ISLAM Y AL-ANDALUS

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EL MANUSCRITO ALJAMIADO DE URREA DE JALON

manuscrito-aljamiado-urrea

Se había pensado que con la toma de Granada el árabe y la cultura árabe habían desaparecido. Pero los estudios modernos, citemos el de Miguel Griffin (“ un muro invisible: Moriscos and Cristianos Viejos en Granada”) en el homenaje a Peter Russel (Oxford, 1981, 133-154) recuerdan que hasta el ultimo día de estancia de los moriscos en Granada el árabe fue la lengua viva única de gran cantidad de vecinos de pueblos granadinos, como por ejemplo los de las Alpujarras.

 

María Jesús Viguera Molins.

El descubrimiento de manuscritos mudéjares y moriscos en Aragón sigue ocurriendo en nuestro siglo XX, después de que el más lucido de todos, en cantidad y calidad, hace ya algo más de una centuria, el de Almonacid de la Sierra ( Zaragoza), tras el acertado tratamiento del hallazgo por los maestros Francisco Codera , Julián Ribera y Miguel Asín , alertaran a todos y vinieran a proporcionar importantisimos materiales más, de estudio aun no culminado, sobre los que ya poseía la erupción del XIX .

Sólo por referencias a Aragón, y dejando de lado los esperables encuentros de documentos mudéjares o moriscos en nuestros archivos ,las apariciones al azar de papeles emparedados, en árabe o en aljamiado, han venido repitiendo con pocas variantes la situación de aquel fecundo y plurifacético hallazgo de Almonacid. Cuyos manuscritos “aparecieron al derribar o reparar una casa antigua, y hallabánse escondidos en el espacio que mediaba escondidos entre un piso ordinario y un falso piso de madera, hábilmente sobre puesto de modo que los libros, muy bien acondicionados en ese espacio intermedio, han estado ocultos durante cerca de tres siglos, sin que nadie haya advertido su existencia”. De modo parecido se han ido sucediendo en esta segunda mitad del siglo XX los hallazgos de Sabiñán, estudiado por Jacinto Bosch Vila, y uno de sus manuscritos por María José Cervera Fras ; el de Torrellas, del cual una hoja suelta fue publicado por Ana Labarda; el de Tórtoles, en 1984, donde en el hueco de una pared de una casa aparecieron tres amuletos, que publicó María José Cervera; y éste que nos ocupa, en Urrea de Jalón, en una de las zonas más características de mudéjares y moriscos aragoneses, como tantos ecos suyos prueban y como bien pone de manifiesto la inestimable monografía Urrea de Jalón. De la Prehistoria al siglo XIX de su párroco don José Antonio Lasarte, cuya intervención en el caso fue oportuna, como explicaba el profesor Federico Corriente al dar noticia del “Hallazgo de un interesante manuscrito aljamiado en Urrea de Jalón” en el Heraldo de Aragón (4. VII. 1985 ) diciendo:” en esta ocasión el resurrexit ha sonado en una casa propiedad de don Mariano Correas Sisamón y doña Elvira Labella Jarabo, cuyo hijo, don Gregorio, se apresuró a poner el curioso manuscrito en manos del párroco del pueblo y erudito historiador, don José A. Lasarte, quien, a su vez, y por mediación del conocido paleógrafo e historiador don Angel Canellas, hizo llegar la obra al departamento de Arabe de la Zaragozana Facultad de Filosofía y letras”, entonces dirigido por el profesor Corriente, quien de inmediato valoró y se interesó por el códice, que había sido encontrado el 21 de Julio de 1984.

Algunas circunstancias:

EL ocultamiento de los escritos:

Los hallazgos reseñados antes, y entre ellos el de Urrea de Jalón, sacaban a la luz escritos de propósito y cuidadosamente ocultos por sus propietarios, ya moriscos, no tanto al filo de que pasara a aplicarse en Aragón, en 1526, el decreto de conversión de los mudéjares al cristianismo, sino al avanzar este siglo y el siguiente, hasta llegar a su destierro en 1609, y según se iban agravando las prohibiciones, inicialmente aún desoídas, de tener libros o apuntes en arábigo, entre otras restricciones, de vez en cuando reiteradas, pues seguían en general incumplidas, resistiéndose a ellas con empeño en el morisco y conservando los más o menos rasgos de identidad que, según las distintas áreas, aun mantenía, recurriendo al encubrimiento (taqiyya) de sus prácticas religiosas, al ocultamiento de sus libros árabes, al disfraz de su onomástica, entre otros aspectos de su disimulo, sobre los cuales la investigación ha ido reuniendo referencias, todavía no completas, pero sí suficientes para caracterizar el tono general de la cultura morisca. El hecho se desvela también en ejemplos directos, como el de Ibn Abd al-Rafi, escribiendo ya en árabe y en Túnez, en el siglo XVIII, y recordando que siendo chico, morisco en España, iba a la escuela cristiana y era adoctrinado, pero que en su casa le enseñaban el Islam y el árabe, con tanto secreto que le adiestraban también en negarlo, caso hasta cierto punto paralelo a una referencia literaria, oportunamente sacada a la luz por María Soledad Carrasco Urgoiti, aunque aquí el niño no supo ocultarlo: en la novela Alonso, mozo de muchos amos, publicada entre 1524 y 1526 por Jerónimo de Alcalá y Yáñez, se habla de “aquél morisquillo de Toledo que está jugando en un cigarral con otros chicuelos y cuando Alonso le pregunta su nombre responde inocentemente que se llama Hamete en casa y Juanillo en la calle”.

