LA HISTORIA DE AL -ÁNDALUS GUARDADA EN TOMBUCTÚ: EL FONDO KATI Y OTRAS BIBLIOTECAS DEL DESIERTO

Categoría: Historia de Al-Andalus

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Nos preparamos con mucha antelación para la muestra a celebrar en Toledo, Jerez de la Frontera y Tarifa, en 2017, con los la biblioteca andalusí del Fondo Kati cuya sede se encuentra en Tombuctú.

 

Una introducción al Fondo Kati

Amanecían los primeros días del año dos mil y las páginas culturales de los diarios se despertaban con un manifiesto encabezado por el poeta José Ángel Valente y firmado por reconocidos intelectuales y artistas. Entre ellos se encontraban Juan Goytisolo y José Saramago y se hacía un llamamiento instando a la comunidad política y a los poderes económicos a la conservación del denominado Fondo Kati, malamente guardados en la remota Tombuctú.  Desde entonces la biblioteca ha sufrido avatares de todo tipo que el integrismo y la barbarie no es solo cosa de ayer. Pero vayamos por partes.

La biblioteca andalusí de Alí b. Ziyad al-Quti

Aquel día nos enterábamos de una fabulosa biblioteca de manuscritos que se remontaban a finales del siglo XI y llegaban hasta mediados del siglo XIX escritos en árabe, hebreo y castellano aljamiado (recordemos, lengua castellana escrita con los caracteres del alfabeto árabe y/o hebreo). Nos enterábamos, aquel día, que el origen de la biblioteca se remontaba a finales del siglo XV y fue su “hacedor” un exiliado de un al-Ándalus que comenzaba a abandonar la tolerancia. Era un exiliado que tiene que abandonar su patria y espera encontrar la tranquilidad más allá del desierto del Sahara. Su nombre Alí b. Ziyad al-Quti.

Es esta una biblioteca con más de cinco siglos de historia en la que las sucesivas generaciones de la familia se vieron involucradas, de alguna manera u otra, en la conservación e, incluso, ampliación del fondo original.

Para el Fondo Kati se construyó una biblioteca ex profeso en Tombuctú con fondos de la Junta de Andalucía. Y de allí tuvo que salir, de nuevo, en 2012 con la llegada del yihadismo. En la actualidad, se encuentra dispersa entre Bamako y Tombuctú y está siendo digitalizada para realizar una exposición en 2017. Los fondos más emblemáticos, antiguos y/o de importancia se llevarán (provisionalmente) a Toledo, Jerez de la Frontera y Tarifa. Esperemos que para su regreso definitivo a Tombuctú donde puedan ser estudiados y guardados sin tanto sobresalto.

Las otras bibliotecas del desierto: los libros de Tombuctú

Se calcula que solo en la ciudad de Tombuctú (con solo  poco menos de  36.000 habitantes) hay sesenta colecciones privadas de fondos de muy diversa entidad y carácter. Y es así porque volúmenes raros y antiguos (algunos se remontan a la época medieval) conviven junto con libros impresos de finales del siglo XIX.

Casi todas están sin inventariar, catalogar y estudiar como es debido. La mayoría están conservadas en pésimas condicionas guardadas en arcones o en dependencias vacías de distintas casas de la misma familia. Y lo que es peor, sin posibilidad económica y/o logística de remediar el asunto a corto plazo a no ser que intervenga la cooperación extranjera. 

Doy un solo dato que atestigua la importancia que la palabra escrita tiene para estas familias. En estas colecciones se suele encontrar copias de la misma obra (hasta una decena de ejemplares del mismo título), lo que pone de manifiesto que los sucesivos propietarios de la biblioteca adquirían cualquier obra que estuviera a su alcance, sobre todo si se trataba de compendios o resúmenes de otras. Estas servían como libros de texto para la enseñanza.

¿Cómo eran los libros antiguos que llegaban hasta Tombuctú en el pasado?

La tradición islámica, en la que sustenta esta parte de África tiene una fuerte impronta cultural basada en el libro y lo escrito. Así, en las ciudades caravaneras del Sur del Sahara cuya población mayoritaria profesaba y profesa la fe de Mahoma existió desde el siglo XIII una importante clientela que demandaba libros. Eran ejemplares de muy diversa temática (lengua, gramática, historia, teología, astrología, matemáticas, física, derecho, ciencias naturales, medicina o música) que pudieran satisfacer las necesidades de conocimientos de los ulemas o de las familias pudientes de la zona.

Entre las mercancías más preciadas que cruzaban el desierto hasta el “País de los Negros” se encontraban manuscritos procedentes de al-Ándalus, Fez, Arabia, El Cairo, Marrakech… Eran obras que las familias se encargaban de transmitir celosamente a las generaciones futuras con la conciencia de que en ellos (tanto como en los documentos jurídicos o comerciales) recaía la memoria del clan.

Los talleres de copistas de Tombuctú

Estos libros, una vez que llegaban a las ciudades, eran copiados sucesivamente en auténticos talleres del libro muy parecidos a los scriptoria medievales de Europa con una estricta división y especialización del trabajo.

