ISLAM Y AL-ANDALUS

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto

En islamyal-andalus.es usamos cookies

Islamyal-andalus.es utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios, facilitando la navegación por nuestra web. Estamos haciendo todo lo posible por facilitar el uso de dichas cookies, así como su gestión y control al utilizar nuestros servicios.

¿Qué son las cookies?

Las cookies son pequeños archivos de texto que se almacenan en el dispositivo del usuario de Internet al visitar una página web. Es el operador del sitio web el que determina qué tipo de información contiene dicha cookie y cuál es su propósito, pudiendo además ser utilizada por el servidor web cada vez que visite dicha web. Se utilizan las cookies para ahorrar tiempo y hacer la experiencia de navegación web mucho más eficiente. No obstante, pueden ser usadas con varios propósitos diferentes que van desde recordar la información de inicio de sesión o lo que contiene su pedido de compra.

Existen una gran cantidad de guías en las que se explica lo que son las cookies, y para qué se utilizan. Pro nuestra parte, les explicaremos cómo afectan estas cookies a la página web de webexpertia, pero en el caso de que necesite más información al respecto, eche un vistazo a estas páginas:

¿Cómo utiliza webexpertia las cookies?

webexpertia tan solo utilizará las cookies que Usted nos deje utilizar. Podrá controlar sus cookies a través de su navegador. Podrá encontrar más información al respecto más adelante. Hemos utilizado algunas de las guías existentes para clasificar las cookies que usamos en varios grupos:

  1. Cookies de Rendimiento
  2. Cookies Funcionales
  3. Cookies de Marketing

A continuación encontrará más información sobre cada uno de estos tipos de cookies.

1. Cookies de Rendimiento

Se trata de cookies que recogen información sobre cómo utiliza el sitio web (por ejemplo, las páginas que visita o si se produce algún error) y que también ayudan a webexpertia a la localización y solución de problemas del sitio web. Toda la información recogida en las mismas es totalmente anónima y nos ayuda a entender cómo funciona nuestro sitio, realizando las mejoras oportunas para facilitar su navegación.

Dichas cookies permitirán:

  • Que Usted navegue por el sitio
  • Que webexpertia recompile información sobre cómo utiliza Usted la página web, para así entender la usabilidad del sitio, y ayudarnos a implementar las mejoras necesarias. Estas cookies no recogerán ninguna información sobre Usted que pueda ser usada con fines publicitarios, o información acerca de sus preferencias (tales como sus datos de usuario) más allá de esa visita en particular.

2. Cookies Funcionales

Nuestro propósito con estas cookies no es otro que mejorar la experiencia de los usuarios de webexpertia. Podrá rechazar en cualquier momento el uso de dichas cookies. webexpertia utiliza estas cookies para recordar ciertos parámetros de configuración o para proporcionar ciertos servicios o mensajes que pueden llegar a mejorar su experiencia en nuestro sitio. Por ejemplo, recuerdan el país o el idioma que ha seleccionado al visitar las páginas, y no se utilizan con fines de marketing.

Dichas cookies permitirán:

  • Recordar sus datos de inicio de sesión como cliente al volver a la página

Estas cookies no recogerán ninguna información sobre Usted que pueda ser usada con fines publicitarios, o información acerca de sus preferencias (tales como sus datos de usuario) más allá de esa visita en particular.

3. Cookies de Marketing

Dichas cookies son gestionadas por terceros, con lo que podrá utilizar las herramientas de éstos para restringir el uso de estas cookies. Algunas de las cookies se utilizan para enlazar a otras páginas web que proporcionan ciertos servicios a webexpertia, como puede ser el caso de Facebook, Twitter o Google. Algunas de estas cookies modificarán los anuncios de otras webs para adaptarlos a sus preferencias.

Estas cookies permitirán:

  • Enlazar con redes sociales
  • Pasar información sobre su visita a la página de webexpertia para adaptar anuncios en otras páginas.

Además de aceptar o rechazar el uso de ciertas cookies a través de la página web de webexpertia, también podrá gestionarlas haciendo uso de la configuración de su navegador.

Aquí tiene una fuente de información sobre cómo llevar a cabo dicho proceso: http://www.allaboutcookies.org/manage-cookies/

Tan solo leeremos o escribiremos cookies acerca de sus preferencias. Aquellas que hayan sido instaladas antes de modificar la configuración permanecerán en su ordenador y podrá borrarlas haciendo uso de las opciones de configuración de su navegador.

IBN JALDUN

Fue uno de los hombres más lúcidos del siglo XIV, pero su inteligencia fue su maldición, pues los poderosos le querían a su servicio y él sólo deseaba estudiar.

