ISLAM Y AL-ANDALUS

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ANTONIO JAÉN MORENTE

170px-Antonio Jaen Morente

ABOGADO, historiador, profesor de Instituto, diputado y otros numerosos cargos públicos desempeñados durante la 11 República, la figura de Antonio Jaén Morente es un buen ejemplo de los intelectuales de la Edad de Plata de la cultura española y del exilio republicano.

HISTORIADOR, DESTACADO POLÍTICO REPUBLICANO Y MIEMBRO DEL CUERPO DIPLOMÁTICO, ANTONIO JAÉN MORENTE ES UNO DE LOS REPRESENTANTES DEL ANDALUCISMO HISTÓRICO, ESPECIALMENTE EN LOS AÑOS DE LA II REPÚBLICA Y EL EXILIO QUE SUFRIERON LOS PERDEDORES DE LA GUERRA CIVIL. AUTOR DE MÁS DE CINCUENTA LIBROS, ENTRE LOS CUALES SON LOS MÁS CONOCIDOS SU HISTORIA DE CÓRDOBA (LA SÉPTIMA EDICIÓN ES DE 2001) Y LA LECCIÓN DE AMÉRICA.

 

Nacido en Córdoba en 1879. Hijo del sevillano Miguel Tomás Jaén, jornalero, y de Rafaela Morente y Austria. Su infan­cia transcurre en su casa de la calle Judíos, en el número 1. Estudia el bachillerato y magisterio en Córdoba, en la Escuela Normal Superior de Maestros entre 1894 y 1897. Al año siguiente aprueba los exámenes de reválida para la obtención del título de Maestro de Primera Enseñanza Superior. Completa sus estudios universitarios en Madrid, donde se doctora en Letras con una tesis sobre el monasterio de San Jerónimo de Córdoba.

 

Desde el 16 de julio de 1902 hasta el 15 de febrero de 1904 ejerció como maestro auxiliar de las Escuelas Elementales de Sevilla, con destino en la número 4. El 13 de mayo de ese mismo año fue nombrado auxiliar provisional de Derecho y Legislación Escolar del Instituto General y Técnico de Segovia, plaza que ocupó sólo durante un curso académico. Tam­bién por breve tiempo fue funcionario del Banco de España, y entre 1908 y 1910 intentó, sin éxito, varias oposiciones para profesor de Pedagogía de Escuelas Normales. Por fin, en 1910 consiguió aprobar las de catedrático de Geografía e Historia de Instituto y obtuvo plaza, primero en Cuenca, y dos años después en Segovia. En 1917 aprobó las oposiciones como catedrá­tico de Historia Contemporánea en la Universidad de Sevilla y dos años más tarde retornó a Córdoba como catedrá­tico de Instituto. De nuevo volvió a Se­villa, esta vez para ocupar una plaza de Instituto, en 1921.

 

Ya en esos primeros años se muestra vinculado al Andalucismo Histórico. En efecto, los republicanos y regionalistas, en coalición con los socialistas, lo presentan como candidato por la circunscripción de Córdoba en las elecciones de 1918, 1919 y 1920 y, desde la Asamblea Provincial celebrada en Córdoba el 1 de enero de 1918, fue miembro de la dirección provincial del Partido Republicano Autónomo, partido que defendía un ideario andalucista en lo referente a la autonomía regional y municipal. Incluso en la Revista Andalucía se llegó a firmar un manifiesto titulado "La candidatura de Jaén Morente" por personalidades como Lerroux, Cambó, Largo Caballero, Cas­tejón o Eloy Vaquero, en el que se insistía en el sentido anticaciquil, republicano y regionalista de la misma.

 

Este sería el inicio de una apasionada actividad política de nuestro autor, siempre en las filas del republicanismo.

