ABRAHAM Y SU PADRE

Categoría: Opinión

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Un lugar especial debería ocuparlo la historia de Luqman, el padre que da sabios consejos a su hijo (sura 31). Todo ello bajo la siguiente declaración básica:

«Y hemos ordenado al ser humano el trato bondadoso a sus padres».
(Corán 31:14 y 46:15)

Este mandato no requiere ser establecido como una ley exterior, pues todo ser humano lo reconoce de manera natural. Salvo casos anómalos, el ser humano siente un agradecimiento espontáneo hacia sus padres, a través de los cualesAl-lâhle ha dado la vida, y quienes lo han cuidado durante los años en los que no podía valerse por sí mismo. Es en ese sentido que constituye un «mandato divino», que podemos comprender y hacer nuestro sin necesidad de nadie que lo imponga.

En el relato coránico sobre Abraham, sin embargo, nos encontramos con una relación sumamente conflictiva. Su desvelamiento espiritual le lleva directamente a enfrentarse con su padre, al cual echa en cara su extravío. Si pensamos en términos de relevo generacional, parece que el Corán se sitúa del lado de los jóvenes que quieren cambiar las cosas, frente a los mayores que pretenden conservarlas. La actitud del joven Abraham no sería reformista, sino abiertamente revolucionaria. Supathosinterior es netamente destructivo. Como el resto de los enviados deAl-lâh,se enfrenta abiertamente contra la religión de su padre.

Esto no quiere decir que el Corán defienda la necesidad de romper o de pelearse con los padres, lo cual sería una iniquidad. El Corán enseña que el buen trato es la norma en cualquier caso. Parece que, en el caso de Abraham, existe otro motivo: el padre podría ser un representante del poder constituido, tal vez un alto dignatario. Abraham pertenecería entonces a una familia situada en el núcleo del poder, lo cual explica que tenga acceso al máximo gobernante. De ahí lo grave de su rebelión: se niega a pertenecer a una elite que utiliza la credulidad de las gentes para mantenerse en el poder.

Pero hay algo más complejo en los sentimientos de Abraham. El Corán nos dice que«Abraham era sumamente tierno de corazón»(Corán 9:114) y de esa ternura no puede estar exento su padre, por mucho que sea un dignatario de un régimen tiránico. De ahí el conflicto y el debate interno, del que dan cuenta las aleyas en las cuales Abraham le pide aAl-lâhque perdone a su padre:

«Habéis tenido un buen ejemplo en Abraham
y en quienes le seguían, cuando dijeron a sus paisanos:
"¡Realmente, nos desentendemos de vosotros
y de todo lo que adoráis en vez de Al-lâh:
negamos que haya verdad en lo que decís;
la enemistad y el odio se interpondrán entre nosotros y vosotros,
y persistirán hasta que lleguéis a creer en Al-lâh Único!"
Excepto cuando Abraham dijo a su padre:
"Ciertamente, pediré perdón por ti,
aunque no está en mi poder conseguir de Al-lâh algo para ti"».
(Corán 60: 4)

«[Abraham] respondió [a su padre]:
"¡La paz sea contigo!
Pediré a mi Sustentador perdón por ti:
pues, ciertamente, Él siempre ha sido benigno conmigo.
Pero me apartaré de todos vosotros
y de lo que invocáis en vez de Al-lâh,
e invocaré [sólo] a mi Sustentador:
pudiera ser que mi oración a mi Sustentador no quede sin contestar"».
(Corán 19: 47-48)

Destacamos lo siguiente: Abraham proclama la enemistad y el odio entre él y los asociadores, pero el Corán inmediatamente añade una reserva con respecto a su padre, que le transmite personalmente a este, con la esperanza de queAl-lâhlo perdone por aquello que él sabe que es una transgresión imperdonable. En la siguiente aleya Abraham cumple con su promesa:

«Y perdona a mi padre —pues, ciertamente,
está entre los que se han extraviado—
y no me avergüences en el Día en que todos sean resucitados:
el Día en que de nada servirán ni la riqueza ni los hijos,
[y cuando] sólo [alcanzará la felicidad] quien se presente ante Al-lâh
con un corazón libre de maldad!»
(Corán 26: 86-89)

Tal vez sea esta su plegaria más desesperada, aquella en la cual se manifiesta que, a pesar de haberse enfrentado a él, Abraham sufre por su padre, no pudiendo asimilar la idea de su condenación. Así, cuando lo interpela, lo hace de una forma decidida, pero también con el objetivo de despertarlo. La vergüenza aludiría a que él ha sido incapaz de lograrlo, no ha sido capaz de hacer que su padre comprenda la necedad de la idolatría, la necesidad de adorar aAl-lâhal margen de toda forma tribal o cultural concreta, sin intermediarios. En este caso, el hijo se ha convertido en alguien más adelantado que su padre, y se considera capaz de guiarlo. De este modo el Corán rompe con la idea de la obediencia al padre típica de la mirada patriarcal. Una vez más, la filiación o el linaje tienen, con mucho, un significado secundario.

Pero esta plegaria tiene una respuesta negativa:

«No es propio que el Profeta y quienes han llegado a creer
pidan perdón por aquellos que atribuyen divinidad a otros junto con Él
—aunque sean [sus] parientes próximos —
una vez que se les ha hecho saber que esos
están destinados al fuego abrasador.
Y la petición de perdón que Abraham hizo en favor de su padre
fue sólo por una promesa que le había hecho;
pero cuando le fue hecho saber que había sido un enemigo de Al-lâh,
[Abraham] renegó de él —[si bien,] ciertamente,
Abraham era sumamente tierno de corazón, benigno».
(Corán 9: 113-114)

La respuesta deAl-lâhes dura, y da que pensar. El amor a los padres es incondicional, pero no nos conduce a una obediencia ciega, contempla la posibilidad de la ruptura. Aun así, el Corán ratifica el buen carácter de Abraham, lo cual, en este contexto, es una expresión de su ternura hacia su padre, a pesar de la conciencia de su extravío, cosa que concuerda con el discurso de Luqman, quien le cita a su hijo estas palabras deAl-lâh:

«[Venera a tus padres;]
pero si se empeñan en hacer que atribuyas divinidad,
junto conmigo, a algo que tu mente no puede aceptar,
no les obedezcas;
pero acompáñales de forma honorable en esta vida,
y sigue el camino de los que se vuelven a Mí.
Al final, a Mí habréis de retornar todos;
y entonces Yo os haré entender todo lo que hacíais».

Incluso en el caso de que los padres sean asociadores, el Corán prescribe un trato bondadoso. El ser humano no debe constituirse en juez, y mucho menos de sus progenitores. El hijo debe actuar según su conciencia, pero remitiendo el juicio definitivo aAl-lâh.

Todo lo cual suscita la pregunta: ¿acaso no reflejan estos versículos la ambivalencia de los sentimientos del profeta Muhámmad hacia su propio padre?

Abdennur Prado