ISLAM Y AL-ANDALUS

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IBN SÏDAH

Abü-l-Hasan `Alï b.Ismä`ïl al-Musrï, al-andalusí, al-lugawï, conocido como Ibn Sïdah es el filólogo más destacado del siglo XI, e incluso se le tiene por el lexicógrafo más importante de al-Andalus, cuya influencia en la lexicografía arábiga perdurará durante varias generaciones... Murcia siglo XI
Abü-l-Hasan `Alï b.Ismä`ïl al-Musrï, al-andalusí, al-lugawï, conocido como Ibn Sïdah es el filólogo más destacado del siglo XI, e incluso se le tiene por el lexicógrafo más importante de al-Andalus, cuya influencia en la lexicografía arábiga perdurará durante varias generaciones.
Su kunya (sobrenombre) era Abü-l-Hasan y su ism (nombre) `Alï. No existe, sin embargo, uniformidad a la hora de consignar la genealogía de este autor, pues se observa discrepancia con respecto al nombre de su padre. Como bien explica Cabanelas, para unos biógrafos su nasab (linaje, apellido) era Ibn Ahmad, para otros, Ibn Ismä`ïl y, finalmente, Dabbï ofrece como solución intermedia que Ahmad fuese el nombre del padre mientras que Ismä`ïl fuese el del abuelo. Por lo tanto, nuestro autor aparece citado de ambas formas, como Abü-l-Hasan `Alï b.Ahmad y como Abü-l-Hasan `Alï b.Ismä`ïl y esta última es por la que optamos y la que nos parece más verisímil si tenemos en cuenta que a su padre -también presente en los diccionarios biográficos- se le nombra como Abü Tähir Ismä`ïl.

La dificultad de seguir su árbol genealógico ascendente, las citas de algunas fuentes en la que se indica que favorecía lo nó árabe a lo árabe, el prólogo de su Kitäb al-Mujassas donde se disculpa de los posible errores que pudiera haber cometido en su obra pues convivía con gente no árabe, refuerzan la teoría de su origen no árabe, hechos que han provocado una controversia entre determinados investigadores (Julián Ribera, Dolors Bramón, Mikel de Epalza, Peñarroja....) no solo sobre su posible origen romance, sino sobre la posibilidad de que se hablara una lengua romance en el Levante de la época (Sharq al Andalus).

Su origen queda claramente explicado en el laqab (apodo, apellido no genealógico) que acompaña a su nombre, al-Mursï, al-Andalusï, incluso su dedicación, al-lugawï. Pero a este autor se le conoce, sobre todo, por su apodo, Ibn Sïdah.

Nace ciego, en Mursiyya [Murcia]
Ni la fecha ni el lugar de su nacimiento se conocen con exactitud aunque suponemos que éste tendría lugar en Murcia hacia el año 398/1007-8 porque los biógrafos mencionan que murió, cuando contaba alrededor de los 60 años, en el 458/1066 siendo Ibn Jallikän quien nos precisará el día: la tarde del domingo. 25 de rabï II (marzo) y el lugar, la ciudad de Denia.
En cuanto a otros datos sobre su vida, las fuentes se muestran verdaderamente concisas y sólo unos pocos nos son transmitidos. Eso sí, casi con unanimidad. Entre las noticias en las que se destacan algunos aspectos de su personalidad se encuentra su condición de ciego, heredada, según parece, de su padre y muy probablemente unida a esta discapacidad estuviera la virtud de su memoria. Ésta produce admiración entre aquéllos que lo conocieron como su maestro Abü `Umar al-Talamanquï y debido a ella recibirá el apelativo de häfiz.

Junto a todo esto se encuentra la magnitud de su ciencia -especialmente en el marco de las `ulüm al-isläm- que lo sitúan con honor dentro del grupo de los `ulamä.

Se crió en un ambiente instruido, pues fue hijo de un sabio, y en este círculo social se desarrolló durante el resto de su vida, teniendo por maestro a importantes eruditos de su época de los que aprendió con el tradicional método de la transmisión oral, entre otras cosas, dada su condición de invidente. Recibe sus primeras enseñanzas de su padre, llegando a desarrollar una memoria asombrosa que le ayuda a recopilar léxicos voluminosos.