Muchas veces, como ésta, y por varias causas, entre ellas algunas inspiradas por el celo de la Inquisición quedaba al descubierto, mientras la obsesión por el disimulo llegaba a tales extremos entre los moriscos que un traductor del siglo XVI, al verter al castellano la frase fa-nas´alu I-jallaq an yastura-hum puso “pedimos al Criador que los encubra”, en lugar de “los proteja”; glosa : “Los encubra, porque en lo exterior eran cristianos, y en secreto Mahometanos”, con anacronismo además desvelado por Mikel de Epalza.

Expuesto quede lo anterior no sólo para ambientar las anécdotas de los hallazgos de manuscritos, sino sobre todo para pasar a hablar de la situación lingüística y cultural de las comunidades que los compusieron, fueran moriscos en ocultamiento de su identidad cultural, o sus predecesores mudéjares que podían conservarla abiertamente, aunque ya se había producido entre ellos una asimilación en algunos aspectos (lingüísticos, en parte onomásticos, algunas costumbres) al exterior, con un ritmo distinto según las distintas áreas peninsulares, según fuera mayor o menor su densidad de población, y según hubiera transcurrido más o menos dilatado tiempo desde la conquista cristiana, pues defiere el derrotero de las sociedades mudéjares constituidas desde el siglo XI, como la oscense y la toledana, de otras posteriores, hasta finales del siglo XV, como la granadina, pasando por la zona mudéjar valenciana que data del siglo XIII. Estas distinciones, por áreas limitadas por razones necrológicas y demográficas, son fundamentales para explicar la diversa situación de aculturación en cada una de ellas.

Otras circunstancias: la situación lingüística de mudéjares y moriscos.

Hasta cierto punto, el auto-descubrimiento antes aludido:

ha influido en los planteamientos de la investigación acerca de la situación lingüística de los mudéjares y moriscos, cuestión no afrontada totalmente hasta tiempos recientes; de ellos es significativa declaración la de Juan Martínez Ruiz: “ Se había pensado que con la toma de Granada el árabe y la cultura árabe habían desaparecido. Pero los estudios modernos, citemos a Miguel Griffin (“ un muro invisible: Moriscos and Cristianos Viejos en Granada”) en el homenaje a Peter Russel ( Oxford, 1981) recuerdan que hasta el último día de estancia de los moriscos en Granada el árabe fue la lengua viva única de gran cantidad de vecinos de pueblos granadinos, como por ejemplo los de las Alpujarras”.

Cuando el asunto ha empezado a enfocarse con la extensión e intensidad precisas, han empezado a captarse diferencias en la situación lingüística de mudéjares y moriscos, al menos en áreas tan características como la aragonesa, castellana, valenciana y granadina . Así se ha confirmado el exacto juicio de Antonio Domínguez Ortiz, que desde 1949, y sobre todo desde 1962, se había referido a la situación lingüística de los moriscos peninsulares como “no homogénea”, ya que como afirma y es cierto “los mudéjares castellanos debieron olvidar completamente el árabe, pues en 1462 el alfaquí mayor de Segovia hubo de redactar en castellano la Suma de los principales mandamientos de la ley alcoránica. En Aragón también se perdió pronto ; los que querían que sus hijos lo aprendieran los enviaban a Valencia, donde se hablaba en muchos lugares… pero aun en estos reductos eran poquísimos los que podían manejar el árabe literario”. Añade Domínguez Ortiz que la grafía árabe persistió “ con más vigor que el lenguaje hablado, fenómeno que dio lugar a la curiosa literatura aljamiada”. La referencia al área valenciana se ha precisado también : Carmen Barceló ha logrado matizar la situación “oficial “ de la lengua árabe en el Reino cristiano de Valencia, hasta mediados del siglo XVI en que dejo de reconocerse de forma oficial, pero se mantuvo hasta la expulsión, sin que como lengua hablada estuviera “nunca prohibida en el reino de Valencia, de ahí que las autoridades eclesiásticas insistieran reiteradamente que se vedase su uso a los moriscos”. Y Ana Labarta ha caracterizado con claridad que “ la población morisca del Reino de Valencia conservó mayoritariamente hasta la expulsión el uso de la lengua árabe”, y añade, como pruebas o síntomas que podemos utilizar para medir la situación de otras áreas: “ así lo indican las referencias contemporáneas, las sucesivas medidas proyectadas o emprendidas por las autoridades para erradicarla, el hecho de que gran parte de las moriscas procesadas por la Inquisición valenciana necesitara intérprete y la existencia de documentos escritos en árabe a lo largo de todo el s. XVI y principios del XVII “.

Con todo esto, tenemos un cuadro certero de la situación aunque sea aún muy general, con los siguientes puntos básicos:

1. Los mudéjares y moriscos valencianos y granadinos utilizaban la lengua árabe de forma cotidiana, la hablaban y la empleaban en todo tipo de escritos, públicos y privados. Por su parte, los mudéjares, luego los moriscos, aragoneses y castellanos habían perdido la lengua árabe, y al perderla , recurrieron al aljamiado, es decir escribir la lengua romance que hablaban ( castellano con aragonesismos ) con grafemas árabes, en casos de escritos privados o internos a sus comunidades, como eran los textos literarios o determinados apuntes personales: por ejemplo, tenemos relaciones de contabilidad, llevadas en aljamiado en el ámbito castellano y también en ámbito aragonés, frente a lo que ocurría en el ámbito granadino, por próximos aunque no exactamente iguales tipos documentales que conocemos.

Es decir, y como a expresado Alvaro Galmés de Fuentes de la mejor manera: “ los escritos aljamiados de los moriscos de Castilla y Aragón son el resultado del olvido, por parte de este grupo social, del árabe como lengua coloquial, y de su sustitución por el castellano”. Con esto ya queda establecido algo fundamental en relación con el entorno en que se produce el manuscrito que ahora nos ocupa de Urrea de Jalón, aunque aún quedan algunos otros hechos por traer a colación.

