CÂLIH AL-'ADAWÎ

Categoría: Sufíes de Al-Andalus

Este hombre era un cognoscente por Allah (‘ârif bi llâh), dedicándole a El todo lo que hacía, y recitando el Corán en todos los momentos del día y de la noche. Nunca tuvo casa propia y no se preocupaba en absoluto de su salud; era de esos que pretenden alcanzar la estación de los setenta mil que entrarán en el Paraíso sin sufrir la Rendición de Cuentas (al-hisâb)[1].

Ibn Arabí . Los Sufies de Al-Andalus

 

No hablaba con nadie y no asistía a ninguna reunión. A veces venían a decirle que el sol se ocultaba en el cielo, mientras él estaba todavía en la primera rakat del salat de la mañana[2]. Cuando se preparaba para el salat los días de frío intenso, se quitaba la ropa, conservando solamente una camisa y los pantalones; y, a pesar de ello, sudaba como si se encontrara en las termas. Al hacer sus ibadas (practica), lanzaba gemidos y mascullaba de tal forma que nadie podía comprender lo que decía.

Nunca dejaba nada para el día siguiente y no aceptaba nada que excediera lo justo y necesario, tanto si era para él como para los demás. Pasaba la noche en la mezquita de Abú ‘Amir ar-Rutundalî, el recitador del Corán[3]. Fui discípulo suyo durante varios años, en ellos me dirigió tan pocas veces la palabra que casi podría contar sus palabras. Un año, desapareció de Sevilla con motivo de la Fiesta del Sacrificio[4] Cierto jurista, hombre digno de fe, me indicó después que el shaykh había estado presente en la concentración de ‘Arafât[5] y que lo había sabido por alguien que lo había visto allí[6].

Mantenía una relación especial con nosotros y con frecuencia nos dirigía sus meditaciones, de lo cual obtuvimos un gran beneficio espiritual. Por lo que a mí respecta, me anunció muchas cosas que, más tarde, resultaron totalmente justas.

Fue Abû ‘Alî ash-Shakkâz[7] quien le cuidó durante su enfermedad. Posteriormente vivió cuarenta años en Sevilla, donde murió. Nosotros mismos lavamos su cuerpo durante la noche y lo llevamos a hombros hasta su tumba, donde le dejamos para que la gente rogara por él y lo enterrara. Nunca jamás encontré a alguien parecido.

Su condición (hâlah) era semejante a la de Uways al Qaranî[8].

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[1]<![endif]> Budhârî K. ar-Riqâq, b. 50.

[2] Se trata de la –alât ad-duhâ, oración superrogatoria que se hace a media mañana.

[3] Cf. Ibn Abbâr Takmilah, ed. Codera, pág. 527

[4] Esta fiesta musulmana, que conmemora el sacrificio de Abraham, se celebra el décimo día del mes de Dhû-l-Hijjah, mes de la peregrinación. Se llama ‘Ayd al-Adhâ, la Fiesta del Sacrificio, o ‘Ayd al-Kabîr, la Gran Fiesta.

[5] Uno de los ritos de la peregrinación.

[6] Evidentemente. Calih al-’Adawî no se había dirigido a La Meca de la misma forma que los demás peregrinos... Ibn ‘Ajibah relata una anécdota semejante: “Sîdî al-Husayn aI-Hajjûji formaba parte de las “gentes de paso” (ahl al-khutwah). Todos los años estaba presente con los peregrinos del Monte ‘Arafát, adonde se dirigía de una forma extraordinaria, reduciendo las distancias” (J. L. Michon, L’Autobiographie... op. cit. pág. 34).

[7] Cf. infra, pág. 71

[8] Uways al-Qaranî vivió en la época del Profeta, peso nunca le vio. A pesar de ello, el Profeta le conocía y le dió su descripción a ‘Umar y a ‘Alî y les suplicó que fueran a transmitirle sus saludos (y a pedirle que intercediera por su comunidad; también ordenó que le devolvieran su abrigo). Después de la muerte del Profeta, se pusieron a buscarlo y le pidieron su bendición; él les aconsejó que estuvieran preparados para el Día de la Resurrección. Murió combatiendo por ‘Alî en la batalla de Ciffm, en 37 H. (lo cual hace decir a Corbin, fiel a su manía “asimiladora”, que fue un mártir del shiismo. Sobre este santo totalmente excepcional, podemos remitimos al Mémorial des Saints de ‘Attâr (1976, pág. 27-37) y será fácil comprobar una gran similitud de carácter espiritual entre estos dos awliyâ’. La observación final de Ibn ‘Arabî debe indicar también la pertenencia de Calih al-’Adawî al tipo espiritual de los Ywaysîs; ver al respecto Jâmi, La Vie des Soufis, (1977, pág. 77-9) y, con reservas, H. Corbin, L’Imagination créatice dans le Soufisme de Ibn ‘Arabí, 1958, pág. 27.