ISLAM Y AL-ANDALUS

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HOMBRES DE LUZ III: SIGUIENDO EL RASTRO MORISCO

De nuevo el pulso de la vida y de la historia late en los corazones de los andaluces, de nuevo el pulso de la vida es testigo del regreso de la historia olvidada para todas las tierras de Al-Andalus.


Por Abdfatah Checa

HOMBRES DE LUZ I

HOMBRES DE LUZ II: VOLVER A SER LO QUE FUIMOS

HOMBRES DE LUZ III:  SIGUIENDO EL RASTRO MORISCO

HOMBRES DE LUZ IV: TRAS EL RASTRO DE LOS CONVERSOS

 

Hoy de nuevo los andaluces somos expresión viva de la pluralidad y el dialogo, del legendario enriquecimiento entre todos los pueblos y culturas, de todas las ciencias que engrandecieron Al-Andalus: Andalucía, tras largos y oscuros años, ve de nuevo brotar el recuerdo de los moriscos olvidados, tras siglos de represión y mentiras.

 

Para nosotros recobra la memoria histórica de nuestro pueblo, es un gran paso. Los vencedores escriben la historia, la pretendida objetividad de las ciencias sociales es una frágil norma conculcada cuando lo exigen los intereses de las clases dominantes, ya sean económicas, políticas, religiosas o intelectuales. Tal es el caso de la historia y muy especialmente, la de España.

 

Al parecer hay cosas que, en castellano, no se puede decir, sin embargo, hay que decirlas o no saldremos  nunca de esta ficción abstracta que quiere imponerse como la única historia de España.

 

Muchos escritores de los siglos XIV, XV, XVI, eran conversos provenientes del Islam y del Judaísmo: Sem Tob, Juan de Mena, Juan de Lucena, Hernando del Pulgar, los poetas del Cancionero de Baena y el propio Alfonso de Baena, Diego de Valera, Fernando de la Torre, Rodrigo Cota, Teresa de Cartagena, Alonso de Cartagena, Fernando de Rojas, Juan Alvarez Gato, Diego de San Pedro, Luis de León, Miguel de Cervantes, Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Antoninette loupes y la madre de Montaigne.

 

Domingo Ortiz,  en su listado de  conversos, nos da más nombres de algunos de los más importantes: Benito Arias Montano, Antonio de Lebrija, Alonso Fernández de Palencia, Alonso Fernández de Madrigal, el Tostado, Hernando de Talavera, Francisco Sánchez de Brozas, el Broncense, Francisco de Encinas, Baltasar Grancián, Huarte de San Juan, Luis de Góngora, Andrés Laguna, Nicolás Oliver y Sullana, Miguel Server, Mateo Alemán,y Bartolomé de las Casas.

 

Después de las matanzas las prohibiciones, los descendientes de los andalusíes que siguieron habitando estos territorios se convirtieron o se disfrazaron, pero la clase más ilustrada de los demoníacamente llamados cristianos nuevos no tuvo ningún otro lugar que los espacios de la cultura: la escritura, la enseñanza, la traducción. Tuvieron la delicadeza de dejarnos lo que Fray Luis de León denomino “la corteza de la letra”, el esplendor de las palabras.

 

Los argumentos, en que queremos fundamentar,  la permanencia  de los moriscos en la vida de Andalucía y de toda la Península Ibérica, después de la supuesta expulsión, es  difícil de resumir en un solo artículo, y por ello sugerimos al lector que los evalué, por si mismo.

 

Queremos introducirnos en el tema, viendo la visión que tenía Pedro de león  sobre los moriscos, y en concreto los de la Alpujarra, de los que escribió en 1615 y 1616. El recorrió la Alpujarra en dos ocasiones distintas. Para él los moriscos eran trabajadores, misericordiosos, honrados, profundamente buenos, ejemplares hasta la leyenda.

 

“Porque lo uno de ellos, eran fieles, que no tomarían ni una castaña de su vecino por todo lo del mundo, y a tanta verdad esto (como nos lo contaban los que habían criado con ellos, y se habían quedado en los mismos pueblos, como ganaderos y principales pobladores) que si tenían  los moriscos las huertas juntas y cargaban las ramas de su nogal sobre las de su vecino, cuando lo iba a coger, conocían las  que eran del suyo y cuáles las del vecino, y estándoles cogiendo arrojaban hacia el nogal o castaño del vecino las que le parecían que eran del otro, y echándolas decían: no hace mi merced Dios con las del vecino. Y en otras cosas de hurto por maravilla eran cogidos en ellas. Pues en lo que es misericordiosos y compasivos, es cosa de admiración cómo es compadecían de los menesterosos y necesitados, saliendo por los caminos con la caldera de las gachas y el pan para darles a los que venían hambrientos, pordioseros, y si enviudaba la otra que rea su vecina le decía el morisco vecino: señora, aquí estar yo que hacer los mandados, y les llevaban el pan al horno y les traían de la plaza lo que habían menester”.

 

Pedro de León no escribe sobre referencias indirectas, sino de su misma experiencia. Cuando la sublevación de los moriscos, la noche trágica del 24 de diciembre de 1568, él era novicio de la Compañía de Jesús en Granada. El vivió toda aquella compleja situación. No era además Pedro de León fácil y precipitado en sus juicios. Como lo demuestra a lo largo de su extensa obra, siempre se manifiesta inteligente, libre, objetivo y de una firme y fuerte personalidad.

 

Son muchos los cronistas e historiadores de la época y posteriores que escriben  sobre la permanencia de gran número de moriscos en Andalucía y en toda España.