2. Los mudéjares aragoneses y castellanos también mantuvieron, aún después de su desuso cotidiano de la lengua árabe, la utilización de ésta en la redacción de determinados documentos notariales, entre los siglos XII y XVI, como actas de reparto de herencia, compraventa, préstamo, cambio, hipoteca, depósito, escritura de poder y de tutela, y algún contrato, e incluso alguna carta de especial solemnidad. Sus autores fueron en general los alfaquíes de cada lugar, ejerciendo también como escribanos y notarios de sus comunidades, y apoyándose para redactarlo en las colecciones de formularios usadas en al-Andalus, al menos desde el siglo IX, y que llegaron a época mudéjar ; el escribano mudéjar aplicaba estos patrones, pero al reproducirlos se interferían los tres elementos lingüísticos implícita o explícitamente presentes en su acto : el árabe clásico ( en las fórmulas notariales de la jurisprudencia islámica, conocidas mejor o peor por los alfaquíes mudéjares), el dialecto andalusí ( que pervivió entre los mudéjares aragoneses hasta una época y con una extensión de uso que no podemos precisar con exactitud ), y la lengua romance, castellano con aragonesismos ( que aparece voluntaria recurso al léxico romance para explicar o sustituir términos árabes - o involuntariamente - transparentando la sintaxis del escrito árabe algunas construcciones romances -). En general, los autores de estos documentos intentaban redactarlo en árabe clásico, mediante los conocimientos que pudieran tener y mediante el uso de fórmulas legales estereotipadas. Para cumplir su intento debían intentar sustraerse a la influencia árabe dialectal y de la lengua romance, pero en la realidad, los tres elementos aparecen significativamente en los documentos mudéjares árabes de Aragón, aunque no en la misma situación : el árabe dialectal y el romance se infiltran contra tal voluntad o presentación, en la medida en que tal redactor no logra un nivel pleno de expresión en árabe clásico.

Al mantenimiento de los usos jurídicos islámicos está ligada la conservación de la lengua árabe entre los mudéjares de Aragón, del modo descrito, con posterioridad incluso a su pérdida como lengua cotidiana y normalmente inteligible ( lo cual produjo su sustitución en otras esferas, hasta la primera mitad del siglo XVI. Notemos que no conocemos ningún acta documental en árabe, en Aragón, posterior al decreto de conversión que, desde 1525, transformó el estatuto mudéjar en morisco.

3. El recurso al aljamiado es excepcionalísimo, y con razón, fuera de las áreas castellanas y aragonesas, pues en la granadina y la valenciana se mantenía el uso de la lengua árabe en todo el período mudéjar y morisco . Los mudéjares y los moriscos utilizaron también las lenguas romances y la grafía latina. A grandes rasgos, que habrán de perfilarse mejor, les vemos manejar a veces las dos lenguas ( con variaciones en los cómo y en los cuándo ) y los dos alfabetos ( con iguales variaciones), no uniformemente : 1. Lengua árabe y grafía árabe ; 2. Lengua romance y grafía árabe ( aljamiado ) ; 3. Lengua romance y grafía latina ; 4. Lengua árabe y grafía latina. La simultaneidad, a veces, de todo ello parece muy natural y espontánea, pero ésta como las otras situaciones requiere más profundos análisis cronológicos y espaciales.

Más circunstancias : la cronología y la densidad de la población mudéjar aragonesa.

Fueron mudéjares los musulmanes que permanecieron en sus tierras tras las conquistas cristianas en los distintos territorios de la Península Ibérica , que hasta ese momento habían pertenecido a Al- Andalus. La permanencia de musulmanes en Aragón está, pues, relacionada también con el proceso de la conquista sobre los territorios que habían constituido la Marca superior de al-Andalus. En el siglo XI, los territorios cristianos pirenaicos de donde parte Aragón, llegaban hasta el confín de las estribaciones montañosas, asomándose ya a las llanuras, hacia donde descienden desde finales de este siglo XI, ocupando Huesca, en 1096, y Barbastro, en 1100. Hasta entonces, los musulmanes se retiraban de las tierras que perdían ante el avance cristiano, o si eran cautivados, perdían sus posesiones. Sólo en las tierras conquistadas por Aragón desde finales del siglo XI empezaron a quedar sus pobladores musulmanes, lo cual empezó a suceder de forma paralela en Castilla cuando, en la segunda mitad del siglo XI ocurrieron los avances territoriales de Alfonso VI, desde el Duero al Tajo, que culminaron con la conquista de Toledo, en 1085.

Sólo, pues, en tierras conquistadas desde la última parte del siglo XI empezaron a quedar, tanto en Castilla - un poco antes - como en Aragón, sus pobladores musulmanes sometidos al poder cristiano bajo el estatuto de mudéjares, con posibilidad reconocida de conservar su organización religiosa, jurídica y cultural, pagando determinados tributos.

La gran mayoría de la población mudéjar en Aragón se origina tras las extensas conquistas cristianas de la primera mitad del siglo XII, realizadas por Alfonso I , desde la toma de Zaragoza en 1118 hasta la de Mequenenza en 1133, completándose luego el límite meridional de Aragón por Teruel hasta finales del siglo XII.

Por internos intereses, y parece evidente el de la no despoblación y beneficios tributarios , Alfonso I procuró evitar el éxodo de los musulmanes, otorgándoles capitulaciones con ciertas concepciones. Pronto llegó a prohibirse que ningún musulmán emigrase de Aragón sin autorización real.