En su formación estuvieron presentes todas las ciencias del din (camino del Islam) , el derecho islámico, la filosofía -con especial dedicación a la lógica- y las ciencias del lenguaje de las que cultivó sus tres principales ramas: literatura (adab), gramática (nahw) y lexicografía (luga). Compuso grandes obras bajo el amparo de un mecenas, se dedicó a la enseñanza, como así lo prueban los nombres de sus discípulos y gozó de fama y prestigio entre sus coetáneos. No nos consta que realizara ningún viaje a oriente ya que el único desplazamiento, hasta ahora comprobado, fue su traslado de Murcia -donde nació- a Denia -donde moriría-

El contexto político, social y cultural
La niñez y juventud de Ibn Sïdah coincidirán con los años que van desde 398/1008 a 422/1031, periodo de tiempo en el que tuvo lugar el derrumbamiento del califato omeya de Córdoba cuya consecuencia directa sería la disgregación de al-Andalus.

Con la llegada de los beréberes y de los eslavos a partir del siglo X, la población se dividió en tres grandes grupos: los andalusíes, los eslavos (saqäliba) y los beréberes.
A esta consideración Montgomery Watt añade que, debido a la orografía de la península Ibérica, se producían problemas de comunicación con el gobierno central lo que hacía que cada región tendiese a formar una unidad política en sí misma de tal suerte que el poder efectivo lo ejercía cada gobernante local. Sin embargo, este mismo autor aduce otra razón con la que poder interpretar el desvanecimiento del califato al establecer una correlación con lo ocurrido en oriente, no siendo el único que establece alguna relación con lo sucedido en Bagdad.

Se puede afirmar que el territorio de al-Andalus se circunscribió en tres grandes unidades comárcales donde prevalecía la relación de procedencia; así es que, conforme a los grupos étnicos antes mencionados que influyeron directamente en la caída del califato, existió la taifa andalusí, la beréber y la eslavona de cuya distribución geográfica y dinastía pasamos a dar cuenta a continuación -sin detenernos en los datos históricos, todos ellos bien conocidos- también incidiremos en los aspecto socio-culturales por ser los más desconocidos:

En la taifa de los andalusíes destacaron las dinastías Yahwarï (1031-1069) en córdoba,´Abbädï (1023-1091) en Sevilla y la Hüdï (1040-1142)en Zaragoza.

Por su parte, los beréberes, dominaron el extenso territorio peninsular que va desde la marca media hasta el sur. Sus principales dinastías fueron: los Dü-l-Nünï de Toledo (1016-1085), los Aftasï de Badajoz (1022-1094) y los Zirï de Granada (1010-1090), además de los Razïn que subsistieron en un pequeño principado situado al sur de la Marca superior, el de Albarracín.

La taifa eslavona, se estableció en la zona oriental andalusí y en las islas Baleares abarcando los reinos de Valencia, Murcia, Almería y Denia donde, como ya hemos indicado, pasó la última mitad de su vida Ibn Sïdah.

Así era, por tanto, la configuración que presentaba en el siglo XI aquel mismo espacio geopolítico y cultural que había recibido el hermoso nombre de al-Andalus y que en el siglo anterior se había mostrado fulgurante bajo la unidad y el esplendor del califato Omeya. El siglo de las taifas, marcado por la ruptura política, es sin duda la época en la que la cultura andalusí islámica en al-Andalus se manifiesta con toda su gloria y lejos de estar fraccionada como los pequeños reinos que pueblan la península Ibérica, expresa una singular unidad.

La unidad cultural de al-Andalus en el siglo de las taifas.
Durante la dinastía Omeya y el Califato de Córdoba, se mantuvo una posición política de independencia con respecto a oriente, sin embargo, en cuanto a las relaciones culturales, fue la influencia oriental muy intensa en todo lo andalusí, los sabios orientales se asientan en la península Ibérica como prestigiosos maestros mientras que los andalusíes emigran a Oriente con la finalidad -entre otras- de buscar un magisterio de cierto renombre, por lo que al-Andalus recibe todo tipo de aportaciones culturales, hasta que en el siglo de las taifas, se dispersa el saber acumulado en los siglos anteriores por los distintos reinos.

