LA OTRA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS: LA REVUELTA DEL ARRABAL DE SAQUNDA

Categoría: Los moriscos

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Cuando los cordobeses desterrados fundaron Fez y conquistaron Creta (I)

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Bajo el reinado de la dinastía de los Austrias, Felipe III decretó la expulsión de los moriscos de la Península Ibérica que se llevaría a cabo desde 1609 a 1616. Pero no fue la primera vez en la historia de las Monarquías Hispanas en que se produjeron expulsiones, existiendo un precedente poco conocido que acaeció en el año 818, durante el Emirato Independiente de Córdoba y en aquella otra ocasión decretada por el Emir cordobés Al-Hakam I. Un hecho que tendrá profundas implicaciones en en el inicio de las relaciones diplomáticas entre al-Ándalus y el Imperio Bizantino y en las relaciones que se establecieron en el Mediterráneo Oriental cuando este se convierte en un “lago musulmán” que impide el tránsito de las embarcaciones bizantinas y obliga al Imperio Bizantino a utilizar un amplio despliegue diplomático con el fin de superar esa situación.


 

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Emirato Independiente de Córdoba.
División administrativa en Coras correspondiente al último período


 

El Emirato Independiente de Córdoba (756-929) surgido a la sombra del Califato Abbassi de Damasco pronto se constituye en un poder autónomo. Bajo el emirato de al-Hakam (796-822), se producirán una serie de problemas cuyo origen ya hay que buscarlo en los comienzos de la etapa independiente, bajo el gobierno de Abd-al-Rahman I (756-788). Este ejerció una política de moderación y controló las sediciones internas a las que se sumaban yemeníes y beréberes descontentos por el trato que se les daba. Pero a pesar de que pudo controlar estos problemas, tuvo que enfrentarse a otros como el avance de los reinos cristianos del norte o las rebeliones de Toledo (761) y de Beja (763) instigadas por los enemigos de los Omeyas cordobeses.


 

Las luchas por el poder serán una constante y así Hisham I (788-796) (hijo de Abd-al-Rahman I) tuvo que defender su título y luchar por el anillo del emirato ante su propio hermano Sulaynam que no aceptó la decisión de su padre respecto a quién debía sucederle. Ante los problemas sociales que fueron una constante se produjo una política de control rígido, que fue reforzada por la aplicación severa de la ley islámica, siendo reemplazada la doctrina de la Escuela de Damasco -al-Awza't- por la Malikí. A su vez el hijo de Hisham, al-Hakam, tomó la decisión de que los cadíes (jueces) y los demás magistrados, tanto en Córdoba como en el resto del país, dictara sus resoluciones basándose en la doctrina de esta nueva escuela jurídica fundada por Malik ibn Anas, que se difundió por gran parte del occidente musulmán, mientras que las otras tres escuelas - la Shaifi'í, la Hanafí y la Hanbalí - se van a implantar en el mundo musulmán ortodoxo.


 

Como ya le sucediera a su padre Hisham I, al-Hakam, que gobernó desde el 796 al 822, también tuvo que luchar por ganar el derecho al trono, combatiendo en diversos lugares de al-Ándalus con otros pretendientes al mismo, entre ellos sus dos tíos: Abd Allah y Sulaynam, que se hallaban exiliados en África. Durante su gobierno, se dedicó casi exclusivamente a reprimir las revueltas organizadas por los beréberes, los muladíes (la población de origen hispanorromano y visigodo que adoptó la religión, la lengua y las costumbres del Islam para disfrutar de los mismos derechos que los musulmanes) y los mismos árabes disconformes con su mandato. Para lo que estableció un sistema de espionaje, consistente en mantener de forma permanente en las puertas de su palacio mil caballos y espías dispuestos a actuar contra cualquier intento de rebelión. En su ejército empleo unos 5000 esclavos que no hablaban árabe, a los que llamaba mudos.