Bernard Vincent: nos dice con respecto, a la llamada repoblación del último territorio musulmán, el reino de Granada.

 

”……..las gentes del norte apenas si acudieron, exceptuando un gran contingente de gallegos de la región de Orense que no pudieron resistir la terribles condiciones en que se efectuó el traslado. La repoblación fue un asunto entre vecinos. Los grupos más numerosos procedían de las actuales provincias de Córdoba y Jaén, venían después de Murcia, Sevilla, Valencia y ciudad Real, sin olvidar a los hombres procedentes del reino de Granada, que representan del 10 al 15 por 100 del total. De esta situación, fue necesario dar una mayor elasticidad a los reglamentos y admitir no sólo a granadinos, sino también a solteros e incluso a adolescentes hijos de repobladores, a los que se emancipaba urgentemente. Se traicionaba de este modo el ideal, y los responsables de esta operación, desilusionados, observaban cómo “la escoria” de España invadía el reino de Granada….”

 

¿Acaso esos repobladores venidos de toda Andalucía, Murcia, Valencia etc, no son ellos mismos moriscos y por lo tanto hijos de conversos, con ganas de cambiar de vida y de residencia y escapar de ese mundo, de miseria al que estaban sometidos?

 

Felipe III expulsaría a muchos moriscos, que no a todos, ya que por decreto todos los moriscos menores de siete años, deberían ser abandonados por sus padres, en manos de la iglesia para continuar así su adoctrinamiento cristiano en España. En total nos dicen las crónicas de la época, que de toda Andalucía salieron solo 30.000 moriscos (Unos 300.000 de toda España).Numero muy insignificante, para la población morisca de Andalucía y de España, en esos momentos. El Profesor. Domínguez Ortiz, dice en su estudio sobre “Felipe IV y los moriscos”:

“… quizás sorprenda a quienes están acostumbrados a pensar que después de la expulsión decretada en 1609 cesó de existir una población morisca y un problema morisco. Es sabido, sin embargo, que las repercusiones de tal medida se hicieron sentir durante mucho tiempo, y que, a pesar del rigorismo oficial, un cierto porcentaje, difícil de evaluar, de la población morisca permaneció en nuestro suelo. Muy apegados al terruño (como corresponde a un pueblo de mentalidad campesina) los moriscos hicieron esfuerzos inauditos por eludir el destierro, ya acogiéndose a lugares montañosos y distantes, ya tratando de obtener certificados de cristiandad de los prelados, ya ofreciéndose como esclavos a los cristianos viejos, pues les causaba más dolor perder su Patria que su libertad personal”.

 

Celestino López Martínez sitúa, como consideraciones finales, en su libro Mudéjares y moriscos sevillanos, que corroboran igualmente la pervivencia de los moriscos en Andalucía y en toda  España:

“Fracasado el propósito firme de unificar creencias religiosas mediante la conversión en masa de mudéjares al cristianismo, y bien probado en los moriscos el anhelo de restauraciones políticas con el auxilio de sus hermanos de allende, no hubo otro remedio en garantía de la paz interna y del sosiego exterior del Reino que decretar la expulsión de los moriscos..”.

“El total de los expulsados sin restar el crecido número de los que volvieron, pese a lo dispuesto en contrario, no perturbó por lo reducido al medio millón de moriscos que permanecieron tranquilos en sus hogares, ni menos ocasionó baja sensible en la población de nuestra Patria...” ,  “...y llegaremos a convencernos de que la expulsión de los moriscos no despobló a España; cual, acaso sin advertirlo, declaró Moncada al decir que vinieron otros tantos extranjeros como fueron los moriscos expulsados”.

 

Cuando este autor habla de la obra de Lafuente, acerca de los barros vidriados sevillanos, afirma:

 

“... nos enseña que los alfares trianeros sumaba treinta a fines del siglo dieciseis y años después de la expulsión se elevaron a ochenta y dos”.

Y luego continúa, con palabras tal vez un tanto apasionadas:

 

“Creemos que los moriscos expulsados de España no fueron maestros ni siquiera oficiales de ningún arte ni industria, sino obreros manuales propicios de continuo a intervenir en conjuras y asonadas, tal vez en desquite de la vejatoria situación política y económica que padecían. Los mudéjares y moriscos de calidad, los que mostraron singular ingenio y suficiencia en el ejercicio de profesiones liberales, en las artes de la construcción y decorativas, y en las industrias agrícolas continuaron tran­quilos en sus hogares, fábricas, talleres o cortijos, amparados bajo el título de auténticos cristianos nuevos... “

“Es lo cierto que en tesis de tanta monta han menester nuevas investigaciones documentales, copioso y discreto cotejo de testimonios bibliográficos antiguos y modernos, y hondas exploraciones en la vida social y en las costumbres populares de villas y aldeas apartadas, que son los archivos donde más y mejor se perpetúan las tradiciones indígenas de todo orden…”.

Sobre la importancia de la artesanía morisca, son muy expresivas las palabras de Gestoso, que recoge Domínguez Ortiz:

“Puede asegurarse que en manos de mudéjares y moriscos estuvo principalmente la producción artístico-industrial durante los siglos XV y XVI... Moriscos eran los alfareros que bajo el disfraz de nombres cristianos poblaban los barrios de Sevilla, siéndolo también los que en pobres viviendas producían riquísimas telas, labrados cueros, artísticas obras de metal, de cobre o de plata, armas, jaeces de caballos y demás objetos de arte suntuario; dedicándose también a las industrias vulgares, a la labor de los campos, y explotando, en suma, todas las fuentes de la producció”.

