LA MEDICINA DEL CUERPO Y DEL ALMA: IMAM ALGAZALI

Categoría: Cultura Islámica

«Cuando Allah quiere la misericordia con uno de sus siervos, comienza por abrirle los ojos para que conozca sus propios defectos:

Parte de los hombres ignoran sus propios vicios. Ven fácilmente una paja en el ojo de su hermano, y en el suyo no ven una tranca.»

Enviado por: Abd-Salam M.M

 «Cuatro son los métodos que puede seguir el que quiera conocer sus propios defectos.»

«.- Consiste en ponerse bajo la dirección de un maestro entendido en asuntos espirituales, conocedor de todos los defectos y vicios del corazón, aun de los más secretos, al cual exponga su estado y abra su conciencia, para seguir después fielmente sus consejos sobre el combate ascético que ha de emprender.

 Este método es, en nuestros días, raras veces seguido.»

«.- Búsquese un amigo sincero, entendido y piadoso, y encomiéndesele el cargo de vigilarnos cuidadosamente, observando todos nuestros actos, los más ligeros movimientos de nuestro espíritu, a fin de que luego nos indique los hábitos, acciones y defectos, así exteriores, como interiores, que él crea vituperables.

 Así lo practicaban los más célebres doctores y Awliyas de los primeros tiempos...»

 «Sobre este método hay que advertir que, cuanto más inteligente y perfecto sea el amigo, menos propenso será a envanecerse y a difamar al que le abrió su conciencia.

Sólo que los amigos de esta naturaleza no abundan mucho, son pocos los que no hagan traición al amigo, publicando sus vicios, o los que no le envidien y se excedan por ello en la corrección fraterna, o los no escrupulosos, que ven pecado donde no lo hay, o los que no oculten, traidores al amigo, los vicios que en él han advertido.

 Por eso David se retiró a la soledad, huyendo de la gente; y cuando le preguntaban el motivo de su resolución, contestaba:

«Y ¿qué voy a hacer entre gentes que me ocultan mis defectos?»

 Tal fue siempre el deseo de los hombres que se entregan al servicio de Allah: querer que los demás les manifestasen sus vicios propios. En cambio, en nuestros tiempos hemos llegado al extremo de que las personas, que más odiamos, son cabalmente aquellas que nos dan buenos consejos y nos descubren nuestros defectos.

 Y la causa es indudablemente la falta de fe; porque los malos hábitos, los vicios, son víboras y escorpiones.

 Si alguien nos avisara que bajo el vestido llevábamos un escorpión, de seguro que daríamos crédito a su atento aviso, nos holgaríamos de ello y nos dedicaríamos sin demora a inclinarnos de encima el escorpión y a darle muerte.

 Y, sin embargo, su picadura daña sólo al cuerpo y su dolor dura un día y no más, mientras que la herida del vicio penetra a lo más íntimo del alma, y es de temer que dure más allá de la tumba, eternamente o miles de años ''.

 Y a pesar de esto, no nos gusta que nos indiquen nuestros vicios, ni nos dedicamos á echarlos de nosotros, sino al revés, a rechazar al que nos corrige, con frases como esta:

«¡También tú haces esto y lo otro!» Es decir, que nos mostramos enemigos de nuestros censores, en vez de sacar provecho de sus consejos.

 Esto parece ser efecto de la dureza de corazón, que los muchos pecados producen como su natural fruto; y fundamentalmente se debe, como hemos dicho, a la poca fe.

 -¡Allah nos otorgue la gracia de inspirarnos una buena dirección, hacernos conocer nuestros defectos y agradecer a quien nos corrija el beneficio que nos hace!»

«3.° Consiste en adquirir la noticia de nuestros vicios por lo que de nosotros digan los enemigos, pues quizá aprovecha más al hombre un enemigo que le odie y publique sus vicios, que un amigo traidor que le alabe y adule ocultándoselos.

  Lo que hay es que la naturaleza instintivamente nos impulsa a no dar crédito al testimonio del enemigo, atribuyendo

a la envidia sus censuras »

«4.° Consiste en tratar con toda clase de personas y todo lo que de vituperable en ellas se advierta, atribuírnoslo a nosotros

mismos, considerándonos como reos de los mismos vicios.

 Todo hombre es un espejo para otro hombre, en él puede conocer sus propios defectos, porque todos los caracteres coinciden en la tendencia a seguir las pasiones; de modo que nadie está libre de caer en los mismos o en mayores pecados en que ha caído su prójimo.

 Examine pues su alma cada cual y trate de corregirse de los vicios que en su prójimo reprueba. Esta sola corrección bastaría; porque si todos los hombres corrigieran los defectos que a los demás reprochan, no habrían menester de maestros ni educadores.

 Preguntaron a Jesús quién le había educado y contestó:

«Nadie, vi la ignorancia del necio y la consideré como cosa deshonrosa  y procuré evitarla.»

 «Este último método debe emplear con mayor razón aquel a quien falte un maestro inteligente, sagaz, conocedor de los defectos espirituales, solícito en dar buenos consejos, que no tenga ya que cuidarse de purificar su alma, sino que pueda entregarse por entero al perfeccionamiento espiritual de los siervos de Allah.

 El que encontrare a este hombre, habrá encontrado a su médico: obedézcale en todo, pues él curará su enfermedad y le salvará de la muerte a que está expuesto, Insha Allah.»