ISLAM Y AL-ANDALUS

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IBN AZ-ZAQQAQ

Abu-l-Hasan ‘Ali ibn ‘Attiyat Allah ibn Mutarrif ibn Salma, conocido como Ibn Az Zaqqaq, debió nacer hacia finales del siglo XI, puesto que se dice que murió sin cumplir los cuarenta, entre los años 1133 a 1135. Pagina nueva 4

Abu-l-Hasan ‘Ali ibn ‘Attiyat Allah ibn Mutarrif ibn Salma, conocido como Ibn Az Zaqqaq, debió nacer hacia finales del siglo XI, puesto que se dice que murió sin cumplir los cuarenta, entre los años 1133 a 1135. Su nisba “Al Balansí”, con la que normalmente se le conoce, le asigna origen valenciano, aunque este término se encuentra sin referencias que permitan confirmarlo plenamente. Lo que si es cierto es que su vida discurrió en la Valencia almorávide de aquellos años.

 

Era sobrino, por vía materna, del famoso poeta de Al yaziira (Alcira), Abu Isaac Ibrahim ibn Jafaya, tal vez el más célebre de su época, de donde el joven Hasan debió heredar las dotes para la métrica poética. Se desconocen en gran medida sus datos biográficos, aunque existen anécdotas acerca de su condición y de su temprana afición y habilidad para las composiciones poéticas. Se sabe que estudió bajo la dirección de Abu Muhammad ibn al Sid al Batalyawsi, de afamada reputación en la Valencia de aquel tiempo y que por su parte, tuvo como discípulo a  Abu Bakr ibn Rizq Allah.

 

Su corta vida, fue tal vez una vida cómoda y feliz, a juzgar por el contenido de sus propios versos y como deduce Emilio García Gómez de su propio epitafio. Era la época almorávide, tiempo de reforma y de austeridad en las formas, por lo que para un literato, no debieran ser buenos tiempos, aunque los círculos culturales del momento rondaban en torno a los grandes señores y cámaras de palacio, navegando sin duda los poetas en las aguas del panegírico y la adulación a costa de aquellos más vanidosos. Se sabe que los versos de Az Zaqqaq eran muy apreciados en el entorno social de su época.

 

Ibn az Zaqqaq representa junto con su tio Ibn Jafaya, la más alta representación de las composiciones líricas del Sharq al Andalus, es decir el levante ibérico durante la época musulmana. Fue Valencia durante la época andalusí, una ciudad rica y próspera, muy culturizada en el ámbito de lo arábigo, sin duda alguna a causa de sus fértiles vegas, como lo fueran los grandes valles del Guadiana (Wadi ‘ayn), Genil (Xinil) o Guadalquivir (Wadi al Kabir). Sus gobernadores eran visires poderosos, por un lado dada la distancia del centralismo Omeya en Qurtuba, por otra, por la riqueza de su territorio. Estas sedes palatinas o emirales mantenían un sofisticado aparato cortesano y burocrático, en el que la música y la poesía florecían al amparo de las más refinadas sensibilidades de algunos mecenas. Con el desmembramiento del califato y la llegada de los taifas el reino oriental atraviesa una época de agitación militar y política que afecta como es de esperar a todos los ámbitos sociales. Es la época de Ibn az Zaqaq, cuando la conquista almorávide trae un breve sosiego político a la ciudad del Turia. Pasada la época en que Rodrigo Diaz de Vivar dirigió los destinos de la ciudad, la tendencia arabizante cobró nuevo vigor. “Cuando la literatura arábigoandaluza desfallece en el clima hostil de la dominación almorávide, Valencia por el contrario, constituye un islote sólido, sano y fecundo…..Ahora es transparente, y, en una lengua muy pura, y muy aguzado el filo de sus medios expresivos” (GARCIA GÓMEZ, 1986). Entonces, las manifestaciones culturales se revitalizan. Si bien en los centros antes prósperos del ahora reciente despedazado califato, la vida política es un torbellino que no deja lugar para el cultivo del espíritu y sus expresiones más mundanas, cuando la poesía ha pasado su cenit en el resto peninsular, en el Sharq al Andalus, posee más vigor que nunca. A la cantidad y calidad de la prestiosa producción de su tio Ibn Jafaya, el joven az Zaqqaq le supera con su elevada retórica. La expresividad metafórica de Ibn az Zaqqaq es única en su tiempo, siendo considerado como el mejor poeta de su tiempo. Su imaginación y sensibilidad son de lo más refinado y elevado que puede encontrarse en la poesía del solar ibérico desde entonces hasta hoy en día.

 

EL SALUDO

Más delgado que el céfiro es su aroma;

pasmo su talle de la erguida palma.

La vi pasar con dulce contoneo,

desenvainando el sable de sus ojos.

Los dedos a los labios (yo pensaba:

¿es hora de cortar las margaritas?)

llevó y besó por saludarme. “¡Ay mano,

mi boca musitó, cómo te envidio!”

 

LA MIRADA

Los ojos de ese ciervo me asesinan.

Su languidez mi languidez provoca.

Desnuda sin cesar para matarme,

la espada son que sólo envaina el sueño.

 

NOCHE DE AMOR

Tan quebradizo y frágil es su talle

como opulenta y pingüe su cadera.

Corta es la noche y vuela, si ella viene,

no de otras alas que el placer llevada.

No hay delicia mayor que su visita.