El sabio acosado por el poder

Fue uno de los hombres más lúcidos del siglo XIV, pero su inteligencia fue su maldición, pues los poderosos le querían a su servicio y él sólo deseaba estudiar. MARÍA JESÚS VIGUERA presenta la extraordinaria peripecia vital del padre de la sociología, de cuya muerte se cumplen seiscientos años y al que El Legado Andalusí dedica una magna exposición
 
Unió como pocos hombres de su tiempo los valores vitales e intelectuales, pues además de sociólogo, historiador y filósofo, fue juez, embajador y viajero. Conoció a los grandes del siglo, pero supo descubrir las tramas que urdían la vida cotidiana de los pequeños. Este mes se cumplen seiscientos años de la muerte de Abd al-Rahmán Ibn Jaldún (Túnez, 1332-El Cairo, 1406). Para conmemorarlo, se han organizado congresos y actos que reflejan el aprecio que suscita su admirable aportación intelectual. En España, la Fundación El Legado Andalusí, de la junta de Andalucía, ha puesto en marcha una magna exposición, Ibn Jaldún. El Mediterráneo en el siglo XIV. Auge y declive de los Imperios, en el Real Alcázar de Sevilla, hasta septiembre de 2006.


Este interés viene a confirmar la universalidad de Ibn Jaldún, cuya vida aglutina Oriente y Occidente, como él mismo sugirió en el título de su Autobiografía. Seiscientos años en los que sus Prolegómenos forman un producto intelectual de esencial consideración, que quizás ahora más que nunca sirvan para aprender a navegar en un mundo cultural complejo que hemos de saber interpretar.

 

Entrada al Alcázar de Carmona (Sevilla)


Él mismo refirió su vida, en una extensa Autobiografía que colocó como final de su voluminosa Historia universal. Varias fuentes hablan de él, sobre todo su amigo el visir y polígrafo granadino Ibn al Jatib (Loja, 1313-Fez, 1374). En su Autobiografia, comienza por presentar a su familia: "Esta gente (de los Jaldún) procede de Sevilla. Mis antepasados emigraron a Túnez, a mediados del siglo VII (de la Hégira/XIII d.C.), con el éxodo producido con la conquista de esa ciudad por el rey de Castilla Fernando (IbnAdfuns)", y continúa narrando episodios familiares y personales, hasta finales de mayo de 1405, un año antes de su muerte, en que aún apunta cómo fue sustituido, por quinta vez, en sus funciones de cadí, en El Cairo. Recorramos las fechas más notorias de su vida.
Abd al-Rahmán Ibn Jaldún nació en la ciudad de Túnez, el 1 de ramadán del año 732 de la Hégira (27 de mayo de 1332). Sus antepasados habían llegado a ella en 1248, tras la caída de Sevilla, como tantos otros notables sevillanos, después de un viaje en el que habían pasado por Ceuta y Bona. En Túnez, capital del emirato hafsí, los emigrantes andalusíes fueron muy bien acogidos y ascendieron rápidamente. Uno de sus bisabuelos, canciller del Estado, redactó un Manual de secretarios. El padre se dedicó a la ciencia, pero murió en 1348 ó 1349, por la peste negra. Ibn Jaldún tenía 17 años, y la terrible epidemia le dejó huérfano de madre también.
 
Acogida en Túnez
En 1347, el sultán meriní Abu 1-Hasan tomó Túnez e Ilm Jaldún frecuentó allí, durante meses, a sabios magrebíes, como al-Abili, de origen andalusí, que fue su principal maestro. La familia tenía prestigio en la Corte tunecina, y el sultán hafsí nombró canciller a Ibn Jaldún, con sólo 20 años. Sin embargo, en ese mismo 1352, Ibn Jaldún marchó hacia el Magreb central, al encuentro de los meriníes.

 

Dos años después, en 1354, el sultán meriní, Abu Inan, le llamó a Fez y le nombró secretario. Receloso de sus tratos con los hafsíes, acabó encarcelándolo durante casi dos años (1357-1358). El nuevo sultán meriní, Abu Salim, le liberó y le designó secretario personal desde julio de 1359, aunque luego lo alejó, encargándole alguna gestión judicial.