En su cronología hay una cierta coincidencia entre el mudejarismo castellano y el aragonés, porque ambos comparten su inicio en el siglo XI, aunque hay una cierta prioridad temporal en el castellano, no excesiva pero suficiente para sacar de adelanto el espacio de una generación al menos; y tal adelanto pudo marcar las pautas de algunas precedencias: los mudéjares toledanos ( conquistados en 1085 ) tenían catorce años más, como mudéjares, que los oscences; treinta y tres más que los zaragozanos, etc.

Pero donde sobre todo se diversifican el mudejarismo castellano y el aragonés es en la fuerza y densidad demográfica. En Castilla, la población mudéjar sólo representaba el 0,5 % aproximadamente de la población total castellana ( exceptuando el reino granadino ) ; a fines del siglo XV , los mudéjares castellanos oscilaban entre 17.000 y 20.000 personas según Miguel Angel Laredo Quesada, que calcula aparte los granadinos en 250.000 - 300.000.

Sobre los mudéjares aragoneses carecemos de datos cuantitativos a través de los siglos, hasta llegar al primer censo conocido, el de 1495, 5.674 “ fuegos “ mudéjares, unos 25.000 - 28.000 individuos; el censo de 1575 cuenta 11.571 hogares, ya moriscos; el recuento de 1593 arroja la cifra de 16.865 familias moriscas; 14.109 fuegos, unas 63.000 - 70.000 personas, según el censo de 1609; casi el 21 % de la población total. Hay que advertir, además, que eran mayoría en bastantes lugares, como en la villa de Osera, en 1525, donde sabemos que todos eran mudéjares, a excepción de dos cristianos.

Sobre el suceso de la escrituraaljamiada:

En el marco del mudejarismo castellano y aragonés surgió el recurso a escribir en aljamiado, en lengua romance (castellano o castellano con aragonismos ) con grafía árabe. Desconocemos las circunstancias concretas que desencadenaron tal hecho, en esencia indicativo del desuso cotidiano de la lengua árabe en unas comunidades mudéjares que iban adoptando el aljamiado. Tenemos una fecha de partida, finales del siglo XI, en que tales comunidades se fueron constituyendo, tras la conquista cristiana, a raíz de la cual la clase alta y culta musulmana emigraba a otras tierras aun musulmanas, quedando in situ las clases populares, con su cultura popular arabo-islámica y el barniz de cultura clásica arabo-islámica, y que abecés producía algún fruto erudito, todavía afínales del siglo XIII, o incluso en el XIV y en el XV; rodeados los mudéjares por las pujantes y absorbentes sociedades castellanas y aragonesas. La culturación de unas comunidades así es muy difícil medirlas con exactitud, aparte de que en la misma comunidad mudéjar convivían diferentes niveles, con un estrato algo más cultivado que el resto, como eran sus autoridades religiosas y jurídicas, y que , dentro de sus especificas limitaciones, pasó a ocupar el techo de la élite cultural, cuyos más visibles protagonistas fueron los alfaquíes. Alfaquíes mudéjares sobre los que cada vez más acumulamos más referencias, y que eran símbolos de ciencia, más que ciencia misma, comparados con los astros de sabiduría que esa misma figura había llegado a producir en esas mismas tierras cuando eran Al-Andalus, astros cuyo brillo ahora pálidamente se reflejaba, aunque entre los mudéjares siguieran circulando escritos sobre la importancia de los alfaquíes y su misión entre las gentes, cuya altura y entidad espiritual custodiaban, manteniendo su islamismo aún después de que hubieran perdido su “arabismo” en el transcurso de complejas relaciones con el entorno cristiano. Como definición de una entidad, lo es mucho más la fe que el idioma; también los autóctonos muladíes se habían islamizado antes de arabizarse.

En estas circunstancias, los mudéjares, castellanos y aragoneses perdieron en general el uso de la lengua árabe, tanto en la lengua clásica de empleo solemne como el dialecto hablado cotidianamente. Al respeto, el alfaquí de Segovia Içe Gébir en 1462, en el prólogo de su traducción castellana de la Suma de los principales mandamientos y devedamientos de la ley y la Cunna declaraba que “los moros de Castilla con grande sujeción y apremio grande y muchos tributos, fatigas y trabajos han descaecido de sus riquezas y han perdido las escuelas del arábigo”, y que existen entre “los propios” mudéjares quienes “del arábigo son ignorantes”. En Aragón hay testimonios también del siglo XV que nos indican el conocimiento de la lengua romance por parte de los mudéjares: así , “en 1492, las Cortes, reunidas en Zaragoza, prohibían a los moros de Aragón pasar a ultramar o huir al reino de Granada…, porque “de las licencias (para ello ) se sigue gran despoblamiento… ( y ) los ditos moros, después que son en tierra de los enemigos de la fe, porque saben la tierra… e saben la lengua, son espías. Refiriéndose incluso a algo más de medio siglo antes, “ para los mudéjares aragoneses no era preciso utilizar los servicios de conocedores del árabe, porque al menos parte de ellos conocían el romance, (aunque ) no ocurría lo mismo con los valencianos”.

Entre finales del siglo XI; pues, en que comienza el proceso mudéjar, hasta el siglo XIV, o un poco antes, en que se nos atestigua la soltura mudéjar en lengua romance, pasan dos siglos largos, durante los cuales, y también durante el siglo XIV se fraguó la actividad aljamiada, que, probablemente, con fechas seguras sólo vemos ocurrir entre los siglos XV y XVII. Algún manuscrito, de contenido literario, podría haber sido escrito en el siglo XIV, pero tal fecha está por comprobar definitivamente: por ejemplo, el manuscrito aljamiado V de la “Real Academia de la Historia” dice Saavedra que pertenece al siglo XIV. El lenguaje del texto no desmiente esta aparición, pero tampoco la puede confirmar con certeza” advierte Denise Cairdallac, y Mikel de Epalza opina que “el poema ( de Yuçuf ) editado y estudiado por Menéndez Pidal, que se suponía del siglo XIV por argumentos lingüísticos poco decisivos, puede muy bien ser de la segunda mitad del siglo XV”.