 

El Conde de Salazar fue designado por el Rey Felipe III en 1610 para dirigir las operaciones de expulsión de los moriscos de la Corona de castilla, tarea que el Conde desempeño con particular celo. Cinco años después de los primeros bandos de expulsión en Castilla, y cuando se da por terminada su misión, Salazar lanza repetidas llamadas al rey y al Duque de Lerma alarmado por el gran número de moriscos que vuelve a sus lugares de origen.

 

 

Carta del Conde de Salazar a S.M. fecha en Madrid a 8 de agosto de 1615 
“Señor:

 

En un papel del Duque de Lerma del 31 del pasado me manda Vuestra Majestad que vaya dando cuenta del estado que tuviere la expulsión de los moriscos por que tenga efecto lo que está hecho y, aunque yo he quedado con mucha menos mano en esto que la que Vuestra Majestad mandó que tuviese cuando la ejecución de esta obra se remitió a las justicias ordinarias, siempre he dado cuenta a Vuestra Majestad de lo que en esto se ha ofrecido a que nunca se me ha respondido, así entendía que Vuestra Majestad tenía más ciertos avisos por otros caminos que ha sido causa de no haber yo dado cuenta de lo que tengo entendido por relaciones muy ciertas. En el Reino de Murcia, donde con mayor desvergüenza se han vuelto cuantos moriscos salieron, por la buena voluntad con que generalmente los reciben todos los naturales y los encubren los justicias, procure que se enviase a Don Gerónimo de Avellaneda, que fue mi asesor, como se hizo cuando su Majestad mandó que llevase instrucción mía de lo que había de hacer por la mucha plática que de aquel reino yo tenía, el consejo no quiso admitir esta instrucción y dióle otra tan corta que aunque fue e hizo lo que pudo, no hizo nada, ya que se han vuelto los que expelió, y los que se habían ido y los que dejó condenado a galeras acuden de nuevo a quejarse al consejo en toda Andalucía por cartas del Duque de Medina Sidonia, y de otras personas se sabe que faltan por volverse solo los que han muerto en todos los lugares de Castilla la Vieja y la Nueva y la Mancha y Extremadura, particularmente en los de señorío se sabe que vuelven cada día muchos y que las justicias los disimulan; una cosa es cierta, y es que cuanto a que Vuestra Majestad mandó remitir la expulsión a las justicias ordinarias no se sabe que hayan preso ningún morisco ni yo he tenido carta ninguna de ellas; las islas de Mallorca y de Menorca y las Canarias tienen muchos moriscos así de los naturales de las mismas islas como de los que han ido expelidos, en la corona de Aragón se sabe que fuera de los que se han vuelto y pasado de los de Castilla hay con permiso mucha cantidad de ellos y la que con las mismas licencias y con pruebas falsas se han quedado en España son tantos que era cantidad muy considerable para temer los inconvenientes que obligó a Vuestra Majestad a echarlos de sus Reinos, a lo menos el principal inconveniente, que es el servicio de Dios, se ha mejorado un poco pues de la cristiandad de todos los que digo que hay en esta corona se puede tener tan poca seguridad.

 

La jurisdicción que me ha quedado es solo responder a las justicias ordinarias a las dudas que me comunicaren y hasta ahora ellos no tienen ninguna de que les está muy bien dejar estar los moriscos en sus jurisdicciones así nunca me han preguntado. Vuestra Majestad según todo esto mandara lo que más convenga a su servicio que la relación que yo puedo dar a Vuestra Majestad, cumpliendo con lo que manda, es la que he dicho.

 

Con lo que su Majestad me mandó responder a la consulta de los moriscos de Tanger me a obligado a darle cuenta del mal estado que tiene la expulsión de los moriscos por los muchos que cada día se vuelven y por los que han dejado de expelerse, que todos juntos es una cantidad muy considerable; yo habré cumplido con esto con mi obligación y con lo que su Majestad mandó, y holgare mucho que su Majestad tome la decisión que pareciese que más conviene; una sola cosa aseguro a Vuestra Majestad y es que si convino echar a los moriscos de España, después de haberlos echado no conviene dejarlos volver a ella contra la voluntad de su Dueño y que con hacerlo queda deslucida la mayor obra que nunca se ha hecho y se falta al servicio de Dios a quien esta gente no conoce sino para ofenderle. Guarde Dios a Vuestra Majestad los años que deseo”.

 

Se nos hace evidente por este correo, como por la mucha otra documentación existente, que no se expulsó a gente de otra raza, ya que eran indistinguibles los cristianos de los musulmanes. En otra carta, dice:

“He sabido que los más de ellos no vuelven a sus casas por temor a ser conocidos y denunciados, y como son tan ladinos residen en cualquier parte donde no los conocen como si fueran cristianos viejos.

 

Para averiguar que son “muy moros” tiene que observar el cargamento que tienen para el viaje, o de lo contrario le es imposible:

No hallé en la visita que hice de sus personas mercaderías y hacienda una brizna de tocino ni ningún vaso con vino, levando como llevaban muchas cecinas de carnero, cabra y macho y siendo el tocino y vino la mejor provisión que si no fueran moriscos podían llevar para su viaje”.

La pena que solicita este Conde de Salazar al Rey para estos que vuelven es la siguiente:

“Supuesto que la pena de muerte en que han incurrido parece inejecutable para tantos, se podría tomar por expedientes que los varones que hubieran venido y vinieren de Berbería o Marsella u otros puertos sean cautivos para servir a Vuestra Majestad en sus galeras, y las mujeres queden también cautivas y sean hacienda (propiedad) de Vuestra Majestad”.