En los años siguientes, de 1359 a 1362, el emir Muhammad V de Granada y sugran visir Ibn al Jatib vivieron un corto exilio, durante el que se inició la firme amistad entre Ibn Jaldún e Ibn al jatib. Incómodo en Fez, desde el verano de 1362 preparaba Ibn Jaldún su partida, y en diciembre llegó a Granada, donde el sultán Muhammad V le recibió con amistad, satisfecho de que un personaje de su categoría intelectual se estableciera en la Corte nazarí de la Alhambra. Al año siguiente, Muhammad V le envió como embajador a Sevilla, ante el rey Pedro I de Castilla. Esta experiencia dejó huella en Ibn Jaldún: "Me encontré con el rey cristiano en Sevilla, donde vi con mis ojos vestigios de mi familia". Tras cumplir con éxito su misión, regresó a Granada, donde el sultán le premió con varias fincas e hizo venir desde el Magreb a su familia, a la que fue a recibir al puerto de Almería. Pero su vertiginoso ascenso incomodó al todopoderoso visir Ibn al-Jatib, por lo que el tunecino, para evitar el enfrentamiento, partió hacia Bugía, en febrero de 1365.


En la Corte de Bugía, Ibn Jaldún fue designado chambelán, entre duras luchas políticas que fueron gestando su desilusión política. Confesó que se había curado de la "seducción de los cargos" y que anhelaba centrarse en el estudio. Inseguro ante un nuevo emir en Bugía, mientras "las intrigas y las advertencias contra mí se multiplicaban", se acogió a la protección de los árabes Dawawida y marchó a Biskra, donde gobernaba el emir Ibn Muzni. "Fue generoso conmigo, y me ayudó en aquel aprieto con su dinero y con su influencia", señaló el mismo Ibn Jaldún, que añade: "Mientras me encontraba en Biskra, supe que el visir Ibn al­Jatib había huido de al-Andalus, y había comenzado por ir a Tremecén".


Tras nuevas agitaciones políticas, Ibn Jaldún empezó otro viaje hacia Occidente: fue a Tremecén, en marzo de 1368, y aunque rehusó ser allí chambelán, sí aceptó misiones diplomáticas y participó en campañas del emir zayyaní de Tremecén. En 1370, intentó "escapar" a Granada, pero el sultán meriní le detuvo para hacerle interrogar. Salvado el trance, se retiró al cercano santuario de al-Ubbad, donde se instaló, "con el proyecto de renunciar al mundo y consagrarme al estudio".


Al poco, el sultán meriní lo empleó como embajador, "porque él sabía que yo podía lograr la sumisión de los Riyah, y obtener de ellos cuanto quisiera". En septiembre de 1372, de nuevo viajó a Fez, y fue bien recibido por la Corte meriní, pero optó por dedicarse a estudiar y enseñar. En ese momento, irrumpió en la escena cultural con su primera gran obra, de tema muy a la moda: su tratado de la mística titulado Xifá al-sail wa­tabdib al-masa´il (Satisfacción del de­mandante y revisión de cuestiones).
Acosado por más rivalidades, en la pri­mavera de 1374, Ibn Jaldún regresó a Granada, donde el sultán nazarí le acogió "con bondad y generosidad, como de costumbre". Su amigo Ibn al Jatib, que había sido encarcelado en Fez, fue asesinado en el otoño de 1374. Al poco, la Corte meriní le hizo volver al Magreb, y fue forzado a residir en Hunayn. Consiguió recogerse de nuevo en al-Ubbad, en marzo de 1375, a donde acudieron su mujer e hijos desde Fez. "Y yo me dediqué a enseñar", escribió con satisfacción.


Años de estudio en el Magreb
Poco después, el sultán zayyaní le encargó otra embajada, pero Ibn Jaldún se retiró al castillo (qal´at) de Ibn Salama, en el Magreb central, acogido por los Aw­lad ´Arif. Éstos le recibieron "con los brazos abiertos y con generosidad (...), me instalaron, con mi familia, en Qal´at Ibn Salama (...) durante cuatro años, sin ninguna preocupación", anotó. Fue entonces, en marzo de 1375, cuando comenzó a escribir su Historia Universal (al-Ibar): "Empecé a redactar mi obra y acabé los prolegómenos, según esa manera original que me fue inspirada durante mi retirada allí: torrentes de palabras y de ideas fluían sobre mi espíritu, hasta extraerles la sustancia y elaborar el producto".


Ibn Jaldún compuso sucesivas redacciones de su magna Historia, como la que dedicó en 1381 al sultán hafsí de Túnez, Abu

l-Abbas. Acabó en 1377 la redacción básica de los densos y extensos Prolegómenos a su Historia Universal, cuya composición general, luego sujeta a retoques, no ultimó hasta 1382 y siguió ampliando y puliendo su gran obra durante casi tres décadas, hasta dos años antes de su muerte.