 

Desde su destino profesional sevillano no renuncio a tener protagonismo en la vida cultural cordobesa. Por ejemplo, en 1921, fue mantenedor de los juegos florales de su ciudad  natal con un discurso que “exalta las ideas de patria, fe y amor... Terminó con un bellísimo canto a Córdoba". A finales de ese año pronunció en el Círculo Mercantil la conferencia "El problema artístico de Córdoba", en la que denunciaba el lamentable deterioro del patrimonio artístico local, sobre todo en un momento de expectación para el turismo cultural como el que se había abierto con los trabajos de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, de la que, desde 1925, fue el responsable de darla a conocer en el norte de España. En ese mismo año, el 16 de junio, publicó en el periódico La Voz de Córdoba un artículo sobre la importancia de la participación cordobesa en dicha exposición y la necesidad de preparar y adecentar la ciudad para tal efemérides. El 23 de junio firmó otro artículo sobre el proyecto de realizar una exposición de orfebrería en Córdoba como un capítulo de la muestra hispalense. Tam­bién en esta época escribió guiones, diálogos y argumentos de varias películas, de las que no tenemos más noticias.

 

En 1930 volvió a instalarse en Córdoba como catedrático del Instituto Provincial y desarrolló un intenso activismo po­lítico coincidiendo con el tumultuoso final de la monarquía de Alfonso XIII. Miembro activo de la masonería desde sus años sevillanos, su presencia es frecuente en actos prorepublicanos. En el verano del 30, intervino en un mitin en el Teatro Zorrilla de Peñarroya, del que la prensa dejó constancia: "En la comida que siguió al acto, el Catedrático Antonio Jaén dio vivas a la República, lo cual motivó la denuncia del delegado gubernativo allí presente". En el mes de octubre fue dete­nido durante el mitin que pronunció en Palma del Río en compañía de varios socialistas. En esos momentos militaba en Derecha Liberal Republicana, el partido de Niceto Alcalá Zamora.

 

En la campaña electoral fue uno de los principales valores de la candidatura republicana, animando a los obreros y campesinos a votar por él. Así, en el periódico Política escribió en marzo de 1931: "Yo sé que vosotros quisierais armas más que urnas. Pero no es la hora. Id a las urnas a votar por la sacrosanta y tres veces ilustre República Española". Días después participó en una manifestación por las calles de Córdoba en la que se pedía la amnistía. Desde un balcón del Go­bierno Civil arengó a la multitud, entre la que destacaba la presencia de estudiantes de la FUE. Actuó, asimismo, por esas mismas fechas, de abogado para defender a sus amigos masones o a dirigentes políticos como el socialista Martín Saz.

 

Resultó elegido como concejal en las elecciones del 12 de abril de 1931 y tuvo un destacado protagonismo en la proclamación del nuevo régimen republicano en la ciudad al ser nombrado gobernador civil. El 16 de abril se constituyó el nuevo Ayuntamiento. Allí, Jaén Morente dijo que suponía "la devolución al pueblo de la totalidad de los derechos ciudadanos... para todos los españoles, sin odios, venganzas ni represalias, abriendo cauce a una nueva era legal... La Re­pública española es una casa para los republicanos, pero también para todos los españoles de buena voluntad".

 

El 22 de abril fue nombrado gobernador civil de Málaga, donde tendrá que afrontar el problema religioso. Mantuvo entrevistas con varias autoridades eclesiásticas, pero tuvo que hacer frente a la quema de conventos e iglesias que tuvo lugar del 12 al 13 de mayo. Al no poder evitar estos hechos presentó su dimisión. Hay que tener en cuenta que cuando ocurrieron estos incidentes se encontraba en Madrid realizando gestiones propias de su cargo. A las 7 de la mañana del día 13 llegó de su viaje e intentó hacerse con el control de la situación, lo que no consiguió y, al verse desbordado, en­tregó la autoridad al gobernador militar, quien proclamó el estado de excepción. El mismo Jaén Morente, pistola en mano, conminó a los asaltantes del asilo de San Manuel a que depusieran su actitud. Poco después se reunió con los periodistas, ante quienes manifestó su pesar por los acontecimientos ocurridos, y posteriormente envió un telegrama al jefe del Gobierno en el que presentaba su dimisión, aunque Maura, ministro de la Gobernación, afirmó que lo había destituido.

