ISLAM Y AL-ANDALUS

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IDENTIDAD MORISCA

MORISCOS3254

Ya se ha visto que los inmigrantes moriscos embebieron la sociedad árabe islámica del Magreb con su herencia peninsular.

 

Por una parte eran herederos de los nueve siglos de la civilización islámica de Al-Andalus e hicieron partícipes de su herencia a los países que les recibieron en su destierro. Pero por otra parte transmitieron a esos países parte de su herencia específica hispánica, diferente de la cultura tradicional magrebí en lengua, costumbres y técnicas. La herencia andalusí e hispánica de la inmigración morisca se manifestó con particular fuerza en la sociedad tunecina, precisamente porque la andalusí era muy antigua y prestigiosa y porque la hispánica era muy fuerte en los moriscos emigrados a Túnez, que eran castellanos, aragoneses y catalanes, más hispanizados y menos arabizados que los valencianos, que emigraron masivamente a Argelia, o los andaluces, que lo hicieron también a Marruecos, especialmente en sus ciudades portuarias. Éstas serían seguramente las que mas rápidamente perderían las características hispánicas y la identidad andalusí.
 

1. Identidad onomástica
Los moriscos inmigrantes tenían nombres y apellidos hispánicos. Ya durante el viaje se les ve utilizar un doble nombre, al igual que en sus transacciones comerciales con europeos. Van cambiando rápidamente los nombres de pila cristianos, pero muchos conservan apellidos hispánicos. Algunos de esos apellidos aparecen en la documentación posterior: en la del XVII, recogida por Grandchamp; en la del XVIII, como en el diario de Francisco Ximénez; en la del XIX, estudiada por El Gafsi y Benali; en la actual, estudiada especialmente por Latham y los Zbiss.


La lista de esos apellidos de origen hispánico es amplia y se presta a interesantes estudios etnológicos. Ofrece, en general, más visos de autenticidad morisca que los equivalentes marroquíes, porque éstos pueden deberse -al menos en parte- a otros inmigrantes islamizados originarios de la Península. Esta posibilidad es muy reducida en el caso de los apellidos hispánicos tunecinos.


Junto a apellidos hispánicos, hay familias muy conscientes del origen andalusí de sus apellidos árabes, como los Ibn-'Axr (Benachour), procedentes de un hombre religioso venido de Marruecos, y los Al-Ijwà (Lakhoua), descendientes de los moriscos granadinos expulsados a principios del siglo XVIII. Todos tienen a gala el ser «andalusí», aunque muchas familias hayan mudado su exótico apellido hispánico por otro más árabe, en algún período de los casi cuatro siglos que os separan de la expulsión de España.


Una anécdota tunecina, contada por un electricista-albañil a un profesor de la Universidad, ilustra míticamente lo que significa el origen andalusí, el apellido y el exilio para un descendiente de moriscos:


Yo soy andalusí.
Nos lo dijo nuestro padre,
cuando nos reunió junto a su lecho de muerte.
Y nos dijo:
Antes éramos ricos,
pero hemos dilapidado nuestra fortuna.
No nos apellidábamos Táhar,
un nombre árabe que llevamos ahora.
Nos apellidábamos «Teruel»,
un nombre de Al-Andalus,
el nombre de un pájaro migratorio,
de la región de Córdoba, la excelsa capital de Al-Andalus.

 

2. La identidad lingüística: permanencia del español
Una gran parte de los moriscos emigrantes a Túnez no debían saber el árabe. Eran originarios de Aragón y del valle del Ebro catalán, donde más se había perdido esa lengua, y de las dos Castillas, donde los antiguos mudéjares sólo sabían el castellano, en general, y los granadinos dispersados a mediados del XVI tampoco dominarían el árabe.