 

En los mismos términos, que el Conde de Zalaza,  escribe el obispo de Orihuela, Fr. Andrés Balaguer, en un memorial que dirige al rey, el 10 de Marzo de 1610, confirmando la  permanencia de los moriscos.

 

“En Alicante y toda su huerta quedan muchos moriscos, así pequeños como grandes, así hombres como mujeres, de 20, 30, 40, y 50 años, los cuales han traído como esclavos y los tienen por tales”

 

Este mismo obispo clasifica en cuatro apartados a los moriscos  que se quedan en su diócesis, dando un total de 306 personas;

  1. Niños moriscos (aunque incluye también en este apartado algunas personas mayores que permanecen sin licencia, en número de 248.
  2. Moriscos que tienen licencia del obispado por haber dado muestras de ser buenos cristianos antes del decreto de expulsión, en número de 47.
  3. Moriscos que han probado ser hijos de cristianos viejos; son 7.
  4. Moriscas casadas con cristianos viejos o que han quedado viudas; son 4.

 

La  permanencia de moriscos en Andalucía y España, después de las órdenes de expulsión, es un hecho indudable, pues, a pesar de los sucesivos decretos proclamados contra su estancia en Andalucía y en España, muchos de ellos consiguieron mantenerse en estas tierras, que no deseaban abandonar, valiéndose para ello, como hemos dicho, de muy diversas estratagemas. Algunos de ellos, incluso, se mantuvieron ocultos en sus viejas tierras, eludiendo el cumplimiento de todas las disposiciones, amparados por sus mismos señores, que temían perder su valiosa mano de obra, tan experta para la agricultura; y, aún de los que se marcharon, fueron muchos también los que regresaron de nuevo a España, buscando la forma de permanecer en ella subrepticiamente. En este sentido se expresan las quejas de Fr. Marcos de Guadalajara, acerca de la desidia de los responsables de llevar a efecto la total expulsión, y dice:

 

“En las justicias y personas a cuyo cargo estaba el An­daluzia, Reyno de Granada, y de otras partes, no auia tanta diligencia en expeler los que alli auian quedado, y castigar los que se auian buelto como conuenia”.

 

También Pedro de Arriola, encargado de la expulsión de los moriscos de Andalucía, se queja del gran número de éstos que regresa, en una carta dirigida al rey, fechada en Málaga a 22 de noviembre de 1610:

“                                           Muchos moriscos de los expedidos del Andaluzia y Reyno de Granada se van  bolbiendo de Berberia en navios de Franceses que los echan en esta costa de donde se van entrando la tierra adentro, y he sabido que los mas dellos no buelben a las suyas por temor de ser conosçidos y denunçiados, y como son tan ladinos residen en qualquier parte donde no los conosçen, como si fuessen christianos viejos”.

Y dice más adelante:

“Y los que quedan se buelben a España y tengo presos cinco que se han atrebido a venir a esta ciudad y estos me dizen que se van bolbiendo todos...”.

 

Acerca de estas inmigraciones subrepticias, una de las descriciones; más sugestivas es la que hace Cervantes, en su parte II del Quijote (editada en 1615), cuando refiere el encuentro de Sancho con los al parecer peregrinos extranjeros, que pedían limosna cantando, entre los que se encontraba su antiguo vecino Ricote, "transformado de morisco en alema o en tudesco", el cual le refiere sus cuitas, "sin tropezar nada en su lengua morisca, en la pura castellana", diciendo:

“Cómo, ¿y es posible, Sancho Panza hermano, que no conoces a tu vecino Ricote el morisco, tendero de tu lugar?"... "Finalmente, con justa razón fuimos castigados con la pena del destierro blanda y suave al parecer de algunos; pero al nuestro la más terrible que se nos podía dar. Doquiera que estemos lloramos por España; que, en fin, nacimos en ella, y es nuestra patria natural; en ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desventura desea; y en Berbería y en todas las partes de Africa, donde esperábamos ser recibidos, acogidos y regalados, allí es donde más nos ofenden y maltratan. No hemos conocido el bien hasta que lo hemos perdido; y es el deseo tan grande que casi todos tenemos de volver a España, que los más de aquellos (y son muchos) que saben la lengua como yo, se vuelven a ella, y dejan allá sus mujeres y sus hijos desamparados: tanto es el amor que la tienen"“ (cap. LIV).

 

Es interesante en este pasaje la referencia que Ricote hace de Alemania, como país adecuado para establecerse los moriscos:

“Salí como digo, de nuestro pueblo, entré en Francia, y aunque allí nos hacían buen acogimiento, quise verlo todo. Pasé a Italia, llegué a Alemania, y allí me pareció que se podía vivir con más libertad, porque sus habitadores no miran en muchas delicadezas: cada uno vive corno quiere, porque en la mayor parte della se vive con libertad de conciencia”

“Ahora es mi intención...pasar desde Valencia a mi hija y a mi mujer, que sé que están en Argel, y dar trazas como traerlas a algún puerto de Francia y desde allí llevarlas a Alemania, donde esperaremos lo que Dios quisiere hacer de nosotros”.

 

Esta tolerancia alemana hacia los moriscos se debía a la influencia de la Reforma de Lutero; en Francia también habían encontrado buena acogida por parte de los protestantes del Mediodía, en el Bearn y en el Languedoc, pues en el sínodo nacional de Montauban de 1594 se precisa que pueden recibir el bautismo "les enfants de ceux qu'on appelle Bohémes, Sarrasiris 011 Egyptiens”. Vemos, pues, ya mezclados socialmente en Europa a los moriscos con los bohemios y los gitanos, todos marcados entre las razas proscritas.

