ISLAM Y AL-ANDALUS

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EL CONCEPTO TIEMPO

 


“El concepto tiempo es el resultado de la observación entre un efecto cualquiera y la causa que lo produce. Primero es la causa y después el efecto, y entre uno y otro el tiempo serial”.

 

Hayy Sidi Îd ben Aÿiba al Andalusí

 

La sensación de tiempo es, por lo tanto, la evaluación subjetiva del espectador sobre el movimiento que observa y experimenta entre un acto y aquello que lo produce. Cronológicamente sin causa no hay efecto, y sin ambos no hay movimiento, ni tiempo, ni espacio, ni por lo tanto Universo.

El Principio Creador, llámesele como se le llame, o atribúyansele los calificativos y atributos que cada cual considere, no dejará de ser La Causa Primigenia del efecto existencia.

 

Cualquier criatura es el resultado de causas espacio temporales. Todas sujetas al tiempo,  de transito en su espacio y relativas al concepto del observador.

La Acción Creadora Se muestra en su Universo efímero, ante la conciencia criatural, como realidad. Pero esta forma de “mostrar-Se” no es sino un lenguaje, una manera de expresión de La Única Realidad. Es el “idioma” de La Realidad Esencial en Su encuentro consigo misma bajo los dos aspectos, Inmanente y Trascendente.

La Creación = Inmanencia, es el lenguaje establecido para posibilitar el encuentro entre la conciencia elemental en la Creación y la Conciencia Trascendente del Único Ser. Dos niveles de La Única Realidad.

 

EL ARCANO LENGUAJE

 

La labor del “senderista” es descifrar ese lenguaje críptico, y aprender a servirse de él con el propósito de tomar parte en el diálogo que le llevará a descubrir Esa Otra Realidad Oculta.

Primero será como conocimiento físico, básico, será como leer al pie de la letra, literalmente. Pasado por los diferentes estadíos del conocimiento llegará a la naturaleza última, la naturaleza espiritual subyacente en todas las cosas. Por último será la integración en la Totalidad, Inmanencia-Trascendencia. El caminante tendrá entonces la experiencia vivencial del Tawhid.

 

Ya dejamos dicho que el conocimiento, como atributo de la conciencia, requiere del concepto para su evolución. Por lo que la conciencia aprende a descifrar el lenguaje críptico del Universo en la medida en la que depura su percepción del concepto, como idea que ha de ser flexible en el presente y muy probablemente transitoria con respecto al futuro.

La conciencia elemental, como expresión localista de La Conciencia Universal, requiere del lenguaje críptico que es la Creación para mostrar-se, reconocer-se y desarrollar-se. La conciencia, como sujeto capaz de trascender su propio vehículo de expresión como objeto (el cuerpo o materia soporte) se descubrirá e integrará como parte del criptograma, y no como realidad aparte. Tal como se percibe a sí misma en los inicios de su andadura.

Trascendida la limitación de los conceptos anteriores, su percepción modificará la realidad aparente, y descorrido el velo de lo primario podrá reconocerse como parte de Lo Esencial.          

 

EL DISCURSO CIENTÍFICO

 

Es válido en tanto que es verificable. Pero cuando interrogamos a las diversas disciplinas científicas sobre la relación entre materia, vida y mente, comprobamos que la ciencia no tiene proposiciones satisfactorias al respecto. Tampoco hay concordancia cuando las diversas especialidades sugieren respuestas, pues al ser cada una de ellas un sector aislado de percepción sin una visión de la totalidad, no les es posible.

La disciplina espiritual, por el contrario, exige para cumplir con su propósito una visión del total.

 

Durante nuestro tránsito podemos, y debemos, hacer uso del aporte científico, no en vano ha sido la ciencia una de las dedicaciones preeminentes de la Tradición Sufi, como ya hemos demostrado en capítulos precedentes. Pero debemos de tener en cuenta que por ahora la ciencia no puede darnos respuesta satisfactoria a la relación que hay entre las partes que conforman El Total.

Por lo tanto es del todo improcedente que en algunos medios científicos, desde su parcialidad,  pretendan desacreditar el discurso espiritual-religioso, ya que no pueden, por su sectorialidad, afrontar la experiencia de la totalidad.

No obstante las ciencias también evolucionan, y cumplen con la función que les es propia al servicio de la humanidad. Es la soberbia de algunos científicos, que no la ciencia, los que les impide aceptar la realidad de lo que no comprenden.

En un diálogo que tuve en cierta ocasión con un doctor en psicología, él me dijo: “Lo que no puede ser examinado y valorado en un laboratorio no es rentable, y por lo tanto no interesa”. Comprendí de inmediato que su vanidad era la causa de su propia ceguera.

 

CAUSA EFECTO

 

Son conceptos de los que se ocupa la física, pero son insuficientes para explicar cuanto es derivado de la voluntad-conciencia como causantes de modificaciones en su medio.

Entre la causa como propósito, y el efecto como objetivo, debemos de introducir los conceptos de voluntad y conciencia. Pues la conciencia no sólo se haya limitada en el marco de las causas externas, sino que las comparte, modificando los efectos con el concurso de la voluntad.

 

LA CONCIENCIA

 

Los partidarios de la teoría Darviniana como exclusiva evolución zoológica, defienden el postulado de que la conciencia intelectiva, como facultad que observa y conceptúa, es un simple producto de la evolución desde el prehomínido hasta el homo sapiens.