En noviembre de 1378, regresó a Túnez. El sultán hafsí le acogió bien, reconociendo su prestigio de cortesano y de sabio. En la capital se dedicó a su obra y a enseñar. Pero de nuevo provocó rivalidades, sobre todo agitadas por el gran muftí Ibn `Arafa, "rencoroso contra mí desde que asistíamos a los cursos de los mismos maestros; a veces, se resaltaba mi superioridad sobre él, pese a que tenía más edad que yo".

 

Cuando el sultán le obligó a marchar en campaña con él, Ibn Jaldún decidió quitarse de en medio y, en octubre de 1382, emprendió la peregrinación a La Meca.


En diciembre de 1382, llegó a Alejandría, "tras pasar unos cuarenta días en el mar". Al cabo de un mes, se instaló en El Cairo, que le resultó deslumbrante: "El Cairo, capital del mundo, jardín del Universo, congregación de todas las naciones, hormiguero humano, pórtico del Islam, sede del Poder. Allí se elevan al­cázares y palacios, brillan madrasas y conventos, y relumbran cual astros los sabios eminentes. La ciudad se extiende a los bordes del Nilo, río del Paraíso".


La fama que hasta El Cairo le había precedido, le abrió las puertas de la Corte mameluca y estabilizó su posición. Aquí conoció alguno de sus mejores y sus peores días, pues su mujer y sus cinco hijas perecieron en naufragio, del que quizás se salvaron sus dos hijos, cuando acudían a Egipto a reunirse con él, en 1384.


Como recuerda Federico Arbós en El Legado Andalusí, n° 24, el recuerdo de la tragedia personal en su obra es, sin embargo, de una concisión y brevedad admirables, como si el dolor hiciera superfluas las expresiones retóricas y detalladas: "El infortunio me mostraba sus dientes feroces por doquier. Al tiempo que se ensombrecían mis relaciones con los dignatarios del Estado, me advino una catástrofe familiar: venían del Magreb en barco, pero un golpe de viento huracanado hizo que la nave naufragara y con ella se hundieran mi compañía, mi descendencia, mis bienes. Tan grandes fueron la angustia y la aflicción que pensé en abandonar el mundo por la vía del ascetismo y decidí renunciar al cargo".


En El Cairo ejerció como juez malikí, y enseñaba jurisprudencia y hadiz en instituciones prestigiosas, como la Uni­ersidad de al-Azhar y algunas madrasas. Su actividad como cadí quedó reflejada en su Autobiografía, con interesantes denuncias de la corrupción en los juzgados: "En la ejecución de los deberes de mi cargo, dediqué todos mis esfuerzos a la aplicación de las leyes de Allah, cuyo cumplimiento me había sido confiado. Al administrar justicia no me dejaba influir por críticas o reproches y procuraba la equidad entre las partes, sin tener en cuenta la dignidad o el rango de cualquiera de ellas; defendí siempre el derecho del más débil y rechacé las intercesiones y solicitudes interesadas, ateniéndome con perseverancia a la audición de las pruebas testimoniales. En este sentido, verificaba cuidadosamente la honorabilidad de los testigos designados, pues descubrí que entre estos auxiliares del tribunal estaban revueltos los virtuosos y los mendaces, confundidos los honestos con los corruptos. Los jueces se abstenían de censurarlos y pasaban por alto sus evidentes vicios, porque estos testigos oficiales parecían estar amparados por la gente de mando y autoridad; la mayoría frecuentaba a los emires como maestros del Corán o imanes de la plegaria y, por ese prestigio que los aureolaba, los jueces fingían suponer de antemano en ellos las cualidades de imparcialidad y hombría de bien, elevaban informes favorables e intercedían por ellos ante los cadíes. El mal era incurable, pues de tal modo se habían propagado las causas de corrupción que sus fraudes y prevaricaciones eran ya de dominio público".


El Cairo abrió aún más su percepción trascendental y en esa ciudad concluyó su Historia Universal, conocida en su entorno egipcio, donde uno de sus discípulos más destacado, al-Magrizi, alabó los Prolegómenos como "la flor y nata del saber".
 
A La Meca al tercer intento


Tres veces intentó Ibn Jaldún cumplir la peregrinación a los santos lugares del Islam; lo hizo al fin en septiembre de 1387, y llegó a La Meca en diciembre de ese año, regresando ocho meses después a El Cairo.


En 1400, Ibn Jaldún empezó una de las etapas más arriesgadas y una de las embajadas más fascinantes de su vida. Comenzó el año marchando a Damasco, en el cortejo del sultán egipcio Faray, que reforzaba los territorios sirios y palestinos ante la ofensiva tártara. En la Autobio­grafía cuenta su visita a Jerusalén, y describe su paso por Belén y Gaza, antes de volver a El Cairo. A finales de ese mismo año, tuvo que regresar a Damasco, después de que la ciudad se rindiera ante el conquistador tártaro Tamerlán.

