de tan vasta como desolada playa meridional y, no debe olvidarse, ingrediente utilísimo en su afirmación de personalidad árabe frente a la cultura que por allí tengan de los Negros>>.

En cambio si es común con Tombuctú la función del piso alto como lugar reservado al padre aunque también se usa para almacenamiento de grano o dátiles. Esta función contrasta con la empleada en Marruecos o en el mundo egipcio donde esta zona es la más reservada de cualquier casa, siendo, por lo general el aposento especialísimo de las mujeres. Corral piensa que esta función estaría en relación con el Marruecos saadí con sus aposentos en voladizo sobre la calle destinados a sala de recepción para hombres.

En cuanto a Marruecos propiamente dicho, sí encontramos casas con diseños predeterminados pero que tampoco podemos relacionar con las de Tombuctú. La existencia de un patio no es más que un elemento común a todo el Mediterráneo y, por extensión, a todas aquellas zonas geográficas con clima similar. Ahora bien, ni la estructura de los patios ni los alzados estarían relacionados con Tombuctú. En Marruecos los pórticos de los patios se estructuran como espacios adintelados sobre columnas o pilastras extremas, presentando, en cambio, arcos angrelados o lobulados en las puertas de entrada a las estancias. Esquema este que se repite en el piso superior. Además, las estancias principales se suelen abrir con puertas de doble hoja, frente a las de Tombuctú que sólo lo hacen con una. Por último, reseñar que las casas marroquíes, excepto en soluciones palaciegas, no elaboran fachada, frente a las que tratamos que presentan un cuidado diseño de las mismas.

Descartadas, en general, las hipótesis que relacionarían la arquitectura de Tombuctú con la Mauritania y Marruecos, tendríamos que dibujar la hipótesis andaluza. Recordemos que un grupo importante, el que más, de estos conquistadores procedían de Andalucía. Las circunstancias de esta región en el siglo XVI en el horizonte artístico son suficientemente conocidas. El intento de castellanizar, rompiendo con el pasado musulmán, el territorio recién conquistado llevaría a las distintas instituciones del Estado a realizar unas elevadas inversiones capaces de dotar las distintas ciudades del sur. A su vez, el clasicismo de procedencia italiana se generalizaba como estilo imperial y la región se llenaría de complejos palaciegos y señoriales que exhibían portadas, interiores y decoraciones del más puro renacimiento mezcladas con la pervivencia mudéjar y algunos resabios góticos que se irían eliminando a lo largo del siglo.

Esta mezcla cultural dominada por el clasicismo que es capaz de acoger las más diversas actitudes artísticas, sobre todo a partir del Manierismo, va a convertirse en un lenguaje universal siendo apto para la expresión de poder de los más variopintos estamentos sociales. Esta cultura es, sin duda, la que poseen los moriscos que son expulsados, primero de Granada y, después, de toda la Península; y ésta es la cultura que exportan y que les relacionará con sus orígenes.

Por ello, creemos que la kasba que organizan los conquistadores no es más que un proyecto clasicista amurallado que funciona dentro de un horizonte ideológico de prestigio que será mantenido hasta su destrucción y que será el modelo de las casas que edifican los nobles Armas en otros barrios de Tombuctú.

No hay duda del clasicismo de estos organismos. Las fachadas se organizan en dos cuerpos separados por entablamento, situando pilastras donde distintos salientes marcan las partes de la misma y, en la zona superior, los vanos se distribuyen simétricamente siguiendo el esquema impuesto por las pilastras. Por último, aleros con dentículos o picos de gorrión marcan su ascendencia estilística. Un clasicismo basto, falto de proporción medida pero presente en el espíritu de los constructores.

Continuemos con el interior. El zaguán no va a significar como en la casa musulmana la ruptura del diseño, el divorcio entre la fachada y la zona interior sino que la solución de situar un pilar en el centro resuelve la dicotomía entre la forma de vida musulmana y la simetría del proyecto renacentista, permitiendo la intimidad familiar sin romper el proyecto arquitectónico. En las casas musulmanas se sitúan las puertas de entrada y salida al patio en distinto eje, reservando el interior de las miradas del paseante o del imprevisto visitante. Lo mismo sucede en el desierto mauritano, donde no ignoran el pilar como elemento constructivo que es usado en la estancia principal para duplicar su ancho condicionado por el largo de los troncos empleados.