 

Cuando la expulsión, Enrique IV había permitido que los moriscos se instalasen en Francia, aunque con la condición (ya que en 1593 había abjurado del protestantismo) de que se adhirieran a la "religión católica, apostólica y romana"; a pesar de la tolerancia religiosa expresada en el edicto de Nantes (1598), muchas familias moriscas prefirieron continuar su éxodo hasta Alemania para "vívir con más libertad", según las palabras de Ricote. Algunos, sin duda, buscarían regresar de nuevo, del modo que, fuera, a España.

 

En un magnífico trabajo de investigación, de Govert Westerveld titulado. (La expulsión de los moriscos, Blanca,” El Ricote” de Don Quijote). Nos dice.

 

“Por lo que se refiere a Murcia, las acusaciones de Ginés de Almodóvar (A.G.S., Estado, leg, 245, fol. 89) de que esta provincia estaría llena de moriscos son sin duda exactas y justificadas: 23 lugares de moriscos se han librado de la expulsión y ello gracias a don Pedro de Toledo, marqués de los Vélez, el cual como ya sabemos, era titular de la encomienda de Val de Ricote. Es probable que este informe haya inspirado el del conde de Salazar, que data de finales de septiembre, al menos en parte, pues la carta que le acompaña recomienda no dejarlo caer en manos de don Pedro de Toledo, y trata bastante por extenso la cuestión de Val de Ricote”.

 

El informe del capitán general del reino el 9 de enero de 1611 dice: “Los de los barrios de Murcia y Molina…están tan ladinos en la lengua, traje, costumbres y tan mezclados con cristianos-viejos que ya se afrentan de que les diga nadie lo contrario y ésta es la mejor calidad de gente. Alcantarilla, Alguazas y Cotillas con las aldeas que están dentro de esta huerta de Murcia, que son las de la segunda calidad, tienen en lo exterior muchos de cristianos que es lo que yo he podido juzgar de ellos. En lo demás veo confusión y que se tiene por menos seguro. Lo del valle de Ricote, Archena, Socobos, Ceuti y Lorqui y de estos por lo peor cuatro lugares de los seis de la encomienda de Ricote y que son: Ojos, Blanca, Abarán y Ricote porque aunque también hay entre ellos algunos clérigos andaban muy mezclados con los de Valencia y se casaban unos con otros; no comen tocino; conservan sus antiguos trajes y costumbres y se dice públicamente que algunos curas han murmurado que nunca les confiesan pecados, aunque yo estuve en Blanca el día de Reyes y les vi acudir a la iglesia con devoción que es cuanto e podido averiguas. Sospecha tengo que muy pocos han dejado de vivir en lo pasado como moros de sus puertas adentro aunque algunos lo disimulaban más que otros”.

 

Pese al favorable informe del padre Pereda sobre los conversos antiguos, los intransigentes del Consejo Real triunfaron y en octubre de 1613 comisionaba el rey al conde de Salaza para que echara a los mudéjares murcianos.

 

No obstante, los años que mediaron entre el decreto de 1611 y la orden de 1613 fueron aprovechados por muchos, como dice Boronat para refugiarse en el Reino de Valencia. Pero, perseguidos por el Marqués de Caracena, volvieron a Murcia, donde había tantos en agosto de 1615 “que parece que no se ha hecho la expulsión”, que el Consejo Real habilitó fórmulas para su salida.

 

“No tenemos las bandas de los moriscos a expulsar, pero creemos que al menos 75% tuvo que salir del pueblo. Vemos que muchos blanqueños se iban a vivir en La Granja, reino de Valencia, cosa sobre la que el historiador  Antonio Rocamora Sánchez, cura de La Granja, no estaba al tanto. Otros se fueron a Mallorca. Los moriscos blanqueños tuvieron permiso del Conde de Salazar de irse a otros reinos de España y más de uno se aprovechaba de esta autorización. Gracias a una política más liberal del Felipe IV en 1624 los moriscos no fueron más perseguidos y pudieron volver a sus lugares natales. De esta forma muchos entraron otra vez en Blanca y el resultado fue que los cristianos, que las autoridades murcianas habían puestos en Blanca para el control, salieron poco a poco de Blanca. De esta forma el pueblo otra vez volvió a ser un pueblo morisco igual como antes de la expulsión”.

 

De  la permanencia de los moriscos, en Andalucía y el resto de España, hay gran cantidad de datos por ejemplo. La comunidad morisca de las cinco villas del Campo de Calatrava, sabemos que, aunque solicitaron enérgicamente el ser eximidos de la expulsión, exhibiendo privilegios que les habían concedido los Reyes Católicos, no les valió nada, pero posteriormente el regreso fue masivo, y, según los datos que han podido ser recogidos, de Villarrubia, de 730 moriscos expulsados en 1612 habían regresado 600, y ese mismo año habían vuelto a Almagro 800 moriscos. Tal era la situación que se ofrecía, que en 1624 fue otorgada una Real Provisión ordenando que se les guardasen dichos privilegios a los moriscos de las cinco villas y, según palabras de Blázquez Miguel, "desde entonces no parece que fueran molestados".

