Muhammad ibn Mardanis

Categoría: Andalusies ilustres
Muhammad ibn Mardanis (Peñiscola 1124 Murcia-marzo de 1172)

Muhammad ibn Mardanis (Peñiscola 1124 Murcia-marzo de 1172 ) conocido por los cristianos como el Rey Lobo. Descendiente de una familia de aristócratas muladíes, pasó a la historia como uno de los hombres más polémicos de su tiempo, entre otras cosas por su carácter libertino. Llegó a ser rey de toda la zona oriental del Al-Andalus.

 

Fraga

Ibn Mardanis fue el último gobernador musulmán de Medina Afraga, que había convertido en taifa  independiente aprovechando disputas familiares entre Zaragoza y Lérida. Contando con tan sólo 25 años tuvo que negociar la rendición de la ciudad con Rámon Berenguer IV el 24 de octubre de 1149, consiguiendo un trato de favor para los musulmanes que quisieron quedarse, como el que pudieran regirse por sus propias leyes.

 

Murcia

Mardanis sucedió a su tío y fue nombrado rey de Murcia. Su capacidad como estratega le permitió defenderse en todo momento de los almohades. Durante el emirato del Rey Lobo, Murcia logra un esplendor inmenso, tanto que su moneda se convierte en referente en toda Europa. La prosperidad de la ciudad se basó en la agricultura y, aprovechando el curso del río Segura, se creó una compleja red hidrológica (acequias, tuberías, azudes, norias, acueductos), siendo la predecesora del actual sistema de regadíos de la huerta del Segura. Según una descripción anónima, Murcia es muy fértil, pues la mayor parte de su suelo dispone de riego; la rodean por todos los lados arboledas y huertos en una distancia de doce millas, de modo que el que se dirige a ella camina bajo la sombra de los árboles, el trinar de los pájaros y el correr de las aguas hasta entrar por la puerta de la ciudad.

 

La artesanía también era muy importante y de gran prestigio, tanto que la cerámica murciana se exportaba a las repúblicas italianas. A todo esto hay que añadir los numerosos lugares de ocio y cultura que se crearon como guinda de esta esplendorosa etapa del emirato murciano, que fue capital de Al-Andalus durante un tiempo. Aproximadamente en esta época aparece en Murcia el cultivo de la seda, la fabricación de papel, e incluso una especie de fideos de pasta, llamados aletría.

 

Edificó un estado poderoso. Compró la paz a los reyes cristianos mediante tributos, logrando largos periodos de paz, con lo que engrandeció y enriqueció su reino, permitiéndole emitir moneda.

 

Extendió su reino ocupando Albacete, Játiva, Denia, Jaén, Baza, Úbeda, Guadix, Carmona, Écija, y Granada, amenazó Córdoba y llegó a poner cerco a Sevilla.

 

A consecuencia de intentar tomar Córdoba, en 1165  se pone en marcha en Sevilla, en dirección a Murcia, un formidable ejército almohade, venido de allende el Estrecho y reforzado en la Península. Es el comienzo del resquebrajamiento del poder de Ibn Mardanis, aunque ya dos años antes había sufrido un serio revés en su intento de arrebatar Granada al imperio almohade. Unos días después, las tropas del Rey Lobo y sus 13.000 cristianos sufren una aplastante derrota, en el lugar donde el valle del Guadalentín se une a la vega murciana. Las inexpugnables murallas de la ciudad de Murcia protegieron al emir, a los restos de su ejército y a la población civil, pero la rica huerta y las suntuosas mansiones de recreo de los nobles murcianos quedaron a merced de los invasores, que destruyeron y saquearon cuanto quisieron. La residencia mardanisi de Monteagudo fue asolada.

 

Se rompió la alianza entre Ibn Mardanis y su suegro, el señor de Jaén, lo que motivo nuevas campañas de los murcianos y sus aliados para anexionarse los territorios de aquél, que tenían especial importancia económica y estratégica para Murcia.

 

El ejército almohade habría de volver en septiembre de 1171. Según relata un cronista, Ibn Idari,  los almohades llegaron hasta la ciudad de Murcia, la sitiaron y se apoderaron del castillo de Faray [el elevado], que era la quinta de recreo de Ibn Mardanis, arrasando sus jardines y sus huertos y lo contiguo de llanos y aldeas. Tampoco esta vez el asedio de la capital daría resultado, Pero buena parte de las demás poblaciones, una a una, fueron pasándose al campo almohade, manifestando que adoptaban su doctrina y expulsando a los partidario de  Ibn Mardanis, militares y civiles cristianos. Esperaban, sin duda, acabar así con aquella guerra que duraba demasiado y con la insoportable presión fiscal. Finalmente, cuando prácticamente ya no le quedaban aliados, muere el Rey Lobo, en marzo de 1172, y sus hijos se apresuran a declararse vasallos de los almohades y partidarios de su credo.

 

MURCIA. PLANTA DEL CASTILLEJO DE MONTEAGUDO

 

MURCIA. VISTA DEL CASTILLEJO DE MONTEAGUDO