En el patio, el clasicismo sudanés llega a su más altas cotas. Generalmente sólo presenta dos pórticos a la entrada y al fondo del mismo. Algo similar sucedía, por lo general, en la casa hispanomusulmana. Pero la estructura recoge el tema del arco que si bien no era desconocido en la arquitectura musulmana se solía reservar para construcciones palaciegas, con formas angreladas o lobuladas, no siendo por tanto una solución genérica con relación al conjunto de las construcciones. En Tombuctú la arcada será de mediopunto o apuntada, resaltando en ocasiones la clave, apeando sobre pilares, donde se define el capitel, o pilastras extremas embutidas en el parámetro que permiten vislumbrar la huella de su respectivo capitel. Sobre estos elementos se componen las pilastras que soportan el piso superior y enmarcan el recorrido de los arcos. La solución raya la más correctas realizaciones italianas sin atender a proporciones.

En el piso superior, los desarrollos son más pobres aunque no faltan ejemplos donde se repiten las arcadas inferiores. Destaquemos, no obstante, en la terraza los balaustres torneados que limitan el espacio totalmente relacionados con los palacios andaluces.

En cuanto a los elementos decorativos pensamos que estaríamos más cerca del mundo marroquí y mauritano. Formas de alvéolos triangulares que, a veces, constituyen las balaustradas de los patios las encontramos en Walata, Tisit y Wadan. Corral señala que los alveolos triangulares y la espina de pez se asocian a la arquitectura del ladrillo o de la piedra empleada como tal. “Ejemplos españoles de la misma los exhiben las torres de Santa María de Ateca, iglesia de Belmonte y la de San Pablo de Zaragoza, muestras más arcaicas del arte mudéjar aragonés, concomitante de la arquitectura siculonómada; el motivo aparece también entre las poblaciones beréberes del Atlas marroquí: en sus tapices y en su arquitectura de piedra; al otro extremo del mundo árabe usan de él asimismo y con igual riqueza combinatoria que en Mauritania las viejas mamposterías yemeníes...”.

Igualmente, las puertas, orgullo de los habitantes de Tombuctú, elaboran un repertorio ornamental de clavos, llamadores y cerraduras que es común a Mauritania y Marruecos. Corral, al referirse a estos elementos presentes en Walata, los sitúa como característicos de la arquitectura musulmana, encontrando análogos herrajes “...sobre las puertas antiguas del Yemen y la isla de Zanzíbar, las de Tombuctú y Yene, o las de Toledo y Granada. Difundido el uso de los clavos ornamentales en España durante la Edad Media, piénsase que a resultas de la influencia musulmana, su presencia constituye también el adorno principal de la puerta magribi, aunque cuando destacan por la belleza del arabesco los de Túnez, como asimismo los llamados marroquíes...”.

Tendríamos que hablar, por tanto, de un vocabulario común dentro del Islam occidental con claras repercusiones en el mundo mudéjar y morisco, pero que en el caso de Tombuctú hemos de buscar sus influencias en la zona geográfica más cercana que, en este caso, sería Mauritania y Marruecos, aunque sus artífices no ignorarán las realizaciones españolas. Evidentemente, los constructores eran conscientes de lo que significaban estos elementos como significadores de su linaje. Así, por ejemplo, las alguazas no sirven para sostener la puerta que es soportada por un eje de madera sino que son solamente elementos decorativos. Lo mismo podríamos decir de las celosías de madera o adobe que cubren las ventanas superiores con temas de lazo de ocho y arcos mixtilíneos.

Entre las casas conservadas las más conocidas aunque no sigan en su interior con toda precisión la tiplogía expuesta son las que habitaron los exploradores europeos que visitaron Tombuctú en el siglo XIX: Gordon Laing (1826), René Cailleé (1828), Heinrich Barth (1853) y Oscar Lenz (1880). Estas están consideradas monumentos históricos dentro de la ciudad, presentando en su fachada placas conmemorativas de sus ilustres moradores.

El interés de esta arquitectura se incrementa cuando observamos las precarias condiciones con que fue construida y su proceso de mantenimiento. La construcción en adobe fundamentalmente y la configuración de un gremio de albañiles que permiten el continuo remozamiento de las viviendas permite, pese a las continuas intervenciones, encontrar en la actualidad los diseños originales de estos magníficos ejemplos de lo que sería el Clasicismo Sudanés.