Mausoleo de Tamerlan


En enero de 1401, se entrevistó con Tamerlán: "Entré en su tienda campal (...), le saludé (...), él hizo venir al jurista Abd al- Yabbar ibn al-Nu´man, un hanafí de Juarizm, miembro de su cortejo, para servirnos de intérprete. Me preguntó de qué parte del Magreb yo procedía, y por qué me había ido de allí...".


Soha Abboud-Haggar relató el encuentro en La Aventura de la Historia, núm. 35. Ibn Jaldún fue "amablemente" recibido por el conquistador mongol en cuatro ocasiones. "Hace 30 ó 40 años que os espero, ¡o Sayyid!", le dijo el alfaquí a Tamerlán cuando le vio la primera vez. "La conjunción de Saturno y Júpiter en el año 766 hg. (1364 d.C.) anunciaba ya la llegada de un gran rebelde procedente del noreste, originario de una nación nómada, que destruiría naciones y se haría dueño de gran parte del mundo; esta predicción me fue confirmada, entre otros, por Ibn Zarzar, astrólogo y médico judío al servicio de Pedro (el Ceremonioso, 1336/87), hijo de Alfonso (el Benigno, 1327/37). Este temido rebelde sois vos, ¡oh, mi señor!, y heme aquí que tengo la suerte de veros antes de que me lleve la muerte".

 

Tamerlán, según Ibn Jaldún, era "un hombre vivo, extremadamente inteligente y ávido de saber"; le apasionaba todo lo relacionado con la historia de los musulmanes y con la geografía de sus tierras. Pidió a lbn Jaldún que redactara una detallada descripción del Magreb, a lo que accedió el historiador para evitarse problemas, y mostraba especial respeto a alfaquíes y hombres de religión. Según Ibn Jaldún, Tamerlán era considerado por sus contemporáneos musulmanes como un gran jefe militar, como un sultán capaz de cohesionar alrededor de él a todos los musulmanes y devolverles la gloria pasada.


La misión de Ibn Jaldún ante Tamerlán no fue coronada por el éxito: Damasco fue saqueada y arrasada. Sin embargo, tal como prescribían las costumbres mongolas, antes de abandonar el campamento de Tamerlán, el historiador magrebí tuvo que hacerle un valioso regalo que consistió en "un hermoso ejemplar del Corán, un delicado tapiz para las oraciones, una copia del poema al-Burda, de al-Busayri (en alabanza del Profeta) y cuatro cajas de repostería egipcia".


Así terminó la embajada de Ibn Jaldún a Tamerlán, que había durado mucho más de lo previsto, tanto que, creyendo que había perecido en el cumplimiento de su misión, fue sustituido al frente del cargo de cadí de El Cairo, puesto que desempeñó tres veces más entre su regreso a Egipto después de su embajada ante Tamerlán, en abril de 1401, y su muerte, en El Cairo, el 17 de marzo de 1406 (26 de ramadán de 808 de la Hé­gira). Tenía 74 años, llenos de una trayectoria política intensa y polémica, que poco a poco había sustituido por una cierta actividad judicial y sobre todo por un vigoroso ejercicio intelectual.
 
Obra "ejemplar"
Ibn Jaldún escribió sobre variados temas; y redactó una obra cumbre, su magna Historia universal, titulada Libro de los ejemplos (Kitab al-´ibar), con tres partes, articuladas por su talento: los Prolegó­menos (al Muyaddima), la Historia, con más o menos extensos recorridos por las partes de la historia humana que pudo documentar, y que es el centro del Libro de los ejemplos, y la Autobiografía (al-Ta ´rif), en que, consciente de su trascendencia, retrata su entorno familiar, político y cultural, y su inquieto perfil. Pocos medievales escribieron sus Vidas; casi ninguno con la intensidad de Ibn Jaldún.


Su Libro de los ejemplos procede así desde lo más general a lo más personal, en aplicación modélica de los tres planos de la Historia: universal, entorno, individuo, equivalentes a larga, media y corta duración. Este voluminoso conjunto empezó a editarse en árabe en El Cairo, a mediados del siglo XIX. En espera de ediciones críticas, podemos recurrir a las 16 ediciones -entre completas y parciales del conjunto completo.


En cuanto a los Prolegómenos, su importancia ha producido unas 19 ediciones completas y parciales, entre ellas la magnífica de A. Cheddadi (Rabat, 2005). Hay numerosas traducciones completas o antológicas de los Prolegómenos, de ellas tres al español. La Autobiografía ha sido también editada de modo independiente y tres veces traducida al francés en libro aparte.