La biblioteca más importante del país es, sin duda, el CEDRAB (Centre de Documentation et de Recherches Ahmed Baba), fundado en 1973 en la ciudad de Tombuctú bajo los auspicios de la UNESCO. En 2002 cambió su nombre por IHERIAB (Institut des Hautes Études et de la Recherche Islamique Ahmed Baba). Como objetivo prioritario se propuso la búsqueda y adquisición de cuanto documento o libro pudiera ser de interés.  Bibliotecarios y empleados sin apenas herramientas tecnológicas habían conseguido reunir e inventariar más de 12.000 documentos y manuscritos a mediados de los noventa del pasado siglo.

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El Fondo Kati, la biblioteca más importante de Tombuctú

El fondo inicial de esos manuscritos habían salido de al-Andalus en el equipaje de Alí Ben Ziyad al-Quti (o Kati, es decir, “descendiente de godos”), un andalusí de piel blanca cuyos ancestros abandonaron la fe de la cruz por la de la media luna. Era un jurisconsulto musulmán que había tenido que huir de su Toledo natal, dejando atrás familia y hacienda, al parecer, por haberse visto envuelto en los tristes disturbios que culminaron en el “incendio de la Magdalena”, disturbios que ya proclamaban que Toledo no era la tierra de las tres culturas.

Pues este Alí b.Ziyad al-Quti, buscando un sitio donde poder morir en paz, sale de Toledo en 1468 llevándose con él más de cuatrocientos manuscritos, a los que irá añadiendo durante su éxodo por todo al-Andalus, el norte de África, el peligroso y desconocido desierto hasta llegar a Gumbu –situada, como Tombuctú, en la curva que el río Níger dibuja en estas secas tierras-. Y es aquí donde instala su biblioteca y donde se une a una mujer del lugar para iniciar la rama de los Kati africanos.

Su hijo, Alfa Muhmud Kati, culto, erudito, escritor, diplomático, no solo heredó de su padre una magnífica biblioteca sino que la aumentó considerablemente en sus numerosos viajes y la trasladó a un lugar más seguro, aunque también, más remoto e inaccesible Tindirna. Y este sabio africano no solo heredó de su padre, el andalusí, la “mala costumbre” de ir anotando en los márgenes de los libros, tanto las circunstancias que rodearon la adquisición de sus manuscritos (tal como hiciera, por ejemplo, Hernando Colón) como la historia y vicisitudes de la familia, sino que también redactó opúsculos varios de medicina, religión, astronomía, filosofía… Y así los sucesivos descendientes africanos de este hijo de godos no solo han ido ampliando la biblioteca a lo largo de los siglos sino que también han ido configurando una paralela en la que se cuenta la historia de la familia y la del lugar remoto que los acogió, todo ello en el exiguo margen de los libros.

Las anotaciones que realizaban en los márgenes se hacían, por un lado, debido a una escasez de papel y por el deseo de consignar en las obras los eventos del clan (bodas, malas cosechas, inundaciones o una lluvia de estrellas o el paso de un cometa) tal como hacen, en la actualidad, algunas familias estadounidenses con la Biblia.

El fondo, a lo largo de tantas generaciones, ha sido dispersado y reunido y aumentado y vuelto a dispersar entre los últimos miembros del clan, hasta la última reunificación llevada a cabo y terminada por un descendiente directo de aquel andalusí que tuvo que abandonar  el paraíso porque en el comenzaba a anidar la intolerancia. Su nombre es Ismaël Diadié Haidara, estudioso del Corán, filósofo, historiador y poeta, el mismo que pedía ayuda para que los antiguos manuscritos no se deterioran irremediablemente más de lo que estaban.

Fue la Junta de Andalucía se hizo cargo de la construcción de un edificio adecuado que conserve y facilite el estudio de estas joyas bibliográficas. Aunque el ataque yihadista acosó el fondo, este se encuentra, en la actualidad, a buen recaudo y, durante el año 2017, las obras más insignes viajaran, de nuevo, a España (Tarifa, Jerez de la Frontera y Toledo) para ser centro de una exposición.

Para saber más:

Abd al Quadir: Biblioteca Mamma Haidara de Manuscritos y Documentos. 2000. Londres. Fundación al-Furqan para el Legado Islámico.

Diadié, Ismaël y Pimentel, Manuel: Los últimos visigodos. La biblioteca de Tombuctú.  2003. Sevilla. RD editores.

Diadié, Ismaël y Pimentel, Manuel: Los otros españoles. Los manuscritos de Tombuctú: andalusíes en el Níger. 2004. Madrid. Ediciones Martínez roca.

Johansen, Julian (editor): Handlist of Manuscrits in the Centre de Documentation et de Recherces Historiques Ahmed Baba. 1995-1998. Tombuctú. Fundanción al-Furqan para el Legado Islámico.

Vizcaíno, Candela: “Las bibliotecas del desierto” en Hibris. Revista de Bibliofilia. 2004. Alcoy. Miseria y Compañía. Número 21. Páginas 19-26. 

Por Candela Vizcaíno