En relación a las ciencias del lenguaje, se continúa con una tradición ya establecida en tiempos de al-Hakam II en el que al proceso ininterrumpido de recepción de obras orientales le sigue un periodo de gran creatividad donde el nivel de calidad alcanzado no tenía nada que enviar a Oriente. Y, de hecho, se suele hablar de identidad de la cultura andalusí a partir del siglo XI cuando, especialmente en el campo del saber, el erudito andalusí se caracteriza por haber adquirido su mayoría de edad científica y, no en pocas ocasiones, manifiesta incluso su superioridad como lo demuestra, por ejemplo, Ibn Bassäm al compilar una extensa antología de poesía árabe andalusí, en esta época, con el fin de demostrar la superioridad de ésta con respecto a la poesía árabe oriental.

La figura del sabio
La figura del sabio (`älim) como elite intelectual y religiosa de al-Andalus en el siglo XI ha sido ampliamente estudiada por Benaboud en un trabajo en el que destaca la función social y política que tuvo este grupo social así como las peculiaridades que lo caracterizaban. Una de las señas de identidad del sabio es considerar al conjunto del conocimiento como un todo del que emanan distintas ramas. Además los poderes se podían clasificar, según Ibn Hazm, en aquellos que eran propios de un pueblo (Teología, historia, Filología), los que eran universales (Matemáticas, Medicina, Astronomía y Filosofía) y las ciencias mixtas (Poética y Retórica).

El sabio tenía que conseguir su reconocimiento como tal por méritos propios y personales, sin tener en cuenta su familia o situación socioeconómica, aunque fuese frecuente encontrar familias que durante generaciones pertenecían al grupo social de los sabios. Este era el caso de Ibn Sïdah, cuya vocación gramatical y lexicográfica heredaría de su padre, aunque, superando en mucho su fama a la de su progenitor.

El modo de vida estaba marcado por un continuo viaje entre las principales ciudades o centros culturales andalusíes, entre estos estaba Denia, que destacaría, especialmente, cuando subió al poder `amirï, Muyähid (1010-12). A esta ciudad acudieron literatos y prestigiosos sabios, uno de ellos fue Ibn Sïdah.

Sin duda, el reino de Denia estuvo ligado durante la primera mitad del siglo XI al nombre de su señor Muyähid al- `Amirï al-Muwaffaq (1010-12 a 1045) quien al mando de una poderosa flota naval se hizo con las Baleares y emprendió expedición hacia la isla de Cerdeña siendo suya por un año (1015-1016). No se limitó al dominio marítimo, pues también intervino en luchas particulares con los eslavos lo que le permitió, en una ocasión, gobernar Valencia durante dos años (1018-1020).
Las fuentes dicen de él que sobrepasaba en renombre y autoridad a sus iguales los reyes de taifas de al-Andalus, por sus conocimientos extraordinarios, entre los cuales estaba: la ciencia (`ilm), el saber (ma`rifa), y la instrucción (adab). Y, al parecer su dedicación a la cultura lo llevó a constituir un gran número de bibliotecas repletas de libros de ciencia, y a dispensar protección a los literatos.

Bajo su mecenazgo figuran además de Ibn Sïdah; Abü-l-`Alä´Sä`id b.al-Hasan al Bagdädï;Täbit b.Muhammad al-Yuränï (431/1039) literato, filósofo y astrónomo; Abü-l-Walïd Hisäm al-Waqqasï, filólogo, literato, estudioso de las ciencias del din del Islam y las matemáticas; Abü Bakr Muhammed b.Ahmad; `Abd Alläh b.al-Fadl al-Büntï, gramático y lexicográfico; Ab¨Tammäm al-Qatïnï.
A la muerte de Muyähid en 1045, s hace cargo del poder su hijo primogénito `Alï b.Muyähid Iqbäl al-Dawla, nacido de madre cristiana; supo mantener el legado de su padre durante treinta y un años. No obstante de su padre no sólo heredaría el reino de Denia, que durante esta etapa conoció la prosperidad, sino también el gusto por la cultura y el papel de mecenas pero su figura no resplandeció como la de Muyähid entre la corte ilustrada.
La actividad científica de los sabios de al-Andalus se desarrolló por tres caminos. El primero de ellos, relacionado con la formación que recibieron, el segundo con lo que transmitieron a sus sucesores y el tercero, la producción que de su propia mano nos dejaron. Estos tres aspectos, estudiados en Ibn Sïdah, los hemos clasificado en los respectivos epígrafes de <>, <> y <> que pasamos a desarrollar a continuación

