BLAS INFANTE, EN SU KORÁN: “NACE UNA CRIATURA NUEVA”

Categoría: Los Andaluces

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‘A la Contra’ ofrece un documento único: el Korán propio de Blas Infante, identificado con el sello de su Biblioteca ‘Santa Alegría’, en Coria del Río.

Por Alejandro Delmás

Desde la Junta de Andalucía parece plantearse la firme voluntad de abrir la mayor fosa común del Cementerio de Sevilla (la llamada, por su forma, Pico Reja), donde podrían encontrarse los restos de Blas Infante Pérez: oficialmente, Padre de la Patria Andaluza, autor del Himno de Andalucía y diseñador de la bandera verde, blanca y verde. Tras su fusilamiento por elementos a las órdenes del General Gonzalo Queipo de Llano, en agosto de 1936, Infante habría sido arrojado a la Fosa Común, en compañía de un número aproximado de otros 1.500 cadáveres de la época de la Guerra Civil.

Hoy, A LA CONTRA ofrece un documento único: el Korán propio de Blas Infante, identificado con el sello de su Biblioteca Santa Alegría, en Coria del Río (Sevilla). De esa casa fue donde Infante fue sacado el 2 de agosto de 1936 por un pelotón falangista, como paso previo a su fusilamiento en la madrugada del 11 de agosto de ese mismo 1936.

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Portada del Korán de Blas Infante.

Sin entrar en la presunta conversión al Islam (Shahada) de Infante, supuestamente celebrada con el nombre de Ahmad el 15 de septiembre de 1924, en una pequeña mezquita de Agmat (Marruecos), adonde el notario de Casares había viajado para saludar la tumba de Al Mu’tamid —rey abadí, abasida de Sevilla, depuesto por los almorávides en el Siglo XI—… A LA CONTRA se limita a ofrecer a sus lectores el testimonio directo de este libro, una edición del Korán editada en París por Garnier Hermanos, impresa en enero de 1920: 1-20, reza el pie de imprenta que cierra el libro.

Infante ligaba la historia y vínculos sentimentales de Andalucía a los emires que reinaron hasta 1492 en Sevilla, Córdoba o Granada. No resulta de extrañar, pues, que dominara perfectamente la lengua árabe, que supo utilizar a discreción en su viaje a Agmat junto a José Luis García Vidal Vidalito y el chófer Ben Moussa. En 1930, Infante no pudo asistir al Congreso de los Pueblos Sin Estado, celebrado en Delhi (India), pero sí pudo enviar un texto que leyó allí mismo el poeta Abel Gudra y que comenzaba así: “ La revolución india es un mero episodio de la gran batalla. Las agitaciones de África lo son también. ¡Desengañaos! Nada conseguirán los pueblos esclavizados de Afro-Asia mientras que el despertar no venga a abrir los ojos, en la tierra sagrada de España, de nuestra cabeza, Andalucía. ¿Qué nos queda del Islam? Nos queda del Islam el sentimiento de poder de Allah y su equilibrio. El Islam no es solo espiritualidad, es también movimiento. Vivir no es solamente una idea, sino un conocimiento, y este conocimiento es nuestra experiencia de Al-Andalus en su época de esplendor”. El texto leído en Delhi continuaba con frases tales como… “El Profeta de nuestros antepasados de Al-Andalus que, como todos los profetas, será nuestro Profeta…”

El Korán parisino de Blas Infante cuyas imágenes reproduce A LA CONTRA arranca con un corto prefacio y un compendio de 127 páginas sobre La Vida de Mahoma. Antes de iniciarse el Capítulo o Sura I, Infante escribe de su puño y letra lo que es la Básmala: Bensellah elrohman elrahim, En el Nombre de Dios (Allah), Clemente y Misericordioso’. Al lado del Versículo (Aleia) 45 del Capítulo II, La Vaca, Infante escribe de puño y letra: “Admirable”. Esa “admirable” Aleia 45 (o Alhaya) reza así: “Temed el día en que un alma no satisfaga a otra, el día en que no se esperen ni intercesión, ni compasión ni auxilios”.

Pasando sobre innumerables anotaciones manuscritas del Padre de la Patria Andaluza, se llega al Versículo 177 del Capítulo III (La Familia de Imrán), que ahí se escritura como “magnifico”: “Él ha oído la voz de los que han dicho: ‘Dios es pobre y nosotros somos ricos”. En el Capítulo VIII, El Botín, llega una de las anotaciones más importantes, entre las aleias 59-62, que se refieren a los suplicios para el “infiel” (“… que no crea poderse sustraer a la venganza divina… aterroriza con sus suplicios a los que lo sigan… el Señor odia a los tramposos”) o para “aquellos de quienes temes el fraude”. Ahí comenta Infante, con trazos al margen en lapicero rosa, corrientes en aquella época: “Un Código religioso que ha de ser generalmente aceptado ha de contener prescripciones para todos los gustos”.


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Anotaciones de Blas Infante en páginas interiores.

En la apasionante navegación del Korán de Blas Infante Pérez se llega a una nota manuscrita también a lápiz, con la anotación: “Se ruega la entrega” y una firma en la que se reconoce claramente el apellido Morales: casi con certeza, Morales sería el librero al que se le adquirió el ejemplar, que se trataría, en aquellos tiempos, de una compra expresamente solicitada. En esa época, años 20 del Siglo XX, Blas Infante vivía su camino islamista (Din) con bastante discreción, aunque interpretaba la vida, la religión y el mismo Islam como un constante movimiento (Movado, en esperanto, la marca del reloj que usaba Infante y que le fue devuelto a la familia después de su fusilamiento, en ese funesto mes de agosto de 1936).

Justo al reverso de esa nota del librero, Blas Infante garabatea unos signos alfabéticos en este ignoto idioma esperanto, que él dominaba sin problemas. Al final de la página 304 y del capítulo XVI (Las Abejas), Infante acota: “En todos nace la criatura nueva. Aquellos en quienes permanece, estos son los elegidos”.

No cabe extenderse mucho más ni formular opiniones de valor. El final del recorrido vital del hombre que escribía notas en su Korán editado en París llegó en la madrugada del 11 de agosto de 1936, bajo las balas de cualquier sicario. Dios, Allah o el Profeta sabrán dónde acabó el cadáver de Blas Infante Pérez, que dejó viuda a Angustias García Parias. Si terminó o no en la fosa común del Cementerio de Sevilla, he aquí que la Junta de Andalucía va a invertir 340.000 euros en averiguarlo. Evidentemente, aquí no toca esa frase de Jesús que se cita en el Evangelio de San Mateo (8:22).: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos”. Sea en el Nombre de Dios, Clemente y Misericordioso.