 

Vuelve a involucrarse en la política cordobesa. Así, cuando se discutió en el Ayuntamiento la adhesión a la propuesta de expulsión de las órdenes religiosas, sugirió que el asunto debería tratarse mejor en las Cortes que en los municipios, y además, en vez de expulsión, pretendía que se hablara de suspensión de las mismas.

 

Consiguió un acta de diputado por la provincia de Córdoba en las elec­ciones legislativas de junio de 1931. En la campaña hubo una enorme polémica en las filas del republicanismo sobre si debía encabezar la candidatura por la ciudad o bien por la provincia, optando al final por esto último. Incluso tuvo que publicar un manifiesto desautorizando su presentación en la candidatura republicana de la capital, que iba en menoscabo del alcalde Eloy Vaquero.

 

La sanjurjada, el intento golpista de agosto de 1932, también se vivió en Cór­doba. Con ese motivo, Jaén Morente pu­blicó un manifiesto de adhesión a la República en el que "atacó a la vieja aristocracia alentadora del movimiento, abo­gando por la promulgación de una ley para que todos esos grandes propietarios como los Duques de Medinaceli y Me­dina Sidonia quedasen económicamente reducidos a cero. También atacó al Marqués de Viana, señalando que era representativa dicha nobleza del parasitismo y del caciquismo, pidiendo que la casa palacio se reintegrara al pueblo, sin perjuicio de hacer lo mismo con los demás bienes de dicha aristocracia".

 

En Madrid formó parte de la comisión encargada de investigar las responsabilidades políticas del asunto de Casas Viejas y luego sería nombrado ministro plenipotenciario de la legación española en Perú con sede en Lima, donde permaneció, prácticamente, todo el año 33 hasta que presentó su dimisión a finales de octubre con motivo de la caída del gobierno Azaña. En las elecciones de ese año se presentó por Córdoba en las filas del Partido Radical Socialista, en el que militaba desde hacía algún tiempo. Regresó de Perú en la víspera de las elecciones, sin apenas tiempo de participar en la campa­ña. Al no salir elegido publicó un manifiesto pidiendo el voto para los socialistas: "Los republicanos no ya divididos, atomizados... aparecen como prototipo de desunión frente a una reacción poderosa y fuerte, ya casi vencedora. La vieja historia de hace sesenta años, de la España de la Primera República que tantas veces hemos criticado. aparece como fantasma que se renueva, sin habernos servido de ejemplo la lección... ¡Qué cierto es que la República no tiene fundamentalmen­te más enemigos que los republicanos!".

 

Volvió a sus clases en el Instituto y a sus desvelos culturales. Él mismo cuenta que en 1935 "se han fundado las cátedras de Árabe y Hebreo en el Instituto de Córdoba", lo que recogía una vieja aspiración suya que quedó plasmada en su intervención en la Semana Califal de 1929, aunque no logró que el Gobierno concediera un Centro de Estudios Andaluces para Córdoba. Se dedi­có también a publicar la mayor parte de sus libros de texto y La lección de América.

 

Sin embargo, retornó de nuevo a la política, al concurrir como miembro de Izquierda Republicana en las elecciones del 16 de febrero de 1936, en las que obtuvo un acta de diputado dentro de la candidatura del Frente Popular. Precisamente en las manifestaciones y algaradas que se sucedieron tras conocer los resultados electorales, mantuvo una actitud apaciguadora.