Son múltiples los testimonios de la ignorancia del árabe, incluso del hablado, por parte de los inmigrantes en el momento de su llegada a Túnez. Hasta recibieron autorización para ser adoctrinados en castellano. Esta petición fue obra, seguramente, de algunos de los moriscos letrados en romance, que querían seguir escribiendo en esa lengua. Nos quedan vanos manuscritos tunecinos en castellano, estudiados por Oliver Asín, Harvey, Galmés de Fuentes, Epalza, Penella, López-Baralt, Bernabé, Vespertino Rodríguez y otros.


Los temas de esas obras son religiosos y morales, aunque algunos se revisten de auténtica forma poética y literaria, como el largo cántico religioso de Ibrahim Taybili, estudiado por Bernabé, o el soneto analizado por Galmés de Fuentes. Este dominio del castellano escrito no parece sobrepasó la primera generación de inmigrantes. Al menos no consta ningún escrito posterior a la mitad del siglo XVII. Un diplomático inglés del primer cuarto del XVIII escribe que sólo había dos andalusíes capaces de leer unos textos que adquirió en Testur. Francisco Ximénez, por las mismas fechas, atribuye el analfabetismo en castellano de los andalusíes a unas disposiciones de las autoridades tunecinas que cerraron las escuelas en castellano y mandaron alfabetizar a los niños moriscos en árabe. Pero él mismo tradujo al castellano unas obras de historia tunecina en árabe, con la ayuda del morisco Muhámmad Corral, que se lo dictaba oralmente en castellano, que él transcribía seguramente. También Ximénez y, algo más tarde, un viajero francés son testigos de que en algunos pueblos tunecinos se cantaban canciones en castellano y que los viejos hablaban esa lengua con bastante fluidez. A mediados del XVIII se acaba la constancia del uso del castellano como lengua viva oral.


Por esa misma fecha se mantenía la tradición, en Testur, de que los vecinos del pueblo de Grich-El-Oued actual se llamaban «los catalanes» porque hablaban esa lengua. Puede ser que fueran valencianos, para sus vecinos castellanos y aragoneses castellanohablantes, pero es muy probable que fueran catalanes de las últimas expulsiones del valle del Ebro.


Han quedado muchos hispanismos debidos a los moriscos en la lengua árabe hablada de Túnez. Han sido particularmente recogidos y estudiados por Latham, Teyssier, Zbiss y Mezzi.


El grupo de palabras más estructuradas se refiere a la artesanía de la chechía o «bonete toledano» como si fuera una jerga profesional y secreta de los moriscos que tenían ese monopolio.


También hay hispanismos en ciertos apellidos, como se ha visto. Se han encontrado nombres de indudable origen hispánico, especialmente para ciertos aperos de labranza y ciertas variedades de aceitunas. Otros romancismos en el árabe dialectal tunecino pueden ser de otro origen (italiano o francés) o haber pasado a Túnez por otro camino que el de los moriscos, como los nombres de naipes y juegos.

Algunos nombres de alimentos son seguramente moriscos, como los «collares» o ristras de salchichas de cordero. El nombre de banadich (de «empanadas») está relacionado con una tradición de la expulsión: las moriscas escondían el oro que se llevaban en esos pasteles, para sustraerlo a la codicia de los múltiples transportistas y expoliadores que tuvieron que soportar los moriscos.


Actividades y tradiciones andalusíes en Túnez Hay una abundante documentación sobre las actividades de los moriscos en su nueva patria. Fueron, ciertamente, un elemento del esplendor tunecino en época otomana. Su actividad abarca lo militar (construcciones, corso, milicia y hasta un tratado de artillería) y especialmente lo civil. En algunas de esas actividades dejaron la impronta de la cultura hispánica que habían conocido y asimilado en España.


Este tema ha sido objeto de excelentes estudios, desde los clásicos de Abdelwahab y Latham a los más especializados de El Gafsi. Sólo pueden mencionarse algunos capítulos de esas actividades. Y no se puede entrar aquí en la discusión y valoración general de aportación andalusí a la economía y a la cultura tunecina del XVII (a partir del XVIII no tienen ciertamente una aportación específica, ya que se identifican enteramente con la cultura árabe de la sociedad tunecina).
 