 

Las demás obras de Ibn Jaldún tratan sobre metafísica: Lubab al Muhassal (Lo esencial de al-Muhassal); sobre mística: Xifá al-sail (Satisfacción del suplicante); sobre filosofía: resúmenes de Averroes; sobre lógica; sobre matemáticas; co­mentarios a la Burda en elogio del Profeta, a la casida de Ibn Abdún y a un te­to jurídico de Ibn al Jatib.


Además, escribió epístolas y poesías. Entre estas obras, y al margen de las tres partes de la Historia universal, sólo parecen haberse conservado el tratado de metafísica, objeto de tres ediciones en árabe y una traducción al español -sobre el manuscrito conservado en El Escorial- y el tratado de mística, editado cuatro veces y traducido al francés. Dos opúsculos más han aparecido en manuscritos de Turquía, uno de ellos editado en Riad en 1997.


Ibn Jaldún fue consciente de las crisis de su siglo, desde las demográficas causadas por la terrible peste negra hasta las políticas, económicas y bélicas que presenció en el Magreb, en al-Andalus, en el Mediterráneo, en Egipto y Siria. Él y sus contemporáneos analizaron con intensidad la Historia, género que florece entonces tanto en árabe como en latín y otras lenguas.


A pesar de la difícil competencia entre los eximios contemporáneos que tuvo, Ibn Jaldún destaca por su clarividencia y su "modernidad", pues al historiador le reclama un saber completo, de política a geografía, de economía a ética, de etnografía a la "ciencia de la civilización" (`ilm al-`umran), es decir, la sociología. Ortega lo comentaba bien: "No hay Historia, hablando en serio, si no hay una doctrina genérica de la sociedad humana, una sociología. Y como este último nombre se ha angostado con un uso insuficiente, diremos que no hay Historia sin metahistoria. Necesitamos conocer la estructura esencial de la realidad histórica para poder hacer historias de ella. Y mientras falte ese conocimiento y el tipo de hombre capaz de poseerlo y ejercitarlo, será vano hablar de ciencia histórica, por mucho embutido filológico que se fabrique y muchos gestos de archivero mandarín que se hagan. Abenjaldún nos lo dice con todas sus letras: `Es una ciencia nueva´, `instrumento que permite apreciar los hechos con exactitud y que servirá a los historiadores resueltos a marchar en sus escritos por la senda de la verdad´. El razonamiento, el concepto, y hasta el vocablo, coinciden con la ciencia nueva de Vico".


Siempre la comparación de Ibn Jaldún con Giambattista Vico (Nápoles, 1668­1744) y con sus famosos Principios de una ciencia nueva relativa a la naturaleza común de las naciones. Ibn Jaldún fue precursor de varios hallazgos, y entre ellos el de esta "ciencia nueva", precursor de Vico y de las ciencias sociales, porque sus Prolegómenos ofrecen innovaciones en la noción de la Historia, por indagar en el conjunto de la civilización humana como gran objetivo, sólo alcanzable por una convergente suma de análisis geográficos, económicos y sociológicos, con logros admirables y nuevos, de los que él mismo fue consciente. Lo atestigua el comienzo de sus Prolegómenos: "Allah me ha favorecido con Su inspiración, llevándome a descubrir una ciencia de la que me hizo su exacto y puntual intérprete (...), se me reconocerá el mérito de haber abierto ruta y marcado el rumbo".


 
 

 

 

La lista de los genios
El reconocido especialista A. Cheddadi expuso muy bien cómo el genial historiador forma parte de "la lista gloriosa de los hombres geniales que han sido los precursores, próximos o lejanos, del moderno edificio de las ciencias humanas. Y, finalmente, respondiendo como un eco al discurso occidental, poco a poco se desarrolla y eleva, ampliándose siempre, un discurso araboislámico sobre Ibn Jaldún, febrilmente reapropiado".


Todo ello ha situado a Ibn Jaldún en un proceso incuestionable hacia la universalidad, encomiado como historiador completo, filósofo novedoso, precursor de la sociología, patriarca de la antropología, referente de economistas, puntal de avanzadas ideas, modelo intelectual. Es uno de los privilegiados por un prestigio que supera los límites de los especialistas, para convocar la atención de otros círculos académicos y de lectores en general.