Maestros
Entre los maestros de nuestro autor cabe destacar la enseñanza de cuatro de ellos que, además, son los más citados tanto por los biógrafos como por el propio Ibn Sïdah. Esos insignes hombres son:

1. Abü Tähir Ismä`il b. Sïdah, padre de Ibn Sïdah, fue un hombre versado en las ciencias de la gramática y la lexicografía árabe. A este respecto, Ibn Baskwäl señala que había aprendido el Kitäb Mujtasar al-`ayn a través de su mismo autor, al-Zubaydï.
Era ciego, como la fue su hijo y toda su vida transcurrió en Murcia, pues nuestros datos constatan que allí nació y murió, poco después del año400/1009-1010.
En algunas de las biografías dedicadas a Ibn Sïdah, su padre aparece como el maestro de quien recibió una primera formación en los estudios lingüísticas. Sin embargo, entre el año de nacimiento del ciego de Murcia y la muerte de su padre medio muy poco tiempo por lo que la instrucción tendría lugar en sus años de infancia. No es de extrañar, entonces, que el propio Ibn Sïdah afirme que "A los cuatro años leía el Corán y antes de los seis lo decía de memoria" ya que, probablemente, su progenitor se encargara de iniciarlo desde temprana edad y contagiarle sus conocimientos y su afición por los estudios de filología durante el breve intervalo de tiempo en que nuestro autor fue su discípulo.

2. Abü al-`Alä´ Sä`id al-Bagdädï nació hacia 339/950, transcurriendo sus primeros años de vida en Mosul. Se trasladó a Bagdag para cursar estudios en literatura -especialmente poesía-, historia, ciencia de la prosodia, entre otros, siendo discípulo de célebres autores.
En tiempos de al-Hisäm II, llegó a Córdoba a instancias de al-Mansür quien lo puso a la cabeza de toda su corte de sabios y literatos. En el 430/1039 estuvo en Zaragoza, y posteriormente en la corte de al-Muwaffaq Muyähid de Denia, y desde Denia a Sicilia, donde transcurrieron los últimos años de su vida.
De gran personalidad, ingenio, agudeza mental y capacidad de improvisación poseía vastos conocimientos, sin embargo solo se le atribuye la autoría de un libro, el Kitäb al-fusüs fï luga wa-l-ajbär (Engarces de anillo sobre lexicografía e historia), aunque Muhsin, cita otros dos: Kitäb al-ÿawwäs y Kitäb al-Jiÿafÿaf.
Éste fue el principal instructor de Ibn Sïdah, según él mismo dice, de él aprendió el Garïb al-Musannaf de Abü `Ubayd, y los libros de de Ibn al-Sikkït, el Isläh al-mantiq y el Tadhïb al-Alfäz, junto con los tratados de metáfora y los libros llamados de sifät y Asmä.

3. Abü `Umar al-Talamankï nació en Talamanca en el año 340/951 aunque sus estudios los llevó a cabo en Córdoba y en otras ciudades de al-Andalus bajo la tutela de los célebres maestros del momento.
Con motivo de su peregrinación a la Meca, tuvo la oportunidad de conocer a los más famosos maestros orientales. Alcanzó gran celebridad en al-Andalus debido a su erudición. Entre sus muchos pupilos se encuentran, el también famoso jurista Ibn Hazm de Córdoba y nuestro autor, a quien tuvo ocasión de conocer en Murcia. Según relata Ibn Sïdah, de él recibió una amplia formación en hadices y jurisprudencia.