 

Pita Mercé da la cifra de 4.000 deportados del país leridano, pero indica que probablemente muchos de ellos desaparecieron en el viaje que los llevaba hasta la costa, dedicándose a partir de ese momento al nomadismo o estableciéndose en otros lugares donde no fueran conocidos, afirma: “En realidad, creemos que los cristianos nuevos de origen morisco del país leridano que cumplieron efectivamente la orden de expulsión, fue solamente la tercera parte del total de los existentes, es decir los más conocidos y distinguidos entre ellos por su carácter de moriscos...; pero entre los moriscos pobres, más o menos adaptados a la conversión, fueron mayoría los que bajo pretexto de una u otra consideración se quedaron en el país. Sólo esta permanencia de más de la mitad de la población morisca del Bajo Segre y del Bajo Cinca, puede explicar los rasgos moriscos que afloran hasta hoy en la población actual de dichas comarcas. Creemos que en 1610, en la zona leridana habría un total de 10.000 moriscos o más y de ellos, solamente unos 4.000 salieron para el destierro”

 

. Todavía en 1613 es preciso que se publique una nueva Real Cédula, dirigida a los virreyes de Aragón, Navarra, Valencia, Cataluña y  Portugal, y a las justicias de Castilla, para que se cumplan estas ordenanzas de expulsión, que no acaban nunca de cumplimentarse, en la cual se dice, para justificar la reiteración de las disposiciones:

“... Y aviendo ahora entendido por relaciones muy ciertas y verdaderas, que me han embiado personas fidedignas y zelosas de mi servicio y del bien público, que buelven a estos Reynos muchos moriscos de los que ya havian salido dellos, y que no salen ningunos de los que para irlos expeliendo avian quedado…”

“... Y porque he entendido que una de las principales causas que ha avido para bolverse tanta gente de los moriscos, ha sido las muchas licencias que se han dado por diversos tribunales y personas, para quedarse á títulos de viejos y otras causas de que han informado con siniestras relaciones y probanzas falsas..:”

 

Elena Pezzi, en su libro los moriscos que no se fueron. Escribe:

Vincent afirma: “Sin duda estos criterios prevalecieron en todas partes, lo que plantea el problema de la permanencia en España de una población morisca más numerosa de lo que generalmente se admite, después de 1610. La toponimia atestigua su pervivencia en Extremadura. Sin embargo, considera la imposibilidad de precisar cuántos fueron los moriscos que se quedaron, ya que siempre se ha considerado que la expulsión de 1609-1610 fue el exterminio radical de su presencia en España”.

 

Los procesos inquisitoriales del Santo Oficio, conservados en los archivos, demuestran de  forma  evidente que los moriscos mantenían su presencia, aunque de una forma latente. Un ejemplo de ello podría se el caso de un tal Juan Fernández, morisco de los que quedaron en Valdepeñas después de la expulsión, tras haber acreditado una sincera conversión; sin embargo, en 1613, en la noche de la boda de su hija, ante la presencia de diez personas, pronunció una oración en árabe, amonestó al novio para que cuidase de su hija y declaró que ya estaban casados, porque la ceremonia de la Iglesia no tenía ningún valor.

 

Respecto a jurisdicción de Murcia, según los procesos registrados de la inquisición, gran parte de los moriscos expulsados que se habían refu­giado en Orán, fueron pidiendo, poco a poco, volver a la fe católica, como ocurrió en 1624, año en que fueron absueltos 28 de ellos. Durante todo el siglo XVII se sabe de la gran abundancia de moros en Cartagena, in­cluso todavía en 1677 eran muchos los que se encontraban, algunos libres y otros a los que se les denominaba “cortados o atajados a çierto prezio pagando por el conforme a sus cantidades de jornales crezidos que son usuras conoçidamente...”; se atajaban por 100 pesos. No debía de diferir mucho esta situación en el siglo XVIII, ya que el rey de Argel edificó una mezquita para los moros de Cartagena, que fue asaltada por los cristianos de la ciudad, lo cual provocó las protestas de los argelinos ante el P. Alonso Zorrilla, que amenazaron con la destrucción de todas las iglesias de Argel y el derribo del hospital.

 

“Siguiendo, en lo posible, los rastros de las huellas que estas gentes nos fueron dejando, apoyándonos en los datos lingüísticos y culturales de algunos pueblos españoles, hemos intentado encontrar una relación entre unos y otros, mientras nos preguntábamos: ¿quiénes eran los “maños", los majos, los "quinquis"...? (gentes que han constituido siempre una población consolidada en sus usos y costumbres, bien diferenciadas). ¿Por qué se llamaban así?. ¿Por qué eran tan abundantes las palabras de origen árabe entre las gentes de germanía o del "hampa", y entre ellos formaban categoría social los "guapos", los "chulos", los «jaques”, los «jayanes”, los mandiles", los «gorrones"...? Una profunda curiosidad por estos grupos sociales me llevó a ir buscando, en cada uno de ellos, un posible entronque con los supervivientes de los antiguos moriscos”.

 

De este mestizaje que se vivía, y que influencio a toda la sociedad de la época. Sigue escribiendo Elena Pezzi.

 

“ El uso de muchas de las modas moriscas fue habitual en España en todo el siglo XVII. Las "tapadas" fueron famosas en nuestra literatura del Siglo de Oro: las damas sabían usar de sus velos y mantos como instrumento de galanteo y aventura. El historiador matritense Antonio de León Pinelo escribe:”

“el taparse es embozarse... de medio ojo, doblando, torciendo y prendiendo el manto de suerte que, cubriendo uno de los ojos, que siempre es el izquierdo, quede lo restante del rostro aún más oculto y disfrazado que si fuera cubierto todo...”

“..Como las moriscas siempre andaban tapadas con sus almalafas o sábanas blancas... en vistiéndose a lo español, convirtiéndolas en sus mantos negros, dieron en taparse con ellos del modo que solían con las sábanas”.