1. Oficios de andalusíes
La gama de oficios en los que aparecen los andalusíes es muy amplia, a lo largo de los siglos, desde la inmigración masiva del XVII. Algunos son grandes comerciantes y hasta terratenientes, como Mustafá de Cárdenas, el jeque de los andalusíes, o la familia del jaznadar o ministro de finanzas del soberano tunecino a principios del XVIII. En la documentación conservada aparecen grandes familias de comerciantes, especialmente los relacionados con la fabricación de la chechía, que era una de los principales productos de exportación de Túnez hasta el siglo XIX. Todas las formas de artesanía urbana pueden ser cultivadas por los andalusíes.


Son a veces compatibles con el comercio y con el estudio y la docencia religiosa. Hay andalusíes escritores: unos pocos en castellano, entre los primeros inmigrantes, ymuchos en árabe, desde la generación de los expulsados de España hasta el poeta moderno Abderrazak Karabaca.


La construcción, en sus múltiples formas, es también oficio de muchos moriscos,donde dejaron huellas específicas. Maestros ceramistas de lujo aparecen entre los inmigrantes, pero prosiguieron con formas más locales de cerámica, en ciertos barrios de Túnez.


La industria textil, especialmente la de lujo (chechía, seda, bordados...), fue también oficio de andalusíes. Aunque es oficio masculino, también pudieron intervenir mujeres. Al menos es el único oficio artesanal en el que la presencia femenina está atestiguada.


Es evidentemente en la agricultura intensiva donde se distinguieron los andalusíes. Pero su labor en los pueblecitos andalusíes de los alrededores de Túnez fue más variada que la puramente agrícola, como se puede ver en los recientes estudios de Ibn-Achur sobre el monopolio de los curtidos de piel, en el siglo XIX, financiado por judíos tunecinos, pero realizados en zonas de implantación andalusí.

 

Algunos nombres de alimentos son seguramente moriscos, como los «collares» o ristras de salchichas de cordero. El nombre de banadich (de «empanadas») está relacionado con una tradición de la expulsión: las moriscas escondían el oro que se llevaban en esos pasteles, para sustraerlo a la codicia de los múltiples transportistas y expoliadores que tuvieron que soportar los moriscos.


Actividades y tradiciones andalusíes en Túnez Hay una abundante documentación sobre las actividades de los moriscos en su nueva patria. Fueron, ciertamente, un elemento del esplendor tunecino en época otomana. Su actividad abarca lo militar (construcciones, corso, milicia y hasta un tratado de artillería) y especialmente lo civil. En algunas de esas actividades dejaron la impronta de la cultura hispánica que habían conocido y asimilado en España.


Este tema ha sido objeto de excelentes estudios, desde los clásicos de Abdelwahab y Latham a los más especializados de El Gafsi. Sólo pueden mencionarse algunos capítulos de esas actividades. Y no se puede entrar aquí en la discusión y valoración general de aportación andalusí a la economía y a la cultura tunecina del XVII (a partir del XVIII no tienen ciertamente una aportación específica, ya que se identifican enteramente con la cultura árabe de la sociedad tunecina).
 

1. Oficios de andalusíes
La gama de oficios en los que aparecen los andalusíes es muy amplia, a lo largo de los siglos, desde la inmigración masiva del XVII. Algunos son grandes comerciantes y hasta terratenientes, como Mustafá de Cárdenas, el jeque de los andalusíes, o la familia del jaznadar o ministro de finanzas del soberano tunecino a principios del XVIII. En la documentación conservada aparecen grandes familias de comerciantes, especialmente los relacionados con la fabricación de la chechía, que era una de los principales productos de exportación de Túnez hasta el siglo XIX.