Una aurora me abraza hasta la aurora,

tahalíes sus brazos en mi cuello,

los míos ceñidor de su cintura.

 

EL CINTURÓN Y EL BRAZALETE

Me visitó de noche, y hasta el alba

abracé un ramo frágil. Desceñida

luego la vi y envuelta en su perfume.

“Oye, mujer, ¿del cinturón qué hiciste?”

Señaló su muñeca: “Aquí lo he puesto

dijo; en el talle me quedaba flojo.”

 

         LA NOCHE BREVE

En las sombras nocturnas vino a verme,

púdica y fiel, la deliciosa virgen.

Las copas que me dio fueron luceros

que el poniente encontraron de mis labios.

Más la noche corrió vertiginosa,

como un negro caballo gigantesco,

y me dijo, al partir, cuando en lo oscuro

ya reían los dientes de la aurora:

“Pues veo que te bebes las estrellas,

con miedo escapo, por salvar las mías”.

 

          BEBIENDO AL ALBA

El juez del alba a las tinieblas prende.

¡Sobre el césped mojado servid vino!

Nos contemplan sus vasos con burbujas

que suplen a otras lánguidas miradas.

No se apagaron los luceros: sólo

se mudaron del cielo a los arriates.

 

   LA MARGARITA ESCONDIDA

Allá  al albor, nuestro copero grácil

llenaba y avivaba nuestros vasos.

Nos mostraba el jardín sus amapolas;

nos daba el arrayán su aroma de ámbar.

“Pero ¿y la margarita?”, “Del copero,

dijo el vergel, yo la celé en la boca”.

El mozo lo negaba, y a la postre

delató su sonrisa el escondite.

 

       LA BELLA EMBRIAGADA

Era alegre esplendor de mi jornada

su esbeltez singular y luminosa.

Vino me daba; pero a veces era

su misma boca mi inebriante vino.

Néctar y labios apuraba a un tiempo

(ambrosía en cristal y en margaritas);

en sus mejillas sendos arreboles

besaba, circundados de la aurora,

y cuando, al fin de la embriaguez vencida,

ramo era leve que curvaba el viento,

dábale yo por cabezal mis hombros,

y el alba amanecía entre mis brazos.

 

   AMANECER EN LA MARINA

Nace el sol. Las espadas de sus rayos

hieren, blancas, la hueste de las olas,

que en lorigas brillantes las aguardan.

Se cruzan desafíos de fulgores.

 

        DIA DE TORMENTA

Lloran los tristes ojos de la nube.

Zurea la paloma en su alto ramo.

¡Coge el placer en el jardín! La aurora

entre arrayán y vino celebremos,

mientras los cielos la mejilla mustia

de la tierra con lágrimas recorren,

y brillan los relámpagos que envía

como nafta inflamada el arco iris.

 

                EL ARREBOL

Purpúreo traje se vistió el ocaso,

del rosado color de un bello rostro:

vislumbre de un sol claro, como deja

huella el pudor en la mejilla amada.

De poder, con afán lo bebería

y no licor; que, de su amor perdido,

tanto mojo de lágrimas mis ropas,

que las de un náufrago parecen.

 

    FLORES DE GRANADO

Flotaban unas flores de granado

en la charca azul. ¡Qué maravilla!

El vino colorado se congela

en un cáliz de plata que se funde.

 

CASTIGO DE LAS AMAPOLAS

Crucé por los arriates de amapolas.

Jugando andaba el céfiro, y la lluvia

con su fusta de azogue flagelaba

las florecillas de color de vino.

“Qué delito fue el suyo?” “Que robaron

el lindo carmesí de las mejillas”.

 

   MADRIGAL A MUHAMMAD

Si alcanzara la rosa sus deseos,

ser quisiera la tez de tu carrillo.

Esmeralda es la murta, pero acaso

por tu aladar con gusto se trocara.

Y si al cielo le dieran sus antojos,

sol y luna cambiara por Muhammad.

 

      LA LUNA NUEVA

Atisbando del mes la luna nueva,

giraban por el cielo las pupilas,

cuando surgió, como de hurí los ojos,

en la flor de la edad, resplandeciente.

“Bienvenida, le dije, bienvenida,

más tú que el vino embriagadora, luna!

¿Te buscan, incipiente, en los espacios,

y andas ya, en plenilunio, por las calles?”

 

    EPITAFIO DE UN GUERRERO

¿No lloran las espadas a este mozo

cuyo noble vivir truncó la muerte?

Cayó cuando, en lo negro de la liza,

llameaban las lumbres de la sangre.

“La herida abrió la lengua de la lanza

dicen, no el filo de aguzado acero”.

Ved cómo al mar asesinó una gota;

cómo a la luna apuñaló una estrella.

 

     EPITAFIO DE SI MISMO

De vuestro lado me robó la muerte,

inexorable ley de los humanos.

En ella os precedí; pero  a la postre,

no tardaremos en hallarnos juntos.

Decid, por vida vuestra y por mi sueño:

¿No fue nuestro vivir una delicia?

Ore por mí quien por mi tumba pase,

y pague a la amistad la fe jurada.

 

      LAS ROSAS

Las rosas se han esparcido en el río y los vientos,

al pasar, las han escalonado con su soplo

como si el río fuese la coraza de un héroe desgarrada

por la lanza y en la que corre la sangre de las heridas.