 

Tirso de Molina pone en boca de un galán, ponderando a una Sevillana:

 

"¡Oh, medio ojo, que me aojó! ¡

¡Oh, atisbar de basilisco!

¡Oh, tapada a lo morisco!

¡Oh fiesta y no de la O!.

 

De Andalucía se extendió la moda del tapado a toda España; según Deleito, la moderna mantilla, que durante el siglo XIX distinguió el tocado de la mujer española entre las de otros países, fue una derivación de aquellos mantos moriscos.

Serán muchos los moriscos procesados, años después de la expulsión, y cuando oficialmente, ya no hay moriscos en toda España. Por ejemplo en 1630, tras haber sido expulsados dos veces de la Península, los moriscos llamados, Maria del Gastilo y su marido Diego Díaz, de profesión cortador de carne y vecinos de Belmonte, vivirán un proceso inquisitorial.

Comparecieron ante el tribunal después de que una antigua criada suya, Antonio Malo su mujer y algún otro testigo le acusan de lo siguiente:

- no echar tocino ni manteca a la olla sino guisar con aceite.

- comer carne en cuaresma y en viernes sin estar malos de salud ya que además  comían pescado, atún, sardinas, queso, cosas que nunca comen los enfermos.

- no iban a misa ni enseñaban las oraciones a sus hijos.

- se lavaban, cambiaban camisas los viernes y “dormían en cueros»

- recogían en su mesón a arrieros y moriscos  del Valle del Ricote.

“y save esta testigo que el dicho Diego Diaz recojia en su casa muchos moriscos de Val de Ricote y el y su mujer se entraban en su aposento con los dichos moriscos y hablavan algaravia que esta testigo no lo entendia y zerraban la puerta del aposento por mas de tres o cuatro horas,”

 

. Muchos años después de la supuesta expulsión, en Córdoba en Mayo de 1649 Julio de 1650 y debido a un hecho terrible como fue la peste bubónica que asolo la ciudad, las autoridades de esta ciudad, prohibió a los moriscos y otros grupos marginales de la época el acceso al hospital de San Lázaro, habilitado como centro para los apestados, destinándose para los moriscos una casa extramuros donde serian  atendidos por otros moriscos, se decía “ no bastar los médicos para los creyentes”;  Lo clérigos fueron agentes inductores en la atribución de la responsabilidad del mal a los que llevaban una vida irregular, o considerada ofensiva para Dios y la Iglesia Católica como eran ( moriscos, esclavos, prostitutas, amancebados y, en general, personas moralmente “contaminantes”) A todos los que consideraban  no creyentes, justificando así la puesta en marcha de acciones contra los mismos. Con todas estas medidas, los moriscos fueron obligados a portear las sillas en las que los enfermos eran trasladados a San Lázaro, a quemar sus ropas y los cargamentos sospechosos.

 

La desigualdad socioeconómicas se manifestará en la mortalidad originada por el contagio, que si bien incidió en toda la ciudad, fue mucho más elevada en las zonas económicamente más deprimida, poniéndose así de manifiesto que, con independencia de factores causales, la enfermedad no afectó a todos por igual, en desacuerdo con los testimonios recogidos en las crónicas de la epidemias, particularmente en las realizadas por Martín de Córdova y Nicolás de Vargas Valenzuela publicadas un año después.

 

La agudización del conflicto de intereses entre la nobleza terrateniente y la burguesía y su ruina como consecuencia directa de la epidemia, la debilitación de la confianza en el orden tradicional junto a la desigualdad ante la enfermedad y la muerte, sentida y sufrida especialmente por los grupos sociales menos favorecidos como eran los moriscos, incrementarán considerablemente la tensiones sociales. La esterilidad del año 1651 hará el resto. En las primeras horas del año 1651 estallará en Córdoba el impropiamente llamado “motín del hambre”.

 

Decía,  Julio Caro Baroja

“Hoy parece que estamos padeciendo un barrido cultural. A veces parece, asimismo, que hay miedo a la memoria y que la fidelidad en el recuerdo es algo que asusta”.

 

Rodolfo Gil Benumeya, en su libro: (Marruecos Andaluz editado en Madrid en 1942) dice: “…desde la expulsión de los moriscos, en 1610 hasta el 1900, habían estado cortadas las comunicaciones. Con la única excepción de algún que otro viaje de embajador marroquí y, sobre todo, el curiosísimo del Ghassani (publicado por el instituto General Franco, de Tetuán), el Ghassani cuenta cómo en tiempos de Carlos II encontró aún Andalucía llena de gentes que recordaban su origen árabe. E incluso pueblos enteros, como el interesantísimo

 

Andujar, cuyos habitantes eran descendientes de los Abecerrajes, sale Ghassani en defensa de la Inquisición, pues dice que se hizo para atajar los abusos de los judíos, y que sólo quemaba a judíos brujos y gentes por el estilo, todas peligrosas. Pero que no tenían, ni la inquisición ni la Iglesia, el menor prejuicio hacia el origen árabe de nadie, pues lo que estaba prohibido era el culto musulmán, no el origen. Al contrario, era de origen árabe toda la aristocracia del Sur, y estaban muy orgullosos de ello, pues el descender de árabe  era una cosa muy digna y respetada. Respecto a la conversión de estos andaluces al catolicismo, que era generalmente sincera, Al Ghassani lo deplora, pero sólo como accidente casual…”.