Muchos estudiosos se han acercado al erudito tunecino. Así lo han hecho, por ejemplo, W. Gates, tratando del clima y la cultura (1967); J. Lauer (1965) desde la biología; J. Sprenger y A. Toynbee en sus respectivas síntesis histórico-culturales; W. Dilthey (La estructura del mundo histórico en las ciencias del espíritu, 1910), y F. Oppenheimer y E. Gellner en sus análisis sociológicos.
Resumiré esta atención en dos direcciones: el acercamiento a Ibn Jaldún de tres eximios intelectuales españoles y las aproximaciones desde la economía.

 

"Metrópoli del mundo, jardín del universo, punto de encuentro de naciones,

hormiguero de pueblos, sede preferente del Islam, centro de poder."


Es muy revelador que tres intelectuales españoles de la categoría de José Ortega y Gasset, julio Caro Baroja y Julián Marías dedicaran una llamativa atención a Ibn Jaldún. El erudito "es una mente clara, toda luz", sentenció Ortega y Gasset; y lo defendió en una conferencia titulada Abenjaldún nos revela el secreto, que fue incluida en sus Obras Completas en 1946. En ese texto, ofreció un vibrante juicio sobre aquel "africano genial, de mente tan clara y tan pulidora de ideas como la de un griego", que era capaz de percibir "que durante su vida fermenta una gran crisis en el mundo. Las rosas del Renacimiento próximo anticipan su primavera para esta exquisita pituitaria de beduino".


Se trata, en su interpretación, de un pensador para quien la regla fundamental del criterio histórico "permite distinguir la verdad y el error por un método demostrativo"; regla y método que "consiste en examinar la esencia y naturaleza de la sociedad humana". Aún acumula Ortega más pasajes jalduníes: "Cuando, como ahora experimenta el Universo un trastorno completo, diríase que va a cambiar de naturaleza (...), por ello es preciso que un historiador pueda atestiguar el estado del mundo, de los países, de los pueblos (...)".


Ortega había captado perfectamente el significado de Ibn Jaldún, pues su prestigio ya estaba extendido desde principios del XX. Este hallazgo fue en realidad un redescubrimiento en Europa, pues el primer encuentro con el gran historiador ya se había producido dentro de su misma cultura araboislámica. En el mundo árabe, fue admirado por contemporáneos y discípulos y los manuscritos de sus obras eran difundidos con aprecio y citados desde el mismo siglo XV, destacando el plurifacético interés de los estudiosos turcos, a cuyo idioma se empezaron a traducir sus Prolegómenos en 1674. Así pues, la atención descollante a Ibn Jal­dún, dentro de la cultura árabe y en general islámica, empezó en vida y llega hasta nuestros días.


En la estela de Ortega, Julián Marías, en 1961, apostilló la brillante teoría jalduní de los ciclos generacionales que producen cambios decisivos en el proceso histórico, en un denso artículo ti­tulado "Las generaciones en Abenjaldún" (Insula, núm. 171).
Caro Baroja abordó desde la mirada jalduní varios aspectos antropológicos, en una serie de ensayos que acabaron reproducidos en sus Estudios Magrebies (Madrid, 1957), tratando de "Aben Jaldún y la ciudad musulmana", "El Poder Real según Ibn Jaldún", "Aben Jaldún y el gran círculo cultural islámico" y "Las instituciones fundamentales de los nómadas, según Aben Jaldún"; en él fue a buscar y halló los elementos básicos, las claves, para sus análisis. No se limita a estos tres grandes la atención española sobre Ibn Jaldún, pero hemos de resumir.


El otro ejemplo es el uso de sus teorías por historiadores de la economía, con contribuciones de gran amplitud que Estapé repasa y valora de forma magistral en su discurso de ingreso en la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona (Ibn Jaldún o el precursor, 1993), recordando cómo Ronald Reagan citó teorías de Ibn Jaldún "para justificar su política presupuestaria". Pero esto forma parte de otra constatación, que a mí me asaltó en 1977, cuando participé en el Congreso de Argel sobre Ibn Jaldún: las más variadas ideologías se aferraban a su pensamiento y tiraban de él a su favor.
 

LA EXPOSICIÓN: EL MEDITERRÁNEO EN EL SIGLO XIV

 Con motivo del sexto centenario de la muerte de Ibn Jaldún en El Cairo, el Real Alcázar de Sevilla acoge una exposición sobre el mundo en que vivió el intelectual de origen andalusí. Titulada Ibn Jaldún. El Mediterráneo en el siglo XIV ­auge y declive de los Imperios, la muestra dura desde este mes hasta septiembre y se centra en las relaciones entre la cristiandad y el Islam en la época del erudito tunecino, aunque también se hace hincapié en el momento especial que vive al Andalus y el fasto de la Corte sevillana.