 

De ser así deberíamos de cuestionarnos: ¿Si es a través de la Conciencia Intelectiva como conceptuamos el Universo, dándole su forma y características?. ¿Cómo puede la Conciencia proceder de aquello mismo que ella conforma?.

La Tradición Sufi nos enseña que la Conciencia de Ser no tiene su origen en la simple materia que constituye la Creación, sino en la dimensión espiritual que subyace en su base.

 

Nuestra conciencia inicia su desarrollo con la percepción del ego sobre sí mismo en el tiempo, el espacio, y el estado en el que se encuentra en un momento determinado. Tengo tal sensación, estoy en tal sitio, tengo tal edad, etc.

Esto nos indica que el concepto “yo” como algo estático, aislado y perdurable, es otro concepto equívoco, pues no estoy inmóvil, ni sólo, ni tengo siempre tal edad, ni estoy permanentemente en tal sitio, ni en tal estado de ánimo.

Luego si todo cuanto me sirve de referencia se modifica y acaba, yo también estoy sujeto a modificación y extinción.

Reflexionar en esta circunstancia nos permite acercarnos al concepto de multiplicidad en la unidad como una percepción universalista, pero todavía inestable de la conciencia en proceso de desarrollo. Concepto de transitoriedad.

Pero… ¿qué significa que al mismo tiempo se mantenga pertinaz en mi conciencia la idea de perpetuidad?.

Nos sentimos uno en medio de la multiplicidad cuando decimos; -Yo soy…, y no decimos; - Somos…

Ese decir “yo soy único” surge desde la Conciencia del Ser manifiesta en la persona. Además de implicar el sentido de transitoriedad en cuanto a forma, como en el resto de lo creado según observa, también implica conocimiento intuitivo de la propia singularidad dimanante de La Conciencia Creadora en el in-dividuo. De este conocimiento innato de la intuición brota la Conciencia de perpetuidad.

 

Por la transitoriedad en lo múltiple me siento semejante en la carne al resto de lo creado, por la estabilidad de la Unicidad, que el conocimiento intuitivo de la conciencia me reporta, me reconozco parte de la Naturaleza Creadora.   

 

LA INESTABILIDAD DE LOS ESTADOS

 

La percepción que tenemos habitualmente de transitoriedad se difumina, o excluye, en los momentos de meditación estática propia de los estados místicos. Se refuerza la estabilidad en La Realidad Esencial, y el tiempo, el espacio, y el estado emocional, se funden en un todo estático que aproxima la experiencia de eternidad.

Hay una cierta semejanza con el alpinista, que mientras asciende a la cúspide de la montaña ve diferenciado en el espacio, y en diferentes tiempos, cada recodo del camino. Pero una vez que corona la cima puede observar y disfrutar del conjunto en un solo golpe de vista y en un solo momento.

 

Los estados de “normalidad”, por el contrario, se hallan sujetos a los cambios. Ya sean internos, como producto del razonamiento y las emociones, o externos a causa de las incidencias del entorno. Lo que nos conduce hacia el siguiente razonamiento.

 

El tiempo, y el movimiento que lo causa, forman el espacio en el que se desarrollan los estados “normales”. Sabemos que el movimiento, el tiempo y el espacio son conceptos relativos, y también son el medio en el que se produce la dinámica entre la elaboración del concepto y su modificación posterior. Si el elemento mediador es relativo y transitorio, todo cuanto se ha creado a partir de él también lo es. No se puede concebir algo definitivo a partir de los elementos inestables de un medio inestable.

Esta es otra forma de razonar que el concepto adquirido en este medio no es sino una herramienta útil en el desarrollo inicial de la conciencia, pero siempre que no olvidemos su condición de transitoriedad.

El desarrollo de la conciencia en sus inicios, requiere probar, suponer que se equivoca o que acierta, pero debe de ser consciente de la necesidad del movimiento para no anclarse en ningún postulado como algo definitivo.

Sólo a partir del momento en el que la Conciencia se introduce, o es introducida, en la experiencia mística, el concepto comienza a perder fuerza para ir siendo sustituido  progresivamente por la evidencia.

Y cuando la experiencia mística vivencial ocupe totalmente el alma humana, el concepto habrá perdido su razón de ser, pero entonces no habrá más ideas ni palabras que intenten atrapar lo que sólo puede ser vivenciado. Por lo tanto sólo quedará la vivencia.

“El que Allí llega de verdad, de sí mismo desfallece, y su ciencia tanto crece que se queda no sabiendo toda ciencia trascendiendo”. Juan de Yepes.

 

El deseo de aislamiento, de retiro permanente y soledad, que después del “saboreo” tienen algunos aspirantes de la Tradición en busca de una especie de “ausencia mística”, es muy peligroso.

Ya dijimos anteriormente que este deseo sólo es recomendable en ocasiones puntuales y bajo la supervisión experta, pues puede fortalecer el ego revistiéndolo de ascetismo.

No se debe de intentar el imposible de frenar la Dinámica Creadora en nosotros, pues de esta Dinámica surge el cambio, la modificación y el aprendizaje necesario.

 

Decía Abú Alí Ibn Sinâ (Avicena): ¡Hermanos de La Verdad! Retraeros como el erizo retrae sus púas, mostrando en la soledad el ser secreto y ocultando el ser aparente. A vuestro ser secreto le corresponde mostrarse, y conviene que desaparezca el ser aparente.