EL CALIFA QUE EVITÓ QUE AL-ÁNDALUS ACABASE EN PODER DE LOS VIKINGOS

Categoría: Historia de Al-Andalus

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Semanas atrás os traía el relato sobre el asedio vikingo a París del año 885 y cómo vieron frustrados sus planes al encontrarse ante una preparadísima y muy bien organizada estrategia de defensa y contraataque por parte de los franceses.

Pero esta no fue la primera ni única vez en la que los aguerridos escandinavos salían escaldados en una de sus importantes incursiones. Cuatro décadas antes ya lo habían intentado en la Península Ibérica y a pesar de obtener varios triunfos a la hora de atacar importantes puertos y poblaciones, tras varias semanas saqueando y matando descontroladamente por toda la región de Sevilla fueron finalmente ganados en una importantísima batalla que tuvo lugar en Tablada, el 11 de noviembre del año 844.

Gracias a la intervención de Abderramán II, emir del Emirato de Córdoba, se consiguió repeler el asedio vikingo, dejando un millar de enemigos muertos y cuatrocientos prisioneros que fueron usados como esclavos y un gran número reconvertidos al islam.

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Mapa de las devastadoras invasiones vikingas en los siglos IX y X

 

Todo había comenzado al iniciarse el mes de agosto de ese mismo año, en el que una cincuentena de barcos vikingos llegó hasta la parte cantábrica de la península, arrasaron con todo lo que pudieron y siguieron camino hacia Lisboa, donde hicieron tres cuartos de lo mismo.

En septiembre ya habían bordeado la parte atlántica de la península llegando a Cádiz desde donde tiraron tierra adentro hasta encontrar el río Guadalquivir y navegarlo rumbo a Sevilla, el objetivo prioritario de los atacantes. Sabían de la riqueza que la población guardaba y, como era habitual en todas las incursiones vikingas, no reparaban en aniquilar a todo aquel que se interponía en su camino.

Finalizando el mes de septiembre llegaron a Coria del Río donde saquearon todo lo que pudieron y no dejaron ni un solo habitante con vida. El siguiente objetivo era la capital a la que llegarían tres días más tarde y en donde volverían a campar a sus anchas.

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La incursión vikinga en Al-Ándalus fue devastadora 

 

El problema que tuvieron los sevillanos fue el estar totalmente desprotegidos al huir de allí el mismísimo caudillo militar, quedando desamparados y a la suerte de la barbarie vikinga. Durante una semana estuvieronsaqueando la población y matando a todo aquel con el que se encontraban. No importaba si era un adulto, mujeres, niños o ancianos… intentaban acabar con la vida de la mayoría y al que veían en buenas condiciones físicas lo apresaban y se lo llevaban para ser vendido como esclavo. Afortunadamente un gran número de personas pudieron huir.

Al ser conocedor de las nefastas noticias, Abderramán II ordenó formar un potente ejército que fuese a liberar Al-Ándalus de la invasión de los escandinavos. El plan consistió en atraer la atención de los atacantes hacia el sur de Sevilla, donde los estarían esperando en las inmediaciones de Tablada, por aquel entonces pequeña población y en la actualidad barrio.

Fue en aquel mismo lugar donde el ejército del califa aplastó con contundencia a los vikingos invasores. Se calcula que fueron mil los muertos y, como he comentado anteriormente, cuatrocientos los prisioneros.

El resto de la potente flota vikinga decidió recular y marcharse por donde habían llegado, no sin antes arrasar y saquear otras poblaciones que se encontraron por el camino.

Abderramán II puso todo su empeño en ayudar a todas aquellas poblaciones afectadas por los salvajes saqueos y muertes indiscriminadas de los vikingos. Facilitó el repoblado de muchos de los pueblos asolados, así como el levantar de nuevo todas aquellas edificaciones que habían sido destruidas.

Algunos de los nuevos pobladores en poblaciones como Coria del Río o Carmona fueron muchos de aquellos vikingos que habían sido hechos prisioneros, reconvertidos al islam y liberados para que viviesen y trabajasen como granjeros.

En el poco más de una década en la que siguió con vida (falleció en el 852), Abderramán II devolvió a aquella tierra el esplendor andalusí por el que tanto había destacado.