ISLAM Y AL-ANDALUS

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IBN HABÎB

bn Marwân ‘abd al-Mâlik ibn Habîb ibn Swleimân ibn Harwn ibn Yamina ibn ‘Abbâs ibn Mirdâs. Historiador, gramático y erudito. Nació en Córdoba en el año 796, muriendo en esta misma ciudad el día 4 de Ramadán del 238 de la Hégira (845 d.C.) Estamos delante, indiscutiblemente, del primer historiador de Al-Andalus. Un hombre de singular talento y asombrosa erudición que gozó de un gran prestigio que traspasaría los confines de nuestra tierra para extenderse por todos los del mundo musulmán. Fue conocido con el sobrenombre de el erudito de Al-Andalus.
Residió en Elvira (hoy Granada) y Kúrtuba (actual Córdoba), y pasó a Oriente al terminar sus estudios para hacer peregrinación legal y ampliar conocimientos.
 Ibn Habîb cultivó varias ramas del saber y en todas ellas dejó marca de sus extraordinarias facultades: poseyó conocimientos de gramática, poesía, genealogía, historia, jurisprudencia, lexicografía y medicina. Contemporáneos suyos como Al-Labbâda e Ibn Jakûn, afirmaban que era el sabio por excelencia de Al-Andalus. Se le comparó con el célebre faquí de Oriente, Shaww, quien al enterarse de la muerte de nuestro autor lamentó: Ha muerto el mayor sabio de Al-Andalus o, mejor decir, del mundo.
 Enseñó públicamente en la mezquita de Córdoba, donde frecuentaban sus aulas multitud de discípulos y, según cuentan, vestía suntuosos ropajes y usaba el Saidi (tela fabricada en el Yémen).
 No fue muy pródiga la naturaleza con su físico, pues se cuenta la anécdota de que asistiendo en Oriente a una Machlija (tertulia literaria) y como alguno de los asistentes le menospreciase por su desarrollo físico, prorrumpió Ibn Habîb en los siguientes versos:
No fijes tu vista en mi cuerpo y su pequeñez; antes bien debes mirar mi cabeza y lo que contiene de la "suma" o "ley".
Muchas veces el dotado de vista o apariencia hállase desprovisto de conocimiento, y aquél a quien el ojo desprecia suele hallarse favorecido con el don de la inteligencia.
 De su fecundidad literaria nos puede hablar su propio autor, que preguntado en cierta ocasión sobre cuántos libros había escrito, contestó que su número se elevaba a mil cincuenta. Sea o no verídica la cantidad, lo cierto es que sólo una de estas obras ha llegado hasta nosotros, su Historia, sabemos que escribió además otras obras: Sobre las costumbres e historia del profeta Muhammad (s.a.s), Genealogía e historia de los Coraixitas, etc.
 Con respecto a su Historia, que se conserva en la biblioteca Bodleiana de Oxford, y de la que, según Dozy, no fue su autor material, ya que en ella hay una lista de califas que llega hasta el año 888 y sabemos que Aben Habîb murió treinta y cinco años antes, surgen las dudas. Según todos los indicios, Ibn Abû Rikâ, discípulo de nuestro personaje en cuestión, debió ser quien llevó al papel la enseñanza de su maestro mezclándolas con las propias.
 Esta obra se corresponde cronológicamente a la época en que autonomistas y cristianos trinitarios, al mando de Ibn Hafsûn, amenazaban arrebatar la capital cordobesa al sultán ‘Abd Allâh, cuando parecía llegar a su fin la revolución islámica en Al-Andalus.
 El valor de esta obra como documento histórico es muy escaso. Carece de método y de crítica, y como dice Dozy, parece más un fragmento de las "Mil y Una Noches" que una obra histórica, pues admite todas las leyendas y noticias fabulosas que corrían por su época. En ella se refiere principalmente a la historia bíblica, la del profeta Muhammad (s.a.s), la de los primeros califas y la de la Bética preislámica. Junto a hechos de indudable autenticidad, se mezclan narraciones novelescas de diablos y genios, de castillos encantados y de estatuas vivientes; todo está inspirado en la escuela egipcia caracterizada por su estilo novelesco y mitológico. No debemos olvidar que Ibn Habîb no tenía su fuente de investigación en la tradición de Al-Andalus; las recogió de sabios egipcios, principalmente de ‘Abd Allâh ibn Whahab. No fue el único que obró así: casi todos los thacebs (estudiantes) andalusíes iban a Oriente a proseguir sus estudios, y allí nada o casi nada se sabía de la historia de nuestro país, recurriendo los egipcios a historietas de castillos encantado, de diablos encerrados en cajas por Salomón, etc.; relatos que en su mayoría se inventaban estos sabios orientales para no perder su reputación delante de sus alumnos andaluces.
 Es falso, como afirman algunos arabistas de la escuela tradicional (Wustenfeld entre ellos), que nuestro autor fuera de estirpe arábiga; era andaluz. Como sospecha Simonet, Ibn Habîb no fue de etnia semita tal como indica Ibn al-Faradî; él o, uno de sus ascendientes, tomaría carta de naturaleza en dicha genealogía de acuerdo con el estilo arabizante de la época.
Ibn Habîb murió en día cuatro de Ramadán del 238 de la era islámica (853 d.C.)-