Todas las formas de artesanía urbana pueden ser cultivadas por los andalusíes. Son a veces compatibles con el comercio y con el estudio y la docencia religiosa. Hay andalusíes escritores: unos pocos en castellano, entre los primeros inmigrantes, y muchos en árabe, desde la generación de los expulsados de España hasta el poeta moderno Abderrazak Karabaca.


La construcción, en sus múltiples formas, es también oficio de muchos moriscos, donde dejaron huellas específicas. Maestros ceramistas de lujo aparecen entre los inmigrantes, pero prosiguieron con formas más locales de cerámica, en ciertos barrios de Túnez.


La industria textil, especialmente la de lujo (chechía, seda, bordados...), fue también oficio de andalusíes. Aunque es oficio masculino, también pudieron intervenir mujeres. Al menos es el único oficio artesanal en el que la presencia femenina está atestiguada.


Es evidentemente en la agricultura intensiva donde se distinguieron los andalusíes. Pero su labor en los pueblecitos andalusíes de los alrededores de Túnez fue más variada que la puramente agrícola, como se puede ver en los recientes estudios de Ibn-Achur sobre el monopolio de los curtidos de piel, en el siglo XIX, financiado por judíos tunecinos,

 

2. Agricultura, irrigación, obras públicas
Los moriscos contribuyeron al gran desarrollo urbano que conoció Túnez en época otomana. Ellos se beneficiaron de la estructura urbana de tipo oriental que los turcos fomentaron en el país, pero también contribuyeron con su actividad a ese desarrollo urbano, como lo hicieron en otras zonas del Magreb donde se instalaron.


El desarrollo urbano engloba el de la agricultura intensiva, en zonas dependientes directamente de las ciudades, como el valle de La Mitidja, cerca de Argel, donde los moriscos se habían instalado ya desde el segundo cuarto del siglo XVI. Las grandes zonas que ocuparon las colonias agrícolas andalusíes, alrededor de la ciudad de Túnez, ofrecían a la capital no sólo rica y variada alimentación, sino productos básicos para su artesanía y para la exportación, como el aceite del pueblo de Teburba, tema estudiado por El Gafsi.


Este investigador ha estudiado también los trabajos de canalización realizados por los andalusíes, especialmente en la zona de Batán, para la irrigación, para el suministro de agua a ciertos suburbios de Túnez y para el abatanamiento de la lana de las chechías. Lo mismo puede decirse de Zaghouan, donde restauraron canalizaciones que databan de época romana e islámica medieval.


Entre las obras públicas que realizaron en zonas rurales o interurbanas hay que mencionar construcciones militares, caminos empedrados para los carros de rueda y puentes sobre el río Medjerda y otros cauces de agua, en vías de comunicación importantes del país.
 

3. Monumentos conservados
Varios son los monumentos arquitectónicos, de diversa importancia, que pueden atribuirse a los moriscos y a sus sucesores. Lo que de ellos se conserva ha sido fotografiado, recogido y estudiado especialmente por Zbiss y El Gafsi. Los principales monumentos son, evidentemente, las mezquitas, en los barrios y pueblos andalusíes. Son particularmente importantes las mezquitas de Testur. La mezquita mayor tiene una torre alminar muy hermosa y un mihrab o nicho de oración con frontón barroco, único en el mundo (el de la mezquita de Medjez-El-Beb ha sido destruido muy recientemente). Las mezquitas pequeñas de Testur se parecen a la de Bizerta. Las de Alia y Solimán tienen inscripciones del tiempo de la llegada de los moriscos a Túnez.


También queda una inscripción en una fuente monumental de Grombalia. Las diversas fuentes públicas de los pueblos andalusíes han sido también estudiadas por El Gafsi.


Se atribuye también a los andalusíes la magnífica plaza porticada de Teburba y el entramado en líneas rectas de las calles de Testur y de otros barrios y pueblos moriscos de Túnez.