La escritura aljamiada no debió producirse, con entidad considerable, hasta el siglo XV. La falta de fechas en manuscritos literarios puede suplirse en realidad por la situación, en buena parte paralela, que reflejan las actas documentales, que sí están fechadas. En el conjunto documental mudéjar aragonés, que he descrito en otra ocasión, resulta que se conservan y han sido estudiados hasta ahora cuarenta documentos de los siglos XII, XIII y XIV, y tos ellos están en árabe. Del siglo XV conocemos doce documentos en árabe y ya dos en aljamiado, estando otro más mitad en árabe mitad en aljamiado. Del siglo XVI conocemos diez documentos en árabe y varios en aljamiado, y tres mitad en árabe y mitad en aljamiado. Resulta pues, que el aljamiado no aparece, ocupando un texto entero de estos documentos, hasta el siglo XV ganando entonces terreno al árabe progresivamente, aparte de que ya antes, incluso en los documentos más antiguos, desde el siglo XII, aparecen palabras sueltas aljamiadas, que llegan a construir breves documentos de centurias posteriores.

De igual modo que los documentos mudéjares aragoneses recién aludidos nos señalan el despuntar cronológico del aljamiado en el siglo XV, nos informan también con sutil testimonio sobre algunas especificidades de su uso: en aljamiado expresaron los mudéjares y moriscos aragoneses sus escritos personales, realizados para uso privado o para uso interno de su comunidad, sin trascendencia espontánea o pretendida al exterior cristiano. Mientras que las actas notariales se redactaban en árabe, se aljamiaban en cambio los documentos que carecían de formularios jurídicos para tal redacción, como sucede con la carta privada, aljamiada, de un alfaquí de Doroca, o la declaración de avenencia en un litigio, con una declaración personal en aljamiado.

Y en esta distinción de esferas ( la personal, la interna, con recurso al aljamiado; la pública, con reproducción de fórmulas jurídicas árabes) parece definitivamente aclararse a partir de dos de los documentos escritos a medias en lengua árabe / lengua romance aljamiada, dos documentos fechado en Calatayud, el año 1507, en donde constan en árabe las fechas y al introducción: “ Hadara bayna yaday al-sayyid al-Bayle Sanjo Ibrahim (sic) Muhammad de Bannos al-Madkur wa-qala fi lugati-hi l´-ajamiyya “

(“ Ante el señor Bayle Sancho se presentó el citado Ibrahim Muhammad de Baños y dijo en su lengua no-árabe”), siguiendo toda declaración del solicitante mudéjar en lengua romance, reproducida en el acta con grafía árabe, en aljamiado. Una situación similar se refleja en otro documento de Calatayud, de igual fecha, y en documentos mudéjares conservados en el Archivo de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, entre los cuales uno de 1484 y otro de 1501 - el más tardío del fondo - están escritos mitad a mitad en árabe y aljamiado.

Tenemos en todo esto una prueba segura de la situación “: a finales del siglo XV y comienzos del XVI la lengua corriente de los mudéjares de Calatayud ya no es el árabe, sino el romance castellano-aragonés. Esto podemos hacerlo extensivo a toda el área aragonesa para estas fechas, e incluso retrasarlo al menos hasta el siglo XIV, como nos muestran otras referencias de las fuentes descriptivas de los usos lingüísticos de los mudéjares aragoneses, teniendo en cuenta además que un cambio del uso cotidiano del árabe al romance tuvo que ocurrir progresivamente, en un proceso situado entre el siglo XI y el siglo XV, y que hemos de reconocer desconocemos.

Bien, tenemos pruebas al menos de que estos mudéjares aragoneses - como también los castellanos - ya no utilizaban como lengua árabe, pero… ¿ por qué no escribían en grafía latina la lengua romance que hablaban ? Hagamos un inciso: en los más antiguos documentos mudéjares, del siglo XII y XIII, del Archivo de la Catedral de Tudela, en la Cata puebla de Urzante, del año 1312, y en otro de Zaragoza aparece grafía latina, pues son documentos bilingües, siguiente o interlineada con el texto árabe su versión no parece hecha por mano mudéjar, sino por escriba cristiano; son documentos compartidos por ambas comunidades, y lógicamente coparticiparon en su texto. Pero en documentos inéditos de Calatorao ( Zaragoza ) aparece un mudéjar escribiendo en latín, con grafía latina, y en otros manuscritos podemos encontrar una estrecha y espontánea convivencia, así parece, entre las dos grafías - árabe y latina - y entre las dos lenguas.

