MÚSICA QUE CURA. CANTOS DEVOCIONALES SUFÍES

Categoría: Opinión

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La danza del Samá es conocida por los europeos como la danza de los derviches giróvagos o de los sufíes giróvagos. A veces visten una túnica blanca -que es el color del dolor-, el gorro cilíndrico de lana de camello, símbolo del sepulcro. Sobre estas lineas, derviches de Konya (Anatolia, Turquía) en pleno éxtasis.

 

 

Eduardo Paniagua Músico y arquitecto.

Si decimos que la música puede curar es porque reconocemos que estamos enfermos del cuerpo y del espíritu. Tal vez estemos enfermos en esta sociedad por su estado continuo de “shock de futuro”, donde somos incapaces de mantener el ritmo del cambio acelerado que nos marca en todos los aspectos de la vida humana.

La mente, el cuerpo, los sentidos en aumento constante de tensión, a menudo stress destructivo, nos producen angustia y enfermedades psicosomáticas que afectan al sueño y que nos hacen tomar fármacos excitantes o tranquilizantes.

 

Provisión de amor que mi alma confunde
por su ardor, por su fuego abrasada. Voló el sueño de mis párpados durante la noche,
noche de angustia de amor llena. Son como las olas mis lágrimas,
no hay para mi estado descanso ni curación.
Mi ser está turbado, disculpadme, pues ya las fuerzas me han abandonado.
Enfermo estoy, extinguido.
Perdí la razón por ese esquivo al que amo.
Su amor es mi refugio.
¡Qué profunda es mi enfermedad, qué intensa mi nostalgia…! Paciente espero.

 AL-SUSTARI (Granada 1212 - Damieta 1269)

 

Queremos utilizar la fuerza espiritual necesaria para estar sanos, pero los hospitales y la fría medicina de occidente han tomado el monopolio del cuidado de la salud, y su medida es la búsqueda del equilibrio fisiológico en cifras y baremos, dejando en retroceso la capacidad de autorregulación del organismo de modo personal, como potencial humano de salud ante el sufrimiento, la enfermedad y la muerte.

Entendemos la salud como un bien de consumo en la sociedad opulenta del falso paraíso y la falsa felicidad del que más tiene. Pero de verdad estamos enfermos por la falta de amor, y la dificultad de encauzar los sentimientos de ansiedad, miedo, vacío e inutilidad de índole emotiva. Los males emocionales son tan corporales como espirituales. Quisiéramos recuperar el poder terapéutico de la paz interior y del dominio de nosotros mismos.

 

Pregúntale al médico al que la muerte ha arrebatado aquel a quien trataba de curar:
“Dime tú, que curas las enfermedades, ¿quién lo ha matado?”
Pregúntale al enfermo que sanó cuando la ciencia médica
ya le había desahuciado: “Dime,
¿quién te curó?”
Pregúntale al sano al que, sin esperárselo, le sobreviene la muerte: “¿Quién, dime, ha precipitado tu destino?”
Pregúntale a aquel que, sano de la vista,
cayó en una sima mientras paseaba: “Dime, ¿quién a ese abismo te arrojó?”.
Pregúntale al ciego que entre la multitud camina
sin que nadie le atropelle: “¿Quién, dime, guía tus pasos?”…
Estas son las maravillas de la Existencia que deslumbran tus ojos
y hacen abrirse tus oídos, y Dios está presente en todas ellas;
aunque tú no Le veas, Él te ve.

Canto a las maravillas de la creación. Anónimo sufí (fragmento)

 

Utilizamos métodos de relajación y técnicas de enérgica disciplina corporal, que han perdido toda connotación místico-religiosa, para armonizar el cuerpo y el espíritu entre si y recuperar la armonía tradicional como terapia de conflictos emocionales. Buscamos alcanzar de nuevo el sentimiento de unidad de la persona y de las relaciones interpersonales que intencionadamente son fragmentadas por la publicidad y la política de la vida moderna.

El cuerpo no está separado del espíritu y ambos nos pertenecen más que cualquier otra cosa u objeto deseado. No tenemos cuerpo, somos cuerpo. No tenemos espíritu, somos espíritu.

Hay técnicas de reconstrucción de la unidad perdida de la persona. La síntesis entre contemplación y acción del misticismo cristiano puede ser un camino. El ejercicio corporal centrado de las artes marciales puede ser otro camino. En la sabiduría sufí con la práctica de la oración y de los cantos en las reuniones de las cofradías encontramos otra vía de humanización, de salud, de terapia de los males del alma. Son métodos contrastados para restablecer la relación existencial del hombre consigo mismo, con la trascendencia y con los demás, creando vínculos de comunión y de apertura al amor.

 

Cuando la música comparte con la palabra la forma verbal, cuyo órgano perceptor es también el oído, además de transmitir información, al añadirle una melodía y un ritmo por medio del arte musical, produce “resultados agradables, deleitando los sentidos, incitando las almas, exhortando la inteligencia y la hermosura, animando el carácter, alegrando el entendimiento y recordando el mundo anhelado y ansiado”

AL-TAWHÍDÍ DE BAGDAD

 

Descubriremos que hay poesía que cura, pero sobre todo música que cura. Pero no con la escucha pasiva, que tan sólo puede aliviar los estados de ánimo, sino con la participación del movimiento de los cantos, ligados a las inclinaciones rítmicas marcadas por los rezos y la respiración sonora, o por la danza circular sufí. La unión de ritmo, melodía y palabras balsámicas o inflamantes, escuchadas en momentos propicios y con la preparación y apertura adecuada, nos puede transformar en seres más humanos.

En la poesía mística sufí podemos encontrar lamentos desde la enfermedad y la postración y también descubrir los remedios a esos males.