ABEN SAHAID (Ibn Shuhayd)

Categoría: Andalusies ilustres

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Abû ‘Amir Ahmad ibn Shuhayd. Poeta. Nació en Córdoba en el año 992. Murió en el 1035.

 

Su padre fue visir durante el período militarista de Ibn Abî ‘Amir, y sirvió como gobernador de Valencia y Tûdmir. Al-Mansûr sintió gran simpatía hacia nuestro poeta, al que colmó de regalos.

La caída del califato andalusí, y la inestabilidad de la situación en la capital cordobesa, hizo que Ibn Shuhayd se enrolase en el partido omeya que intentó vanamente restablecer la soberanía y el esplendor del Califato, ahora dividido en numerosos reinos independientes.

 Fue jefe del grupo poético y político en el que militó Ibn Hazm en su juventud; uniéndole a éste una gran amistad durante toda su vida.

De Ibn Shuhayd conservamos su Epístola de Ultratumba  (Al-Tawâbi’wa-l-zawâbi’), escrita en 1030 y que viene a ser como un esbozo de la Divina Comedia, de Dante.

Su Al-Tawâbi’ wa-l-zawâbi’ (más correctamente, <<Espíritus y Demonios>>) describe un viaje a las regiones ultraterrenas, donde nuestro poeta se encuentra con los espíritus inspiradores de los más grandes poetas y literatos, tanto andalusíes como orientales, pidiéndoles que reciten sus poemas o trozos de prosa, para luego recitar los suyos y demostrar que son iguales ante el poeta oriental Al-Mutanabbî admite ser inferior.

Sabemos que Ibn Shuhayd tenía una gran facilidad como improvisador que le hacía competir con los poetas orientales. Muestra de los que hablamos es esta preciosa descripción de la tormenta:

En la oscuridad, cada flor abrirá su boca, buscando las

nubes de la lluvia fecunda; y los ejércitos de las negras nubes

cargadas de agua, desfilaban majestuosamente, armados con

los sables  dorados del relámpago.

 Afirmaba Ibn Shuhayd que la buena literatura consiste en el temperamento del escritor y no en su erudición o corrección gramatical, pues para él, el mejor instrumento del escritor es su inteligencia.

Al final de su vida, escribió un poema a su amigo Ibn Hazm, en el que le rogaba que no se olvidara de escribir su elogio fúnebre, carta en donde se expresa su deseo de pasar sus últimos días en la cima de un monte, donde el viento da vida a las semillas del campo y bebiendo en los hoyos de las peñas.

 Murió de apoplejía, siendo enterrado en su parque de Córdoba bajo las flores.-