Es decir, que la utilización del aljamiado no es, en principio ni en todos los casos, un desconocimiento de nuestros grafemas por parte de los mudéjares y luego los moriscos, sino que obedece a razones ideológicas, como se ha ido aclarando en los últimos años, contribuyendo a ello tanto esfuerzo de arabistas como romanistas, en una colaboración que queda bien reflejada a través de las actas de varios congresos recientes dedicados a estas cuestiones; en el primero de ellos, Ottmar Hegyi repasaba en su Comunicación las hipótesis existentes sobre “ El uso del alfabeto árabe por minorías musulmanas “ y ofrecía ejemplos de otras aljamías, en lugares y épocas distintas a las de los mudéjares y moriscos castellanos y aragoneses, y pensaba “ que el empleo de caracteres árabes por los moriscos se debe también, en su mayor parte, al carácter sagrado de la escritura árabe y a un actitud afectiva hacia ella”, para concluir que el uso de la grafía árabe debió constituir algo así como una “ confesión de fe “. Creo que Hegyi tiene razón, y todos se la reconocen; en efecto, debió ser el alifato uno de los últimos reductos de afirmación de la identidad mudéjar y morisca, que iría adquiriendo acentos más firmes y desafiantes según aumentaran las medidas restrictivas cristianas. Además de ser un culturema, “ un signo exterior que señala la pertenencia a la Umma, a la comunidad islámica”, el uso del alfabeto árabe legitima, hasta un cierto punto, pero en definitiva legitima, la necesidad de utilizar otras lenguas que el árabe en textos y contexto religiosos islámicos, “para ajustarse a la ortodoxia islámica”, como puntualiza M. de Epalza, quien también ha subrayado el valor modélico de los turcos, pujantes con la toma de Constantinopla en 1453, que también “ aljamiaban “ con el califato árabe su lengua no-árabe.

Todas estas razones sobre el recurso al aljamiado habrá que contrastarlas más ampliamente con la utilización de textos en alfabeto latino por parte de los mudéjares y sobre todo de los moriscos, que aparece, en efecto, que así hacen cuando ya “no necesitan “ utilizar el alifato árabe como signo de identidad frente a la sociedad cristiana, y tenemos entonces la relativamente extensa literatura morisca en grafía latina, en el exilio tunecino sobre todo, o así hacen donde o cuando ya “no pueden “ (cabría aducir varias razones, desde la propia incapacidad al recrudecimiento de las prohibiciones) utilizar la grafía árabe.

El aljamiado surgió y se extendió entre los mudéjares de Castilla y Aragón, llenando con su lengua romance y letras árabes los espacios que antes se llenaban en lengua y alifato árabes, con unas coincidencias notables en su sistema y en su ejemplo. Es advertible una similar disposición que aparece inadecuado pensar en un poligénesis ; seguramente el aljamiado mudéjar, y en consecuencia el morisco, no se originó en Castilla y Aragón de modo independiente, como creemos que tampoco fue simultáneo. Su aparición está determinada por varias circunstancias, y en este caso por el hecho de que unas comunidades musulmanas habían perdido el uso de la lengua árabe y se hallaban en un cierto peligro de desintegración cultural, por inevitables abandonos internos. Cronológicamente tal deterioro debió darse primero y con más gravedad entre los mudéjares castellanos, con núcleos más antiguos que los aragoneses, como antes expusimos, con una dispersión mayor y con una densidad demográfica menor, en definitiva sometemos a una aculturación más rápida y extensa. Por todo ello me parece posible pensar que el recurso aljamiado y su significado sociocultural se desarrollaron previamente entre los mudéjares castellanos, y desde ellos irradiarían a Aragón, por la amplia zona de comunidades que fue y sigue siendo la extremadura oriental soriana y el valle del Jalón; a mediados del siglo XV, el condado de Medinaceli era escenario de luchas fronterizas entre Castilla y Aragón , luchas que se extendieron casi hasta finales de esa centuria, centro esencial para el aljamiado. M. A. Ladero ha apuesto de manifiesto cómo los mudéjares castellanos y aragoneses, relacionados por el Jalón, compartían bastantes características. No es un síntoma vano - aunque su valor testimonial haya que tamizarlo por el azar de sus hallazgos - la relativamente alta concentración de documentos aljamiados aragoneses ( Cuchillos, Tórtoles, Tarazona, Calatorao, Calatayud, Daroca ) en esas zonas fronterizas, desde finales del siglo XV.

Otros estudiosos se han pronunciado a favor del origen castellano del aljamiado, y posiblemente el primero fue L. P. Harvey de Oxford, en 1958, sobre The literary Culture of The Moriscos ( 1497 - 1609 ). A Study based on the extant Manuscipts in Arabic and Aljamia, núcleo de sus conocidas e importantes contribuciones, como Potencia al Coloquio internacional sobre literatura aljamiada y morisca sobre “ El Mancebo de Arévalo y la literatura aljamiada “ donde se señala… me parece muy probable que el mufti de Segovia don Içe de Gebir ( autor del Breviario Suni o Kitab Segoviano ) era el promotor de esta innovación … Este libro fechado en 1462, forma la base de casi todo lo que viene después “, y luego el Mancebo de Arévalo “ llevó esta tradición a Aragón “; donde residió en el primer cuarto y quizás algo más del siglo XVI.

Toda esta explicación me parece muy adecuada, siempre que no la apliquemos de forma absoluta, pues tenemos documentos mudéjares aragoneses en aljamiado desde finales del siglo XV, como venimos exponiendo, y por ejemplo se conserva un acta aljamiada de Tórtoles fechada en 1477. Pero sí es cierta la precedencia circunstancial del mudejarismo castellano y las otras características de su situación que les urgirían antes a conservar aljamiando, como es cierto también que contaron con la importantísima figura de Içer de Gebir, traductor del Corán junto con Juan de Segovia, traductor y aljamiador de este vasco compendio jurídico que es la Suma de los principales mandamientos y devedamientos de la Ley y la Çunna y ¿traductor? ¿aljamiado ? de algunos “recontamientos” piadosos, figura y obras que habrá que estudiarse más, para analizar con amplitud su situación su actuación, que no estaría sólo impulsada por salvar la ignorancia del arábigo de “ los propios “ mudéjares sino también de los “extraños “ cristianos, cuyas autoridades podrían haber solicitado sus traducciones de leyes islámicas “como una pieza más del sistema administrativo autónomo que los reyes intentaron construir para controlar a las aljamas”, como indica Juan Carlos de Miguel Rodríguez.