 


Dado el momento en que se celebra la muestra y la delicada fase internacional que atraviesan las relaciones entre Oriente y Occidente, la exposición quiere potenciar la cooperación entre España y el mundo musulmán y ofrecerse como símbolo de respeto a la diferencia cultural.
Entre las piezas más importantes que se han reunido para la ocasión, cabe destacar un frontal de altar (del Victoria & Albert Museum de Londres), el casco del sultán Ibn Qalawun (del Museo Real de Arte e Historia de Bruselas), un atril para Corán (del Museo Nacional de Damasco) y el manuscrito de al-Mugqadima (del Palacio de Topkapi de Estambul).
De España proceden el pendón de la Batalla del Salado, que se custodia en la Catedral de Toledo; la silla prioral de doña Blanca de Aragón (procedente del Museo Diocesano de Lérida); una carta manuscrita del sultán de Granada a Jaime II de Aragón (guardada en el Archivo de la Corona de Aragón) y una selección de 70 piezas numismáticas de la colección de la Casa de la Moneda, de Madrid.
La joya, sin embargo, es el propio espacio expositivo: el Real Alcázar de Sevilla, que visitó Ibn Jaldún durante su embajada ante Pedro I. Este palacio se ha incluido en el recorrido porque se considera el espacio óptimo para mostrar la arquitectura, decoración y lujo propios de la Corte mudéjar que conoció Ibn Jaldún. El interior del palacio ha sido acondicionado con cartelas y audiovisuales, para que el visitante conozca sus rasgos más destacados.
Otras partes de la muestra están en las Salas altas del Almirante (perfil histórico de Ibn Jaldún), la Capilla (guerras y expansión comercial), el Salón Gótico (Científicos, humanistas y artistas) y el Salón de Tapices (geografía artística). En septiembre, la exposición viajará a la sede de Naciones Unidas en Nueva York, con el título: Ibn Jaldún, un precursor árabe en la alianza de civilizaciones.
 
LOS PROLEGÓMENOS, INTRODUCCIÓN GENIAL
Entre 1375 y 1378, Ibn Jaldún se retira al qasr de Abi Bakr, en la Qal´at Ibn Salama, y comienza su Historia universal. Acaba una primera redacción de los Prolegómenos, y, lo cuenta en su Autobiografía, al terminar esta "introducción a la historia de los Árabes, de los Beréberes y de los Zanata, sentí viva ansiedad por consultar los libros y compendios que sólo se encuentran en las grandes ciudades, pues, tras haberla compuesto en su mayor parte de memoria, quise verificar y revisar".
Tras El arte de la memoria, de F. A. Yates, calibramos la densidad de una escritura así. Veamos el contenido de los Prolegómenos:
Libro I de la Historia universal: "Sobre la civilización humana. Nomadismo y vida sedentaria. El dominio; la adquisición de bienes; medios de subsistencia; ciencias y oficios, con otras cuestiones". Contiene:
- Introducción: ("El valor de la ciencia histórica").
- Parte 1: "La civilización humana en general". Tiene seis capítulos, sobre la necesidad de la sociedad humana; extensión de la civilización terrestre; mares, ríos y climas; climas templados y rigurosos; influencia de la climatología en el color de la piel y en otras circunstancias.
- Parte 2: "La civilización rural y las gentes que viven en grupos aislados y tribus". Tiene 28 capítulos, caracterizando las sociedades rurales y urbanas como sociedades naturales; el campo es base y provisión de la civilización y de las ciudades; sólo las tribus con cohesión clánica pueden vivir en beduinidad.
- Parte 3: "Los Estados universales, el poder de facto y el califato; categorías gubernativas". Tiene 52 capítulos sobre la adquisición del Poder; la fundación del Estado, duración y extensión; califato e imamato; moneda; títulos; administración; guerras; impuestos ("los Estados, en sus comienzos, obtienen mucho de pocas imposiciones, y en su declive obtienen poco de muchas imposiciones").
- Parte 4: "Los países, capitales y ciudades. La civilización urbana y sus circunstancias". Tiene 22 capítulos sobre las relaciones entre ciudad y Estado; diferentes ciudades; formas y funciones urbanas.
- Parte 5: "Los medios de subsistencia y los diversos oficios". Consta de 32 capítulos, sobre el trabajo, el comercio; ocupaciones, oficios y artes.
- Parte 6: "Las diversas ciencias, la enseñanza y sus métodos y diversas circunstancias con esto relacionadas". Consta de 59 capítulos, comenzando por el pensamiento humano, y recorriendo las diversas ciencias y saberes.
 

 Casa natal de Ibn Jaldún en la ciudad de Túnez.

Los Jaldún eran de Sevilla y emigraron al norte de África tras la caída de la ciudad.