Rodolfo Gil Benumeya, recuperara datos históricos de crónicas marroquíes, y españolas, tan interesantes, como sorprendente.  La salida en secreto de España de moriscos granadinos 60 años después de la expulsión, “…hacia 1670 llegaron moriscos de las sierras granadinas, que ya sólo hablaban español; uno de ellos era discípulo indirecto de Lope de Vega, y fundó un teatro, donde representaban comedias en español. Pues los tetuaníes hablaban por entonces español y siguieron hablándolo hasta muy entrado el siglo XVIII, según testimonio de todos los viajeros por Marruecos en ese siglo…”.

 

“Así, sin  saberlo, la vida del Sur español ha conservado un estilo marcadamente oriental en los siglos más recientes, Estilo que fluía naturalmente. Algunas formas se iban empujando por las modas y por el paso del tiempo. Nacían para sustituirlas otras formas que aparecían ya con estilo oriental, brotando…”

 

Toda Andalucía está impregnada del recuerdo de lo morisco lo moro, en el campo en las ciudades, detalles que se nos escapa por el ajetreo de la vida moderna, a pesas del embrujo moruno  de nuestras ciudades,  Sevilla, Granada, Córdoba, etc. En la Iglesia del Salvador de Sevilla, está escrito en las paredes en la calle:

 

“EL REY D. JUAN LEY 11 EL REY I

TODA PERSONA  QUE TOPASE EL SANTISSIMO SACRAMENTO SEAPEE AUNQUE SEA EN ELLODO SO PENA  DE 60 OMRS DE AQUELTIEMPO SEGÚN  LALOABLECOSTUMBRE DEESTA CIUDAD O QUE PIERDA  LACAVALGADURA Y SI FUERE MORO DE 14 AÑOS ARRIBA QUE HINQUE LAS RODILLAS O QUE PIERDA TODO LO QUE    LLEVARE VESTIDO Y SEA DE EL QUE LO ACUSARE

SE PUSO ESTALOZA PORLA ARCHICOFRADIA DEL SANTISSIMO SACRAMENTO DE ESTA IGLESIA COLEGIAL AÑO DE 1714”

 

Se supone que los moros esos a los que se refiere, ya no existen en toda España, pues fueron expulsados en 1609 -1610 ¿Como más de un siglo después en 1714 aun quedan moros en la ciudad de Sevilla?.

 

1750 al sur de Guadix, en la población de Alcudia, “en el Catrastro de Ensenada, se describe como asentamiento  con 80 casas , donde moraban 74 moriscos y 6 cristianos viejos que vivían del cultivo de viñedos y castañares, alamedas y frutales, y de la producción de seda. También se dedicaban a la ganadería, la fabricación de harina en dos molinos...”. Siempre fuimos los mismos hijos de esta tierra andaluza, nunca nos fuimos.  Cambio la cultura y el estado, es una constante en la historia. Los bárbaros siempre atacan las culturas más ricas y civilizadas. Luego los historiadores disimularon esta antigua situación de ocupación bajo una leyenda de cruzada, reconquista y liberación. Para ello tuvieron que inventar y manipular la historia de Andalucía y de España, para imponer su hegemonía sobre unos territorios autónomos. Se produce un hecho muy significativo en pleno siglo XIX, y que ha pasado como muchos otros que se  dan por toda la geografía y territorio de Andalucía y el resto de España, y que para los historiadores no quieren o no pueden ver. Las obras del puerto de Almería se ampliaron, en un nuevo embarcadero, que se construye coincidiendo con la visita que 1862 la reina Isabel II hace a la ciudad de Almería, el Obispo de esta ciudad, da un discurso, en los que enumera los males que azotan a España en esos momentos, entre los cuales se encuentra “el liberalismo y el Islam” ¿como es posible que en pleno siglo XIX, el Islam sea un problema en el territorio de España?. ¿O como se entiende qué el catalán Domingo Badía el famoso (Ali Bey) a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, cuando su padre funcionario de justicia es trasladado a la ciudad de Vera (Almería), aprendiera el árabe en su relación y juegos con los niños de esta ciudad del sur?.

Dice Rafael Cansinos (1883-1964), en su libro la copla andaluza:

“Andalucía está obsedido por el fantasma moruno, donde quiera que veis una ruina, allí surge la sombra del moro; en sueños con tesoros soterrado, que en un tiempo, por lo menos ha sido el sueño de toda Andalucía, infaliblemente intervienen los moros; el moro esta siempre presente, aunque invisible, en Andalucía, embocado tras las columnas de los patios, entre los bojes de los jardines. Es como un duende, cuyas huellas pueden seguirse por todas partes, aunque no se le vea a él mismo. Para cualquier enigma, el andaluz tiene siempre a mano la clave del moro. Ellos hicieron todo lo que no se sabe quien lo hizo. La noción del moro o el árabe esta cuajada de superstición para el andaluz; es inspiradora de cierto temor místico y de atracción nostálgica. El andaluz comprende que allende el Estrecho hay otra Andalucía, acaso más real; que sus torres y sus jardines morunos se corresponden con otras torres y otros jardines de Marruecos, que son sus únicos semejantes: que la Giralda –por ejemplo- pertenece a esa caravana de alminares que da la vuelta al mundo musulmán. Andalucía vive, o ha vivido hasta hace poco, con una subconciencia islámica…..”.

Convendría  revisar la historia, si aun no se ha hecho, la razón es penosamente obvia.

 

HOMBRES DE LUZ I

HOMBRES DE LUZ II: VOLVER A SER LO QUE FUIMOS

HOMBRES DE LUZ III:  SIGUIENDO EL RASTRO MORISCO

HOMBRES DE LUZ IV: TRAS EL RASTRO DE LOS CONVERSOS