Propósitos y contenidos de la literatura aljamiada.

Está perfectamente establecido por los especialistas el propósito conservador del acervocultural araboislámico que movió a los mudéjares, y luego a los moriscos, a traducir el árabe al romance y a aljamiarlo, en muchas ocasiones, con grafemas árabes, diversas facetas de este acervo seleccionadas a partir de los intereses y condiciones del momento en que tal procedimiento se efectúa, probadamente entre los siglos XV y XVII.

El ámbito de tales intereses está ocupado por numerosos textos religiosos, naturalmente del Corán, o mejor dicho por breviarios coránicos, dada su conocida selección de pasajes, junto con sus comentarios, y naturalmente por las tradiciones del hadiz - significativamente ajustada su selección, también, al propósito esencial del mantenimiento de la fe, de la esperanza, de la cohesión comunitaria y de la resistencia frente al exterior, que son los cuatro ejes cardinales de la cultura mudéjar - morisca -.

Pero además, destacando en esta literatura su propósito doctrinal, contamos con abundantes exposiciones e instrucciones sobre la teoría y las prácticas religiosas, como los libros del Mancebo de Arévalo “ mezcla de teología musulmana y reminiscencia personal “, los dichos y tradiciones sobre varios puntos de la fe islámica editados por Ottmar Hegyi, plegarias y diversas composiciones fervorosas, algunas incluso en verso. La doctrina se expone y defiende asimismo en sermonarios , siendo hasta cierto punto preferidos como ejemplos los del predicador sirio Ibn Nubata, que además de su facundia tenía fama de su incansable arengar contra los cruzados, y la doctrina se prueba y exalta en las obras de polémica, relacionadas las principales por A. Galmés, analizadas por L. y por D.Cardiallac y caracterizadas por H. Bouzined y L. F. Bernabé.

Impregnados de espíritu religioso están diversos relatos piadosos, de propósito edificante, presentados en formas narrativas de mayor o menor extensión y que combinan su didactismo con el deleite de los cuentos y buscando suscitar la fe, la esperanza, la cohesión y la resistencia, reproducen bastantes leyendas sobre personajes bíblicos considerados por el Islam, como Abraham, Moisés, Salomón, Job, Jesús y María, entre otros como José , uno de los personajes preferidos en esta literatura, pues no en vano salvó a su pueblo oprimido. Toda esta “historia sagrada del Islam”, en expresión certera de Galmés, contiene claro estos relatos sobre personajes del Islam, y a su cabeza el profeta Muhammad, muy presente como en el libro de las luces, seguido por su primo y yerno, gran caballero y califa, Ali b. Abi Talib, y otros compañeros con el califa Umar, pues otro tema exaltante y gustado era el de las conversiones ejemplares al Islam, en conexión con otro asunto importantísimo y exaltador como eran las gestas de los héroes islámicos y sus éxitos combativos en pro de la expansión y conquista del Islam, tratado como material legendario, “ modelo mixto entre relatos referidos a los compañeros del Profeta y las narraciones de aventuras caballerescas preislámicas “, según precisa A. Montaner al editar y estudiar uno de los relatos aljamiados de este tono. El recontamiento de al-Miqdal y al-Mayasa, y según tenemos también representado por las extensas narraciones de El libro de las batallas. Narraciones Épico-caballerescas, que viene a llenar el hueco de las crónicas históricas, ausentes claro está del panorama mudéjar-morisco, pues ni siquiera los de al-Anadalus, ni tenía materia política” propia - supeditados como estaban a los Estados cristianos - con que llenar sus posibles crónicas, de igual manera que un jirón inconexo, pero no arbitrariamente introducido en este ámbito cultural mudéjar - morisco , la añorante “Memoria de las alqabilas de los alabares, i las partidas donde Komarkan, i los nombres de sus kapitanes, i lo ke tiene kada uno de kaballeria”.

Con las narraciones caballerescas nos hemos acercado a otro espacio de esta literatura que el de las novelas, más cercanas a la mera evasión, como una continuidad de las aficiones por los héroes, y cómo entre ellos por Alejandro Magno, ya personaje coránico y luego, como campeón de las conquistas islámicas, gran eje de relatos gloriosos y fantásticos, y la curiosa incursión que, ya puestos en ese camino de novelas de caballerías, llenas de hazañas y amores, hicieron los mudéjares - moriscos por las literaturas romances contemporáneas, aljamiando de ellas la famosa historia de los amores de Paris y Viana, y que resulta una rara incrustación de un ajeno roman courtois, cuando ya existían otras narraciones sentimentales en árabe, desde antiguo, y entre ellas El baño de Zarieb, que también conocieron y apreciaron.

Sin alejarnos muchos de los relatos piadosos tenemos textos de consejos o “castigos”, con advertencias éticas y prácticas como las contenidas en los Castigos y documentos del Rey D. Sancho, correspondiéndose con el género árabe de los “ Testamentos “ ( Wasiyya ), con normas sobre muy diversos aspectos ( religión, moralidad, higiene, medicina, etc.) , puestas en boca de alguna autoridad islámica ( el Profeta, Ali b. Abi Talib…), o de un “ sabio “ cualquiera, o claro está, de los “sabios de Grecia “, o pueden estar seleccionadas o recomendadas, incluso, por un conocido personaje de este mundo mudéjar - morisco, el Mancebo de Arévalo. Las enseñanzas ascético - morales pueden a veces adobarse con historias de casos ejemplares, así pasa en el Kitab de Çamarqandi, como suelen llamarse las copias aljamiadas del Tanbih al-gafilin ( “ Aviso de negligentes “ ) de Abu - Layt al-Samarqandí, obra que también gozó de bastante difusión entre los mudéjares y los moriscos ( el ms. VI de la Junta va fechado en 1601 ), dado “ el gusto muy pronunciado del público, tanto culto como popular, por el aspecto anecdótico de la doctrina y la moral… Se trataba de adornar la elección moral con leyendas y cuentos simples o con cualquier otro género de narraciones que complacieran al lector u oyente”.