 

Es en este contexto en el que se produce, en el año 818 la revuelta del Arrabal (rabad) de Córdoba


 

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Puente Romano de Córdoba (Andalucía, España)

 

Al otro lado del Puente Romano que cruzaba el río Guadalquivir, la ciudad de Córdoba se extendió durante el gobierno de Hisham I hacia la otra orilla, donde se formó un arrabal que se extendía desde la ribera del río hasta los alrededores de una aldea vecina, Shaqunda -la antigua Secunda romana, cuyo nombre hace referencia al miliario situado en la segunda milla de la vía Augusta, que abandonaba la ciudad por el puente atravesando esta zona -. Y que estaba muy próximo tanto a la mezquita mayor como al Palacio de los Emires, por lo que muchos cordobeses que trabajaban en la sede de gobierno se instalaban en el arrabal. Junto a ellos también lo habitaban otros grupos de población más pobres que convivían con la aristocracia sustentada en orígenes árabes. Con el tiempo el arrabal de Saqunda se fue convirtiendo en un foco de oposición al Soberano, al que acusaban de tener una actitud despótica, violenta y orgullosa “(…) comenzó a rodear Córdoba con un recinto fortificado, guarnecido de zanjas; acuarteló a la caballería en la puerta de su palacio, donde había siempre una tropa armada, y aumento el número de sus mamelucos. (…)” IBN Al-ATHIR., Kamil fi-l-Tarij, en: MELO, D., Importancia de al-Ándalus en siglo IX, a partir de la Primera embajada con Bizancio, Seminario de Tesis, Universidad Católica de Valparaíso, 1998, inédito.


 

Un grupo de notables de Córdoba, entre los que se encontraban varios alfaquíes, tramaron una conjura para derrocar al emir y sustituirlo en el trono por Muhammad ibn al-Qasim, un primo del soberano que simuló aceptar y lo que hizo fue entregar una lista con todos los conjurados a al-Hakam, quien ese mismo día los hizo detener para condenarlos a morir crucificados. Pero a pesar de este escarmiento las protestas en el arrabal no terminaron. En el año 818 un guardia del emir acabó con la vida de un espadero niño “(…) "Añádase a todo ello que un mameluco del príncipe llevó su espada a casa de un bruñidor para hacerla limpiar, y como éste la remitiera a su dueño más tarde de lo convencido, el mameluco tomo la espada y golpeó con ella al obrero hasta dejarle muerto (…)" (IBN Al-ATHIR, 1998: 89-90).


 

Esto sucedió mientras al-Hakam I había salido a cazar. Y a su regreso, se encontró en Córdoba con una gran muchedumbre que se dirigía armada al Alcázar pidiendo su destitución. Al-Hakam ordenó a sus jinetes que prendieran fuego a los edificios de los arrabales. "Salió entonces (el emir) a combatirlos y los venció, destruyendo sus casas y sus mezquitas"(en: IBN JALDÚN, 1947: 142, y véase tb. CHEJNE, 1980: 28; LEVI-PROVENÇAL, 1957: 109; DE LAS CAGIGAS, 1947: 189. Cfr) "Por orden suya, su sobrino paterno Ubayd Allah hizo una salida por una brecha abierta en la muralla y con sus tropas atacó inesperadamente de flanco a la gentes del Arrabal e incendió sus casas, y entonces, aquellas huyeron tras un violento combate (…)". IBN Al-ATHIR, 1998: 90)


 

Al ver los habitantes del Arrabal que sus hogares ardían se retiraron y la guardia de al-Hakam persiguió a los rebeldes matando a más de 10.000 (CHEJNE, 1980: 27). La matanza se repitió durante tres días, no cesando hasta que los secretarios de al-Hakam le aconsejaron que la diera por finalizada. Pero al-Hakam dictó su sentencia:


 

“Trescientos notables entre los sobrevivientes del motín serían ejecutados y puestos en cruz; los demás habitantes del Arrabal conservarían su vida con la condición de salir inmediatamente de Córdoba, el Arrabal mismo sería arrasado, y su solar roturado y sembrado” (CHEJNE, 1980: 27).


 

 

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Excavaciones arqueológicas en el Parque de Miraflores (Córdoba, Andalucía) donde estuvo el Arrabal de Saqunda.
 Tras arrasarlo el emir al-Hakam I prohibió volver a construir en esta zona, hecho constatado arqueológicamente.


 

El éxodo comenzó casi de inmediato, un grupo de aquellos cordobeses expulsados irían a Toledo, pero la mayoría cruzó el mar, instalándose en las costas mediterráneas de África, preferentemente en Fez, o tomando rumbo hacia Egipto, para llegar primero a Alejandría y después a Creta.