4. Abü `Amr Ùtman b.Sa`id b. `Umar al-Umawï, al Dänï, nacido en Córdoba en el año 371/981, hacia 397/1006 realizó un viaje a Oriente donde tuvo la oportunidad de asistir a las lecciones de famosos maestro de El Cairo y Qayrawän. De regreso enseñó en Almería y Denia donde se dio a conocer como jurista malikí y donde fue considerado uno de los mejores exégetas y lectores del Corán. Ibn Sïdah opina de su maestro que era un "hombre de capacidad y viveza sin igual" de quién aprendió el Kitäb de Sibawayh.

En calidad de maestro, nuestro autor participó en la formación numerosos discípulos, muchos de los cuales fueron personajes, a su vez, célebres como lo fueron:
Abü Bakr Muhammad b. `Al¨, b. Jafal al-nahwï, Ibn Tirismïl, de Murcia, que se convirtió en uno de los principales maestros de gramática; Abü Àbd Alläh Muhammad b. Jalaba al-Sadünï, de Sidonia, pero vivió en Denia, donde sería considerado uno de los maestros más celebres. Destacó en la ciencias del lenguaje y en la poesía; Abü `Abd Allah Muhammad b. `Isà b.Ma`yüm, al-Färid versado en cálculo, derecho en sucesiones, destacó por sus conocimientos en legua árabe; Abü `Umar Ahmad b.Muhammad b.Yahyà Ibn al-Haddä´, al-Taïimï de Córdoba que recibió de su padre la mayor parte de sus conocimientos hasta que lo envió a estudiar ciencia y uso lingüístico con los ilustres maestros de su tiempo; Abü Sulaymän `Alï b.Ahmad b.Sa`id b.Hazm, por citar unos pocos.

Obras
De la totalidad de la producción de Ibn Sïdah destacan, sin duda, sus dos obras lexicográficas - también las más conocidas- y, ambas, ya están editadas en la actualidad. Una de ellas, es el Kitäb al-Muhkam y la otra, el Kitäb al-Mujassas. Además de estas, una decena de composiciones le pertenecen y algunas obras le fueron atribuidas. De cualquier manera, en el conjunto de sus trabajos se podrá observar la trayectoria científica de este autor mediante las disciplinas por él cultivadas.

A toda su obra la hemos clasificado en tres grandes grupos:
Obras conservadas:
1. Uryüza, -poema árabe compuesto en metro rayäz- estructurada en veintiocho partes de diferente extensión, que se corresponden con otras tantas letras del alifato árabe. El contenido de esta obra es la historia de unos orientales que llegan a Occidente. Cada uno de estos hombres representa un arquetipo distinto que va contando el entorno en el que vivió, el autor se incluye entre ellos y narra los datos más significativos de su propia vida y de sus conocimientos sobre la lengua árabe.
2. Qasïda, poesía dedicada a su mecenas el Iqbäl al-Dawla.
3. Kitäb sarh muskil abyät al-Mutanabbï, comentario de tipo literario de la obra de al-Mutanabbï.
4. Kitäb al-Muhkam wa-l-muhït al-a`zam, obra lexicográfica clasificada según el orden alfabético, alcanzó tanta popularidad en al-Anbdalus, que su información ha pasado a los diccionarios que, posteriormente, se han compuesto, se cite o no a Ibn Sïdah.
5. Kitab al-Mujassas obra lexicográfica de suma importancia y objeto del trabajo reflejado en la obra que estamos extractando: EL PROYECTO LEXICOGRÁFICO DE IBN-SÏDAH, un sabio en la Taifa de Denia, aparece ampliamente explicada en el capítulo tercero, dedicado completamente a ella.

Obras perdidas:
6. Kitäb Sädd al-luga, 7. Kitäb al-Wäfï fï `ilm al-qawäfï, 8. Kitäb sarh isläb al-mantiq, 9. Kitäb al-`awïs fï sarh isläh al-mantiq, 10. Kitäb al-Anïq fï sarh al-Hamäsa, 11. Kitäb sarh abyät al-yämal li-l-Zaÿÿäýï.

Obras atribuidas: 12. Kitäb al-`Älam fï-l-luga, 13. Kitäb al-`alim wa-l-muta`alim `aà al-mas´ala wa-l-ÿawäb, 14 Sarh Kitäb al-Ajfas fï-l-nahw