El propósito y los recursos de este tipo de obras se manifiesta con claridad en el titulo del manuscrito LIII de la Junta: Libro de preicas y exemplos y doctrinas para meleçinar el alma y amar la otra vida i aborreçer este mundo, con lo cual nos acercamos a los escritos escatológicos, pues el más allá sirve como gran corrector de este mundo, y será dulce para los buenos y terrible para los malos, sintiéndose una nunca apaciguada curiosidad por la Estoria del día del juicio, por lo que el hombre halla al morir como en revelárselo respectivamente acuerdan dos amigos; tan insaciable curiosidad que se alimentaba de los maravillosos recorridos de Tamin ad-Dari por el país de los genios buenos y malos, recontamiento “ n¨ayant rien á envier aux romans de sciencefiction moderne “. Es un ambiente normativo, que no se limita a los tres preceptos básicos y más repetidos de “ facer açala, e ayunar, e pagar asaque “ sino que procura definir con sus normas todos los aspectos de la vida, para llenar y mantener una cultura cotidiana, distintiva, amenazada.

Y entre estos consejos y normas se ofrecen relaciones de itinerarios y maneras de salir de la Península, para poder cumplir la Peregrinación a la Meca, o emigrar simplemente, con fraternal solidaridad, a la vez que se exalta la Peregrinación.

Hay también textos jurídicos respaldando con Ley el antedicho afán normativo. Los mudéjares y moriscos elaboraron compendios, como el Breviario Suni o el Breve compendio de nuestra santa Ley Sunna, compuesto por Baray de Reminjo, seguramente alfaquí de Cadrete, en Aragón, hacia 1535, o las Leyes de Moros, o bien conservaron tratados famosos como el Muhtasar del Talaytuli, difundidísimo, o como al - Tafri´ de Ibn Jallab, también de la escuela Maliki, o con todo ello efectuaban extractos conteniendo sólo las partes esenciales para tener a mano en un determinado momento, sobre los “casos y capítulos sobre la oración, la ablución y el ayuno en el mes de Ramadán “ o sobre “ los cinco preceptos fundamentales del Islam “ o sobre la participación de herencias.

Otro bloque extenso de escritos mudéjares - moriscos, como los siete reseñados por A. Galmés , está formado por tratados de supersticiones, horóscopos, adivinaciones, ensalmos, sortilegios… reunidos a veces en obras enteras, como el Libro de las Suertes, o dispersos en volúmenes misceláneos, ocupando algún capitulo de ellos, como las Adivinanzas por el cuento de los nombres, o como el bebedizo mágico ( Annusra ), que aparece entre otros temas diferentes en el manuscrito misceláneo 4953 de la B. N. de Madrid, o bien tales fórmulas mágicas aparecen en hojas sueltas, utilitarios apuntes, o llenan incluso los bordes en blanco de páginas diversas, como el requisito final del folio 146v, de este manuscrito que ahora nos preocupa, de Urrea de Jalón, conteniendo unas breves líneas, de urgencia, con un ensalmo curativo para la fiebre, como una receta que se registra en cualquier parte, en típico procedimiento del que tenemos varios ejemplos en otros manuscritos. Estas creencias adivinatorias se orientaron a pronosticar el final del poder político cristiano en la Península Ibérica y el triunfo del Islam, en profecías o aljofores en los que se les bastaba dejar entrar la tristeza para que vaticinaran la propia destrucción, en oscilaciones circunstanciales muy propias de tan critica situación.

Textos científicos o técnicos de otras materias aparte de las indicadas son escasos, y los que existen son de carácter práctico y destinados a mantener el ritmo de las costumbres islámicas, bien en la fijación del calendario, bien en procurar una cierta corrección fonética a la lectura de los textos coránicos o religiosos - jurídicos donde y cuando se mantuvieran en lengua árabe, bien en regular también desde esas costumbres las relaciones sexuales, incluso como parece quizá pretender ese “ tratado de erotología que López - Baralt editará en su obra en preparación La literatura secreta de los moriscos españoles “.

Con lo anterior he pretendido caracterizar el conjunto de intereses de esta literatura aljamiada, para situar en seguida el lugar en que en ella pueden ocupar los relatos piadosos reunidos en el manuscrito de Urrea de Jalón, cuyos 200 folios ( 400 páginas ) son una gota sólo, aunque cada gota es valiosísima, en el mar de la literatura bastante amplia, recogida en algo más de 200 manuscritos … 60 de los cuales, su tercera parte, conservados en la Biblioteca nacional de Madrid y en la Biblioteca de la Junta ( C.S.I.C. de Madrid ), contienen más de 10.930 folios (21.860 páginas ). Mi anterior esbozo de ese conjunto de intereses debe ampliarse, aparte naturalmente de en los propios textos, muchos de ellos ya bien estudiados y editados, en la acertada presentación general de R. Kontzi, en la exacta caracterización de las tres principales vertientes de esta literatura ( doctrinal, polémica y de evasión ) por H. Bouzineb, en la profunda definición de varios géneros en la literatura aljamiada ( preceptiva gramatical, literatura didáctica, loores rogarías, profecías, autobiografías recontamientos, artes mágicas ) por A. Montaner, y en importantes descripciones sobre aspectos esenciales internos y exteriores, de esa literatura “ de tipo tradicional “ por A. Galmés.