Parece ser que la técnica del adobe que utiliza piezas realizadas con tierra seca nació en Yene y de allí se extendió a toda la curva del Níger. En Tombuctú se produciría una concentración de albañiles cuando en el siglo XV el emperador sonharai Askia Mohammed reunió a 500 para participar en la restauración de las mezquitas de su imperio. En nuestros días sus descendientes son numerosos en Tombuctú donde viven en corporación con sus reglas propias. Cada familia tiene su albañil y ningún otro puede intervenir en sus casas. Antiguamente, el oficio era específico de una casta pero hoy está abierto a todo el mundo. Hay que aceptar, no obstante, sus tradiciones y ritos, necesitándose de un aprendizaje, por no decir una iniciación. Cuando comienza una obra el comitente pone un salario, ofrece la comida, la kola y cigarrillos al maestro, a la mano de obra y a los aprendices. El jefe se coloca un sombrero ancho, símbolo de su competencia y de su temor (se dice que sí el muro se cae se convierte en un lagarto). Se realizan primero los cimientos de 60 centímetros a dos metros de profundidad y 80 centímetros de espesor. Se llenan de adobe o de piedras de Lahore que no son más fuertes que el adobe. Erosionados por el agua, los roedores o la carcoma estos cimientos necesitan repararse cada dos años.

El adobe se puede moldear sobre el sitio o comprar ya hecho. El muro suele tener de 60 a 80 centímetros de espesor en la base para irse estrechando hasta los 40 centímetros. Frecuentemente los pilares de la fachada, los que soportan el piso superior (entre ellos el del zaguán) y las jambas y dinteles de las puertas son de piedra de Lahore. Las piedras son talladas a golpe de cuchillo y enlucidas con adobe o cemento. Este enlucido reduce los agujeros de penetración en el interior de escorpiones, roedores o serpientes. Se puede adornar la fachada exterior con piedras trabadas, con adobe o cemento. Raros son los muros realizados esencialmente en piedra, cuando esto sucede no tienen más de 40 centímetros de espesor. Todos los años después de la estación de lluvias como una ceremonia ritual todos los miembros de la familia enlucen la fachada. Remodelada, revitalizada los muros están en continuo devenir.

La piedra de Lahore es típica de la arquitectura de Tombuctú, siendo muy demandada tanto por sus valores estéticos como por su ligereza. Las canteras, explotadas en la actualidad, se sitúan entre 10 y 80 kilómetros al norte de la ciudad. Pequeños montículos calcáreos realizados por hormigas indican su presencia entre 30 centímetros y dos metros de profundidad. Cada cantera funciona con unos diez obreros que obtienen entre 90 y 100 bloques diarios, obteniendo como salario, en la actualidad unos 500 cfa. Los riesgos derivados del derrumbe de la zona excavada y la presencia de escorpiones y serpientes hacen que este oficio sea peligroso lo que contribuye al encarecimiento de la piedra. Aproximadamente el precio en cantera es de 30 cfa la pieza a lo que habría que sumar otros 5 cfa por el transporte.

Cuando se llega a la techumbre o a los vanos de la edificación, otros profesionales participan en la construcción: los carpinteros. Los más antiguos forman una sola familia Jamai-Kounda que fabrican puertas y ventanas tradicionales. Herederos de este oficio desde Sonni Ali, la familia trabaja en el taller instalado en el barrio de Sarakeina donde el jefe de la familia dirige a los aprendices.

La ciudad de los siglos XVII y XVIII no debía ser muy diferente a la que conoció René Caillié en 1828: <<La ville de Tombouctou peut avoir trois milles de tour; elle forme une espèce de triangle: les maisons sont grandes, peu élevées, et n’ont qu’un rez-de-chaussé; dans quelquesunes, on a élevé un cabinet au-dessus de la porte d’entrée. Elles sont construites en briques de forme ronde, roulées dans les Manis et séchées au soleil; les murs ressemblent, à la hauteur près, à ceux de Jennè.

Les rues de Tombouctou sont propes et assez larges pour y passer tríos cavaliers de front; en dedans et en dehors, on voit beaucoup de cases en paille, de forme presque ronde, comme celles des Foulans pasteurs; elles servent de logement aux pauvres et aux esclaves qui vendent des marchandises pour le compte de leurs maïtres.

Tombouctou renferme sept mosquées, dont deux grandes, qui sont surmontées chacune d’une tour en brique, dans laquelle on monte pas un escalier inteérieur>>.

Cuando la visita Cailleé, la población de Tombuctú estaría en torno a los 10.000 ó 12.000 habitantes. Al final de la época songhai, según R. Mauny, Tombuctú tendría una población de 25.000 almas. Evidentemente, la decadencia de la ciudad comienza con el dominio Arma condicionada, fundamentalmente, por el cambio de las rutas comerciales por parte de españoles y portugueses que prefieren el mar al control turco y marroquí de las caravanas saharianas. En la actualidad, con sus 20.000 habitantes es una ciudad sumida en una profunda crisis que arrastra desde hace años. Los cambios climáticos que han producido el avance del desierto hasta englobar la mítica ciudad hacen de esta crisis casi un viaje sin retorno. Solamente el aumento del turismo y una política de fuertes inversiones públicas podrían devolver a Tombuctú parte de su primitivo esplendor.