 

El estallido del levantamiento militar le sorprendió fuera de Córdoba, lo que le permitió salvar la vida. El l7 de agosto de 1936, las nuevas autoridades municipales cordobesas procedieron a declararlo hijo maldito de la ciudad, como represalia por la campaña de propaganda antifranquista que realizó desde Radio Linares y por ser acusado de marcar los objetivos a los aviones que bombardeaban Córdo­ba desde el aeródromo de Andújar.

 

Participó en algunas actividades bélicas, entre las que cabría destacar la formación de las milicias de Espejo, que defendieron esta población de los ataques de Queipo de Llano, y acompañó a la columna del general Miaja que intentó recu­perar Córdoba.

 

El gobierno republicano le encargó una nueva misión diplomática en tierras asiáticas. Desde septiembre de 1937 a mayo de 1939 fue nombrado cónsul general de España en Filipinas. En diciembre de 1937 realizó una campaña de propaganda de la República a través de la prensa, conferencias, etc., y en colaboración con la Liga Democrática Filipina. Fruto de todo ello fue la publicación del pequeño libro LA democracia y el fascismo en España. En abril del 38, la masonería, a través de los hermanos de la Gran Logia Nacional de Filipinas, le brindaron un homenaje. Filipinas estaba entonces bajo el pro­tectorado de los Estados Unidos de América y es significativo que en esos momentos preparara un trabajo sobre el origen de las tesis de Monroe en la obra del prieguense Manuel Torres. Viajó por todo el Pacífico y visitó los principales puertos orientales; Hong Kong, Saigón Taiwán, Manila, etc.

 

Tras la guerra comenzó su exilio en Hispanoamérica como tantos otros representantes de lo que se ha dado en llamar la España transterrada. Primero en Ecuador, donde vivió durante diez años y fue profesor de Historia del Instituto Superior de Pedagogía y Letras en Guayaquil y luego, en la Facultad de Arquitectos de Quito. Allí publicó una biografía de Miguel de Cervantes y una historia de Guayaquil.

 

En 1949, el Ayuntamiento de Córdoba acordó dejar sin efecto la denominación de hijo maldito. Jaén Morente escribió una carta de agradecimiento al alcalde de entonces en la que decía, entre otras cosas; "Son dieciocho las universidades donde he orado -más que disertado- en nombre de Córdoba y España". Con ello hacía referencia a lo que su nieto, el también escritor Manuel García Jaén, calificó como "peregrinaje cultural por las universidades de Quito y Guayaquil, en el Ecuador, alternando Cursos y Seminarios culturales en Argentina, Chile, Perú, Colombia y otras de Centroamérica".

 

Cuando en 1954 el Tribunal de Responsabilidades Políticas lo declaró exento de todo delito, realizó un viaje a España. A los cinco años se hizo cargo de la Cátedra Menéndez Pidal de San José de Costa Rica, país donde murió en 1964. Allí había reconstruido su vida familiar al contraer de nuevo matrimonio con María Cristina Goicoechea, en 1953.

 

En el exilio mantuvo contacto con otros escritores e intelectuales españoles. Uno de ellos fue María Zambrano, como se ha puesto de manifiesto por la correspondencia que se conserva en la Fundación María Zambrano. Abrigó la esperanza de volver un día a vivir en España.

 

Cuando se tuvo noticia de su fallecimiento en el Ayuntamiento de Córdoba, se acordó rotular una calle con el nombre de "Historiador Jaén Morente" en la barriada de Fátima y en 1979, la corporación municipal decidió colocar una placa de recuerdo en su casa natal. En 1991, la Academia cordobesa le rindió un homenaje y en 2003, el Diario Córdoba publicó la séptima edición de su Historia de Córdoba.

 

También en Hispanoamérica recibió numerosos honores y distinciones: Miembro de la Orden del Sol peruana, la Gran Cruz del Águila Azteca, la Cruz del Mérito de Ecuador, etc. Pero quizás lo más importante sea que acá y allá su recuerdo sigue vivo y su ingente obra, más de cincuenta títulos, sigue siendo consultada.